El día más feliz

Llegué cansado al hotel pero con una sonrisa gigante en la cara. El cansancio se debía a haber pedaleado más de 20 kilómetros. No fue tanto la distancia, sino las condiciones, un sol intenso y temperatura de más de 35ºC. Me tomé una cerveza fría Anchor, recién servida. Ahí me di cuenta que fue el día más feliz.

No sé si el más de mi vida o de lo que llevo viajando, cuando tomé un avión el 24 de diciembre de 2015 en Bogotá rumbo a Madrid. Pero fue un día memorable. Muchas emociones positivas, asombro tras asombro. Fue el día que conocí el monumento religioso más grande del mundo, los templos de Angkor.

Ese lunes 2 de mayo, quedará como la madrugada donde me reconocí como un pájaro mañanero o como dicen los gringos un early bird. No importó que me hubiera acostado a las 11:30 pm, a las 4:00 am ya estaba despierto. Salí en la bici y vi a viejitos trotando en el bulevar del río Siem Reap. Ellos son de los míos. Muy acertadamente Nicolás me descifró como Juan David el costumbrista, el habitual.

Quienes me conocen, saben que soy una persona que le gusta construir hábitos. Ya sea por salud, como por ejemplo no tomar gaseosa o retos extraños que me impongo, como aprender a escribir con la mano izquierda. Cuando estoy en una ciudad nueva, más ahora que me encuentro en un viaje continuo, me gusta levantarme temprano y salir a trotar para conocer el lugar al amanecer. Y así inició ese día, pedaleando para ver cómo se levantaba el sol detrás de Angkor Wat.

Foto de Kushch Dmitry.

Una experiencia memorable, no le puede faltar un tropiezo y ese fue no haber reconfirmado dónde vendían las boletas. Debíamos desviarnos a la derecha para ir al lugar donde las venden. Ver el amanecer se vio en peligro. Pero una moto y 5 dólares nos salvaron de haber pedaleado a toda velocidad 3 kilómetros que implicaba el desvío.

Ya con la boleta en la mano, tras desembolsillar 20 dólares, quizá los mejores gastados en una atracción turística. La verdad son muchísimos lugares para ver sólo en un día, pues es tal el tamaño que venden entradas para tres y siete días. Volvimos a las bicis y pedaleamos con intensidad para ver salir el sol. Misión cumplida:

Fue difícil encontrar un espacio entre tanta gente.

Después lo que vino fueron expresiones de sorpresa de forma incesante. Entrar al templo fue sobrecogedor. Son templos de más de 1000 años. Es una experiencia masiva y de masas, pues no éramos los únicos caminando para ver las famosas torres que adornan la bandera de Camboya. Que no son tres, sino en total cinco, pues las dos laterales frontales cubren a las dos de atrás.

Allí me senté a dibujar, en este viaje tomo menos fotos y dibujo más. He procurado pintar con mis precarias habilidades de dibujante lo que veo. No lo hago para verme más hipster, ya con la barba y gafas tengo suficiente, sino porque sigo el consejo de Alain de Botton, en su libro The Art of Travel, muy recomendado por cierto. Para disfrutar mejor un viaje, hay que parar, sentarse, observar y encontrar un detalle; después plasmar en papel cómo se sintió en ese instante.

Muchos preferían ver ese impresionante panorama en baja resolución a través de sus smartphones y cámaras. Tomaban la foto como si ya quedaran todos los detalles registrados. Si quieren fotos de los templos, ya han ido miles de fotógrafos, con mejores cámaras y más talento para capturar el mejor ángulo. Por eso no los aburriré con lo deficientes que son las mías, pueden disfrutar (si es que esto les puede generar algo de placer), mis escuetos bocetos:

Mi interpretación de Angkor Wat por fuera y desde adentro. [2MAY — 6:13 am y 6:42 am]
Había un punto que la mano sudaba y el cansancio hacía que el boceto fuera más rápido.

Tras ver el templo más famoso, vinieron otros que no son tan mencionados, pero son igual de increíbles. De hecho, Angkor Wat no fue mi favorito. El que más me gustó fue Baphuon. Imponente. Hay información más completa sobre todos los templos aquí.

De los datos que había leído antes y que me siguen fascinando: ¿Cómo lograron construir un complejo como Angkor Wat en menos de 37 años? Tengo más preguntas que respuestas. Quien construyó el templo fue el rey Suryavarman II para legitimar su reinado, pues asesinó al rey anterior, así que aceleró lo que más pudo la construcción. ¿De qué manera desaparecieron? Los Khmer se fueron de allí porque su sistema de riego, a pesar de ser tan sofisticado para la época, no pudo con la fuerza de la naturaleza y una sequía hizo que migraran.

El momento divertido del día fue jugar y alimentar a los monos. Al lado de la carretera venden fruta, con ésta se atrae y mi nuevo amigo me dio el honor de sacarme una selfie:

Fue un día único, me di cuenta que las mejores cosas pasan fuera de la zona de confort. Hace cuatro meses no me imaginaba que algo tan mágico podía estar a mi alcance. Aunque no fue gratis, pues hubo mucho trabajo detrás, éste día se dio después de varias horas cumpliendo metas. Además de tomar decisiones que costaron lágrimas. Mi estadía en Siem Reap significó llegar a la cúspide -hasta el momento- de confirmar lo que es ser nómada digital, en un lugar que antes había visto en películas. Vivo en el viaje y trabajo en mi vida, como perfectamente describió mi querido amigo Julián.

Seguiré atesorando esas experiencias. Ese lunes en el Parque Arqueológico de Angkor, gané millones en memorias. Esas que nunca se devalúan.


Estadía en Siem Reap: 21ABR-03MAY [12 noches]