Los consejos paternos

Me impresionó JOH cuando me dijo, en una reunión que mantuvimos entre él y el Consejo Editorial de Canal 10 del cual soy miembro: “Mi papá me enseñó que para pelear se necesitan dos. Y yo no le contestaré ninguno de sus ataques”, concluyó. Me di cuenta que, un político que mantiene los nervios en su lugar, que no se mortifica hasta el descontrol ante la crítica de sus adversarios; o de los analistas, era una personalidad que debía tomar en cuenta. Incluso cuando la conversación se prolongó más de la cuenta, le dije a Rodrigo Wong que levantara la sesión. Porque podría convencerme. Aunque el asunto derivó a una broma, me impresionó la disposición de JOH para discutir cualquier asunto, sin perder la compostura y sin abandonar la sindéresis que, le corresponde a las altas posiciones que le ha tocado desempeñar.

Sin embargo, el ejercicio del poder es desgastante y en algunos casos, incluso provoca enfermedades. Y una que otra dificultad a quienes lo ejercen. Por supuesto, son más afectados, los que se toman más en serio, los que se consideran proyectos de estatuas; o, se creen próceres en camino de consagración dentro de las páginas de la historia. Suazo Córdova entró a la Presidencia, llegó dañado por sus visiones rurales. El poder como el alcohol, en quienes sufren esta enfermedad, destruye los controles emocionales. Y muestran, lo que son realmente permitiendo los desbordes de las represiones. Pero el primero que vi afectado por el síndrome del tercer año –porque se nota más cuando el gobernante pasa el Rubicón de los dos años, y se encamina hacia el final de su mandato– fue el presidente Azcona. Había sido desde el principio muy espontáneo y poco diplomático, al momento de ofrecer sus opiniones. Pero donde lo vimos, precipitarse en su dolorosa caída, fue cuando se obstinó en negar todo lo que todos estábamos viendo: que había una crisis económica, que gastábamos más que lo que ganábamos, que los precios eran mentirosos y que las medidas para calmar las cosas, lo único que favorecían, era al enriquecimiento de unos pocos, que se aprovechaban de sus influencias para intercambiar los distintos instrumentos cambiarios que se inventaron entonces, especialmente los Cetras. Callejas también tuvo su mal tercer año, especialmente cuando se mostró poco favorable a la candidatura de Ramos Soto y este empezó a cuestionar la honestidad de su desempeño, en forma casi pública. Reina Idiáquez, fue desdeñoso y presuntuoso en su tercer año. Incluso, se tomó la libertad para mostrarse intransigente y cínico, algunas veces, al referirse a los demás.

Flores, en cambio, sufrió poco los efectos del síndrome del tercer año. Empezó a manejar el carro presidencial y, fuera de su intención por redactar los titulares de los periódicos de la oposición, se mantuvo discreto y educado. Siempre fue diplomático e incluso fue no pocas veces silencioso. Porque siempre trató de no enfrentarse con nadie. Es posiblemente, aunque se diga lo contrario, el menos pendenciero, incluso cuando se enfrentó con Pineda Ponce por el control del presupuesto. Maduro y Lobo, fueron muy comedidos. El primero solo lo turbaron las hormonas sexuales. En tanto que el segundo, solo lo incomodó la lentitud de la burocracia y el obligado silencio que guardó frente a los actos de corrupción de algunos de sus subordinados.

Ahora, el turno le corresponde a JOH. He empezado a notarle, discretamente, un aire pendenciero con los empresarios, cierta desesperación –natural por lo demás– porque no ha logrado todo lo que creía que podía conseguir en sus dos primeros años. Ha perdido cintura en las negociaciones con la oposición, aunque el diálogo que ha iniciado con los partidos, (que no representan realmente a nadie, fuera del día de las elecciones), puede permitirle algunas salidas que no siempre pueden ser felices, porque los políticos andan en lo suyo. Y les interesa –con las excepciones normales– lo particular, negándoles atención a los retos que agobian al país e intranquilizan a las mayorías. Me ha preocupado, el aire pendenciero, que no le había notado antes, buscando camorra con Elvin Santos, una vez que éste, dijera que quería ser candidato presidencial. De repente, está olvidando el consejo de su señor padre, el coronel Juan Hernández.