Yo no olvido al año viejo. 5 películas que nos dejó el 2015 (y una mención especial)

Escribo estas palabras durante la noche de Epifanía. Eso del roscón y el chocolate se me antoja ajeno e invasivo. Hispanizante. Por eso he decidido ver hacia atrás. Echar un vistazo al año que termina y reencontrarme con viejos conocidos, con las caras que poblaron mis desvelos y me arrancaron un susto o alguna exclamación de asombro. Las situaciones que me mantuvieron al borde del asiento o las manos aferradas a las sábanas. Revivirlas una a una y escoger las más queridas, las que dejaron una dulce cicatriz. Así que me aventuro a una lista de películas que destila todo lo que vi durante el pasado año. No puedo decir que son las mejores, pero sí las que me dejaron mejores recuerdos. Tampoco puedo garantizar que las escogidas se hayan estrenado durante ese año, ya que a los cines comerciales es tan poco lo que llega y tan variado lo que se produce, que procuré seleccionar películas que por lo menos se hayan editado al mercado casero durante ese período. Sobre lo que sí hay consenso unánime es sobre el género. Todas representan diferentes facetas del cine de terror actual. Si tuviera que defender mi predilección por el género,tendría que rastrear sus orígenes en la literatura fantástica. Lo fantástico para Roger Callois es una ruptura del orden conocido, [una] irrupción de lo inadmisible en el seno de la inalterable legalidad cotidiana. Si el universo fantástico se forma a partir de una presencia real metamorfoseada hasta convertirse en algo inquietante y confuso, nada mejor que el cine para mostrar esa ambigüedad y esa frontera incierta e impalpable entro lo real y lo imaginario. Desde sus comienzos, el cine y la experimentación técnica encontró en el terror y lo fantástico materia para poblar sus creaciones. Baste como ejemplo el trabajo de Meliès y del expresionismo alemán. Participa en ello lo que Akira Kurosawa llamaba belleza cinemática:

Solo puede ser expresada en una película y debe estar presente en toda aquella película que aspire elevarse a un trabajo conmovedor. Cuando se expresa muy bien, uno experimenta una emoción particularmente profunda mientras procede a su visionado. Creo que es esta la cualidad que lleva a la gente a ver una película, y es la esperanza de poder alcanzar esta cualidad precisamente, la que empuja al cineasta a rodar su película en primer lugar.

Porque justamente el terror que persigue el género, es producto de los recursos meramente cinematográficos, donde ya no es ancilar de cada uno de sus elementos individuales sino a la suma de ellos. Y es que el arte de narrar es el arte de la postergación: los grandes maestros, de Eisenstein a Hitchcock, de Lang a Kubrick, son maestro de la postergación, del suspenso. Es una lástima dejar a un lado thrillers impecables como The Gift o la española Musarañas (que tiene escenas gore bien logradas); o el western Bone Tomahawk (que deriva en horror caníbal) pero como toda lista, tiene que ser ceñida y aspirar concisión. Hago un paso a un lado y los dejo con el terror. La emoción más antigua y más fuerte del hombre en palabras de Lovecraft. No un miedo físico ni un horror mundano, continúa. Un terror cósmico…, ingrediente del más antiguo folklore en todas las razas, cristalizado en las más viejas baladas, crónicas y textos sagrados.


It Follows, 2014. David Robert Mitchell. EEUU

Quizá el único film que no podría faltar y que no representa ninguna sorpresa es It Follows. Ganadora de varios premios y de muchas críticas elogiosas, sin dudas es la propuesta más original y refrescante del conjunto. Una adolescente, después de un extraño encuentro sexual, empieza a notar que algo la persigue y atenta contra su vida. Puede tomar diferentes apariencias, hasta de seres queridos. Y aunque va muy lento, no se detiene. Solo puede ir hacia adelante en huida perenne. O contagiar a otra persona a través del sexo. Pero si el contagiado muere, volverá a buscarte. Freud en su célebre ensayo “Lo ominoso (Das Unheimliche)” habla de la angustia que se genera cuando lo que estando destinado a permanecer oculto y secreto, sale a la luz. Porque lo siniestro u ominoso se manifiesta cuando el terror aparece en medio de lo cotidiano. La belleza cinemática de la que hablamos antes, en esta película deriva del extrañamiento de lo doméstico. El gran logro de It Follows es que nos haga mirar de reojo sobre nuestro hombro, vigilar cada esquina, desconfiar de las caras conocidas. No puede ser más perturbadora la combinación de largos travellings de cámara (avant, retro, de rotación) y la aparición demorada e indetenible del perseguidor. Todo ambientado con una banda sonora sobresaliente de Disasterpeace que homenajea y actualiza las mejores melodías de John Carpenter o Goblin o Tangerine Dream e incrementa exponencialmente el sentimiento de zozobra. Y es que toda la películas se inspira el cine de género de los 70 y 80, como se puede ver en la paleta de colores u obvias reminiscencias a The Shinning o The Changeling o Halloween. Pero sus referencias están bien masticadas y digeridas. Si se me permite aventurar una interpretación, me fascina la idea de entender a la entidad que sigue como una venérea alegoría de la adultez y de la responsabilidad que deviene de la actividad sexual, que se contagia como una ETS. Porque It follows es una película adolescente, donde los padres y demás adultos son imprecisos y neblinosos. Solo adquieren corporeidad mediante lo monstruoso. Quizá se le podría criticar alguna escena en una piscina que no tiene la fuerza del resto y el tibio final (entibiado por la escena antes mencionada). En definitiva, David Robert Mitchell logra construir un clásico instantáneo del cine de terror.


Last Shift, 2014. Anthony DiBlasi. EEUU

Sin dudas, Last Shift fue la película de terror que más disfruté en el 2015 por varios motivos. Primero porque fue una sorpresa. No era una película a la que le tuviera expectativas. Tampoco lo que pude investigar hablaba superlativamente de ella. La vi porque su director había hecho Dread y la recordaba con agrado. Segundo porque combina con solvencia varios elementos difíciles de conciliar para un resultado exitoso. Cada una de las escenas de Last Shift trata de utilizar todos los trucos del manual para generar miedo. Y lo logra. Con una anécdota mínima logra hacer un amalgama entre el terror ominoso, el cine de apariciones fantasmales y los elementos psicológicos. Una policía novata tiene que pasar la noche en una comisaría recién abandonada recibe una llamada telefónica desesperada y empiezan a ocurrir extraños sucesos inexplicables. Este es el ambiente ideal para que se desarrollen y se crucen diferentes temas a lo largo del metraje: la relación padre e hija, el llamado del deber y la historia de una secta al estilo Charles Manson. Y es que la dirección de DiBlasi, con ritmo sólido, nos lleva a través de ese recinto cerrado, por esos pasillos infinitos y laberínticos para confundirnos sin poder adivinar lo que nos espera a medida que avanzamos. Solo hubiera agradecido un poco de parquedad en el uso de los fluidos corporales. Otra vez el espíritu de Carpenter está presente en esta versión alucinada y fantasmal de Assault on Precinct 13 pero transfigurada y proliferante. Last Shift comparte con Demonic (otro film del pasado año que disfruté y que lamentablemente no quedó en las seleccionadas) un manejo diligente del suspenso y un desenlace que, sin ser revolucionario, no vemos venir fácilmente.


Hidden, 2015. The Duffer Brothers. EEUU

Una familia confinada en un refugio subterráneo ve como sus provisiones se van agotando con la restringida posibilidad de salir ante el acecho inmanente de los breathers, los respiradores. Esta pudiera ser sinopsis de cualquier película apocalíptica genérica. Sin embargo, Hidden logra transformar cualquier suspicacia inicial que podamos tener. Sin mayores complicaciones técnicas, con iluminación mínima y una locación reducida, los directores logran transmitir la sensación de asedio y de reclusión. Y conmovernos. Porque esta es la mejor actuada de la lista y los tres únicos personajes son magníficos. Sobre todo la niña, Emily Alyn Lind, que le auguramos un futuro prometedor. El año pasado logré ver otra película postapocalíptica excelente, Extinction. No obstante, me decanté por Hidden porque su resolución nos trae una vuelta de tuerca que reconfigura toda película y la transforma en otra mucho más fantástica.


The Hallow, 2015. Corin Hardy. Irlanda

Irlanda es tierra de leyendas. Un lugar donde la magia es real y está íntimamente ligada con un pasado ancestral. Y justo ese el tema de The Hallow. Un especialista botánico debe hacer algunos estudios en un bosque milenario y los vecinos no están muy contentos. Su esposa y su hijo de pocos meses lo acompaña. El hombre descubre una variedad de hongo que puede hacer esclavos a su huésped. Pero pronto cualquier explicación científica quedará corta ante los acontecimientos que se avecinan. The Hallow puede leerse como una metáfora de la lucha del hombre contra la naturaleza. O de la ciencia contra la magia. La preferí a otra películas europeas como Ich seh, ich seh (Goodnight mommy) porque siempre ha captado mi atención la mitología céltica y los seres feéricos. De A Midsummer Night’s Dream a The Wicked Man. De las hadas y elfos a los changelings. Si bien no tiene grandes peripecias argumentales, su gran atractivo es la parte técnica ya que las criaturas de inspiración arbórea e insectoide son sobresalientes. Alguna vez espero envalentonarme e intentar una lista de terror vegetal. Seguramente esta película figurará.


Fak wai nai gai thoe (The Swimmers), 2014. Sophon Sakdaphisit. Tailandia

Nunca he ocultado mi gusto por el cine de terror tailandés. Al contrario. Mucho más modesto que su contraparte japonesa, sin abandonar los tópicos orientales, ha podido experimentar con temas y situaciones menos comunes. Y The Swimmers es un claro ejemplo. El suicidio de una jovencita nos revela un pasado triángulo amoroso que involucra a dos nadadores de alta competencia. Mientras que uno planea una venganza el otro es asolado por presencias perturbadoras. Abundan los lugares comunes del cine de terror asiático como los yūrei desfigurados y pelilargos y la somatización de la culpa. Sin embargo, en vez de proponer una solución racional para luego deslizar una sobrenatural, aquí se opera al contrario. Se construye en base a un misterio que se va develando a cuentagotas que la emparenta más con el género policial y el drama. Consideré incluir la japonesa Kawaki (The World of Kanako) pero su desarrollo caótico y extenuante hizo que me decidiera por tailandesa. Su simpleza es compensada por unas tomas acuáticas interesantes y un lento proceso de resolución, que va concentrándose hasta explotar en los últimos minutos. Su final ambiguo y poco ejemplar, que genera muchos detractores, me parece su más grande fortaleza: no hay una moralidad liberadora y justiciera.


Mención especial: What We Do in the Shadows, 2014. Taika Waititi. Nueva Zelanda

En el 2015, Nueva Zelanda me trajo excelentes películas de terror en clave de comedia como Housebound y Deathgasm (que ya rescatábamos en otra lista). Pero resalta sobre estas What We Do in the Shadows, lo suficiente para considerarla para una mención especial. Y no entra en las 5 principales simplemente porque se inclina más hacia el humor. What We Do In The Shadows es desopilante. Pero sin traicionar ninguno de los códigos del género que la atraviesa y la permea. Se trata de un falso documental que intenta retratar la vida diaria de unos vampiros de viven en la capital de Nueva Zelanda. A través de entrevistas, fotomontajes y filmaciones cámara en mano conocemos a cada uno de los vampiros con sus diferentes personalidades y formas de interrelacionarse entre sí y con el mundo exterior. Porque esclavizan y se alimentan de humanos, pelean con los hombres lobos y tienen fiestas con zombis. El humor aparece a través del anacronismo ya que cada uno de los personajes proviene de una época diferente y posee una conducta tipificada. Y no muestra ningún remilgo en mostrar los rastros de una comida o una muerte. Extrañamente su director trabaja en la nueva entrega de Thor: Ragnarok. Se me quedan en el tintero otra comedia de terror, The Final Girls que a por medio de un metadiscurso fílmico, parodia y homenajea el slasher ochentero; y otros mockumentaries: Digging Up The Marrow, del siempre solvente Adam Green y la divertidísima The Visit, buen retorno de M. Night Shyamalan. What We Do In The Shadow es una película que a primera vista pudiera parecer naif pero que, gracias a una puesta en escena respetuosa sin llegar nunca a la caricatura ni al remedo, tiene una gran profundidad conceptual.