Problema de los Estados Unidos
Todos los pueblos son violentos. Están integrados por seres humanos que por naturaleza, lo son. La diferencia es que, hay algunos países violentos, que son más violentos que otros. Lo ocurrido en Dallas –en donde un francotirador hirió de muerte al presidente Kennedy– acaba de ocurrir en una confrontación entre negros y la policía que, incluso ha acortado la visita que el Presidente Obama realizaba a España. Sus primeras declaraciones, al conocer el acontecimiento en donde la policía mató a un ciudadano negro y un francotirador terminó con la vida de cinco policías, antes que el mismo fuese aniquilado por medio de un robot con una bomba adjunta, son dignas de tomar en consideración. Dijo Obama: “Este no es un problema racial; este es un problema estadounidense”. Por supuesto que tiene como su base, la incapacidad de resolver, de una vez para siempre, la situación de la población negra de los Estados Unidos con la autoridad en general y, especialmente con la policía que según se nota en los videos, está integrada mayoritariamente por blancos. Con lo que, como debe hablar un estadista, invita a la reflexión, al estudio del problema y a la búsqueda de soluciones. Sin trampas maniqueas, desde una perspectiva global. Para seguir intentando, un mundo más pacífico y tolerante, en donde todos, bajo el imperio de la ley, reciban el respeto merecido por parte de la autoridad.
Hay muchas cosas que no conocemos de los Estados Unidos. La facilidad para la obtención de armas de fuego, se ve desde aquí, como si fuera una expresión del lucro capitalista que está dispuesto a vender lo que sea, con tal de lograr beneficios. Y eso es solo parcialmente cierto. Pero la base de la justificación para que todo ciudadano — respaldado por la Constitución– tenga armas en casa y las pueda llegar a usar, fuera de las actividades deportivas, es para defenderse del gobierno. Es decir que, en esa cultura, hay un claro deslinde entre los derechos del ciudadano y los límites hasta donde puede llegar el gobierno por medio de sus órganos represivos. Si se pasa esa línea, el ciudadano tiene derecho a levantar el arma. Y luchar en contra de la autoridad. En la Constitución de 1982 e igual en las de 1957 y 1965, se incluyó el derecho de rebelión del pueblo ante un gobierno tiránico, agregando además que para el ejercicio de tal violencia, se constituyen las Fuerzas Armadas garantes de la constitucionalidad. La diferencia conceptual, es que en Estados Unidos, priva la supremacía de la acción individual que, en algún momento, como el que lamentamos, se expresa en una revuelta en la que los agredidos se lanzan contra la policía y uno de ellos, exsoldado, experto francotirador, abate a cinco policías antes de caer muerto por la reacción de la institución atacada. Que por medio de su jefe además, la justifica y celebra.
Algunos creen que el problema son las armas, especialmente la facilidad con que se pueden adquirir. Sin embargo, la explicación no es suficiente. Más bien, conviene recorrer el contenido del cuerpo social de los Estados Unidos –una vez leída su historia, con seriedad– para identificar las grietas y contradicciones entre “razas” y grupos nacionales que viven en su interior. Por supuesto, sin pasar por alto los esfuerzos que se han hecho en el caso particular de las relaciones entre blancos y negros, por Lincoln –que de alguna manera le costaron la vida– de Kennedy y Johnson. Y fundamentalmente Martin Luther King. Para concluir que, pese a los indudables avances que esa sociedad ha experimentado, desde sus orígenes en que fue una nación de propietarios blancos que no consideraba iguales a los negros, hasta el hecho de elegir a un negro –mestizo diríamos nosotros menos clasificatorios– como titular del Ejecutivo, todavía subsisten resentimientos, sensibilidades e incluso rudezas que producen acontecimientos como el de Dallas. En donde queda claro que los negros son estadounidenses en la medida en que se enfrentan a la autoridad y racialmente se sienten agredidos, cuando una policía integrada por blancos, mata a uno de los suyos.
Las minorías de USA, resienten de la rudeza y el racismo –incluido el que se les da a los latinos– de la policía, que debe disminuir, para evitar dolorosos acontecimientos como el de Dallas. Y la prédica de Trump. Por aquí, hay que empezar. No celebrando la fuerza, que estimula la protesta ciudadana negra.