Sueños
- Anoche tuve un sueño especialmente extraño. Soñé que con mi madre volvíamos a la casa en la que vivimos al llegar a Temuco, cuando tenía 5 o 6 años. No era igual: estaba remodelada por dentro, tenía amplios espacios, un dormitorio rico reservado para mí y unos pasillos en los que fácilmente podías perderte. Todo prometía ir bien de ahora en adelante. Estaba a punto de llamar a un amigo para decirle que ahora seríamos muy vecinos cuando algo pasa: un vacío, una rabia, un cambio de temperatura emocional de los que sólo pueden entenderse en sueños y cuesta llevar a palabras en el mundo real, que me hacía terminar golpeando las paredes y maldiciendo con tristeza el siempre volver al punto de origen, la incapacidad de avanzar, algo así como la nostalgia del futuro. Desperté tan agitado que no pude seguir durmiendo. Tuve que salir a caminar a una hora en que nadie anda por un barrio que de día y de noche suele tener movimiento incesante, la única hora en que se calma, la hora de uno que otro borracho trastocado o alguna nana explotada. Un barrio que no tiene nada que ver con el de esa casa en las que en ese entonces eran las afueras de Temuco, una ciudad que creció en tamaño pero no me dejó crecer a mí.
- Vengo llegando de ver una película taiwanesa llamada Yi Yi, que (spoiler, pero ni tanto) parte con un matrimonio y termina con un funeral. Entre medio pasa todo lo que puede pasar en la vida de una familia. Familia, ese concepto que suena tan ajeno cuando pasas tus días y tus noches encerrado en un departamento de un ambiente comunicándote con la gente vía redes sociales. Un niño con vocación de fotógrafo/cineasta/contador de historias al que su papá lleva al McDonalds intentando comunicarse con él, y ve a su abuela agonizar en la cama con terror a conversarle, por no saber qué decirle, porque qué le va a decir un niño a una abuela que quizás ya lo aprendió todo y por eso se tiene que ir. Un niño cuyo profesor se burla de sus “fotos artísticas” que no muestran nada especial, que le saca fotos a las nucas de las personas luego de que su papá lo reta por mirar de frente a una mujer acongojada porque “quería ver qué le pasaba / si la miro de atrás no puedo saberlo / tengo que mirarla de frente” y después le regala esas fotos a los fotografiados “para ayudarlos / porque tú no te puedes ver desde atrás / pero yo a ti sí”.
- Llevo meses, años preguntándome qué quieren decir los sueños de nosotros mismos. Si acaso son nuestras versiones en otro de los miles de multiversos que existen, si son expresión de nuestros deseos frustrados, si son aspirinas que nos da el inconsciente para sentirnos mejor. Por qué para hablar de metas o cosas que nos gustaría hacer ocupamos la palabra “sueños”. Por qué cuando estamos cansados y necesitamos parar toda esta máquina y desvanecernos por un rato decimos “tengo sueño”. Como si el sueño fuera el otro lado, esa nuca que no podemos ver por más que nos retorzamos frente al espejo, esa nuca que un peluquero nos muestra con un espejo adicional para que le digamos que nos gustó el corte, porque ahí está, porque eres tú que no te ves, porque miras tan hacia adelante que se te olvida que tienes reverso y lo quieres dejar atrás porque la idea es avanzar, no retroceder. Pero ahí está, aunque ni tú ni los demás te puedan leer desde ahí.