Jazz Vilá

El alter ego de Farándula

Jazz Vilá es un creador que hace que ardamos por dentro. Nos conecta con nuestros ángeles y demonios, nos hace reflexionar y reír también, pues a través de la comedia ha sabido encausar esa especie de alter ego que convierte en personajes.

Así está ocurriendo con Farándula, su más reciente obra teatral, que ha roto récords de audiencias en la Sala Teatro Adolfo Llauradó. Esta entrevista intenta ahondar más sobre esta puesta en escena que ha hecho que el público se identifique y vea reflejado en cada personaje, que salta de la realidad para conmover.

¿Está farándula inspirada en hechos reales?

En gran parte sí, fueron vivencias mías, de dolores personales, alegrías y sobretodo ese enorme sentido que tiene para mí la amistad en esos momentos difíciles.

¿Por qué nombró la obra de esta manera?

La obra se nombra Farándula por un juego de la palabra que yo sabía que iba a generar un gancho comercial, por lo controversial que puede resultar ese nombre para una compañía de teatro, pero al mismo tiempo es un juego con esa gente que puede ser muy puritana y criticar o condenar la obra, simplemente por el nombre sin haberla visto o sin saber qué significa la palabra, porque en su etimología Farándula quiere decir: grupo de actores cómicos que hacen comedia, o sea estamos hablando de esos juglares del medioevo que hacían este juego de ir de pueblo en pueblo llevando el arte de la comedia. ¿Y que es Jazz Vila Projects, sino un grupo de jóvenes actores que llevan esta comedia a los espectadores?

¿Cómo lograron conectar la psicología de cada personaje para lograr una sola historia?

Evidentemente ese es un juego que ya yo vengo haciendo y es parte de mi dramaturgia. Esta obra es heredera en ese sentido de Rascacielos, una obra también en la que los personajes se entrelazaban y tenían bien claro cuál era su objetivo en la obra. En este sentido cada personaje tiene una psicología muy clara, para que los espectadores entiendan bien de lo que se trata la obra, que no es más que de la incomunicación en distintas facetas, ya sea familiares, amorosas o laborales.

¿Hasta qué punto hay una continuidad en la dramaturgia de los personajes de Rascacielos y Farándula?

No es una continuidad directa, pero sí, Farándula es una heredera directa de Rascacielos.

¿Por qué ha dado continuidad al mismo personaje Lorenzo en estas dos obras?

El personaje de Lorenzo es una especie de alter ego mío, un leitmotiv que utilizo, rescato de una obra y pasa a la otra como una especie de autor, a la vez director que forma parte de esas piezas, es un artista, en el caso de Rascacielos un pintor, en Farándula un fotógrafo. Siempre tiene diferentes cambios, pero igualmente es un artista, se llama Lorenzo, tiene una determinada orientación sexual. Pienso que más que la defensa de algo, es la reivindicación de este personaje como hilo conductor de la historia, así como yo formo parte del hilo conductor de esta compañía.

¿Con qué objetivo utiliza el monólogo en muchas de las escenas de la obra?

El monólogo es un momento donde el público está como espejo de esta situación. Como recurso dramatúrgico es una manera bien directa de hablarle, dialogar y conectar con él público. No olvidemos que es cuando el actor está más cercano a ese espectador, lo que a diferencia de otros monólogos, que pueden ser más discursivos en su esencia, aquí estamos entablando una cosa muy difícil, que es poner al espectador a decodificar lo que supuestamente dice esa otra persona con la que está hablando. No son monólogos donde el actor le esté hablando al público de una manera continuada, sino que en teoría es una conversación de ese actor con otro personaje que no se ve, un oficial de la policía en este caso, por lo tanto este cuerpo de la policía se termina convirtiendo en el público, que es quien se hace al mismo tiempo las preguntas que supuestamente escucha ese actor. Tiene un sentido dramatúrgico fuerte, que desde luego aporta a cómo el espectador interactúa inconscientemente con el actor.

¿Por qué seleccionó la comedia para contar cosas tan serias qué ahora mismo pueden estar viviendo muchos jóvenes en Cuba?

Precisamente porque yo viví algo muy triste y lo que me ayudó fueron mis amigos y el hecho de darme cuenta lo importante que es vivir y reír en la vida. Pienso que hay que abordar con alegría, entusiasmo y ánimo, muchísima risa y carcajada el dolor. Esta es la única manera de seguir adelante, porque con la sonrisa poco a poco el dolor se va borrando. Hay que tratar de llevarle a ese público y sobre todo a los jóvenes ese ánimo de que: todo puede ser complicado y difícil, pero que tenemos que seguir adelante. Es importante reír y distraerse, porque la vida es una y hay que vivirla lo más alegre posible. Esa energía es la que yo intento transmitir en la obra y es lo que yo pienso que la obra se convierta en un fenómeno de tal magnitud, que la gente simplemente sale con tal felicidad del teatro que quiere volver.

¿Cómo logras tanto realismo en tu obra dramática?

Porque no dejo de mirar a esa gente real, a esa gente de a pie que coge guagua o que cada día lucha. Yo lucho quizás en otra trinchera que es la del arte y por ello puedo manejar otras circunstancias, pero no me desconecto con la realidad de las personas, para darme cuenta de lo que el público necesita. La gente viene y disfruta las obras porque se siente conectada con ese realismo. Se sientes identificados, porque ese es el teatro: un espejo.

¿Qué tipo de música seleccionaron para la puesta en escena?

El tema principal es de Osmany Espinosa, se llama Farándula, es un tema cantado por Alex Duval, un cantante muy popular entre los jóvenes, porque además hay que utilizar un mecanismo para acercarlos. Además, Osmany hizo una letra que describe perfectamente la obra. Una banda sonora que está acompañada además de otras músicas incidentales que forman parte además de nuestra memoria como: «Ámame como soy».

¿Cómo seleccionaron además el vestuario de cada personaje?

Eso tiene que ver con los colores. Ha sido muy curioso, pues son colores que definen muy bien la psicología de los personajes, sus atmósferas y que para mí surgieron porque son los colores del cuadro de Mondrian: el blanco, el amarillo, el rojo y el azul. Sin embargo, hay personas que se me han acercado diciendo que había utilizado los colores para representar las deidades cubanas del panteón Yoruba o de los distintos elementos como agua o fuego, pero esto ha sido muy divertido, porque no era con este sentido. Es la manera en que el arte se deconstruye, pero yo sí quería una unidad gráfica con respecto al color.

¿Por qué has elegido a Camila Arteche como actriz protagónica de varias de tus obras teatrales?

Ella es fundadora desde el momento cero, una gran amiga, como mi hermana, pero además se mantiene en mi compañía, porque además de eso, es musa para mí. Yo creo a los personajes pensando en Camila. A veces me sorprende y yo transformo mi idea para que sea el personaje desde luego, porque ella es para mí una actriz maravillosa. Lo que me hace siempre tenerla en mi mente, en mis pensamientos y en mis personajes es la profesionalidad con que ella asume los retos del teatro, que es el medio más sacrificado al que un actor se enfrenta.

¿Cómo te has sentido con la aceptación de los jóvenes de esta obra?

Yo trabajo para los jóvenes. He trabajado mirando que desean ellos ver y qué tenemos que hacer por ellos en materia de teatro. Pienso que es importante salir a la calle y ver qué ellos quieren, uno no puede desconectarse y estar tan alejado de la realidad de los jóvenes. Es misión de los artistas cubanos dejar de hacer un teatro tan de élite, tan discursivo, sino fijarse un poco más en los jóvenes. Para mí ellos son el mayor premio que hay y por ellos he trabajado y seguiré trabajando.

¿Qué siente estar en cartelera un mes completo y que la sala de teatro siempre esté repleta?

Siento que el objetivo se cumplió, porque para eso trabajo y hago unas campañas que terminan agotándome, porque pienso que por el teatro hay que morir un poco y en ese sentido hay que dejar hasta la piel, porque además que se estén rompiendo los records históricos que tenía la sala Adolfo Llauradó en cuanto asistencia, impuestos por mí mismo hace 4 años con Rascacielos, yo pienso que este es el premio más grande que pueda tener. Realmente trabajo para eso, para que el público esté aquí y cada noche abarrote esta sala de teatro de martes a domingo, que parece pequeña, pero son 160 personas que se están congregando diariamente en cada función.

Escenas conmovedoras que han abarrotado el teatro Adolfo Lauradó por varias semanas. Foto de la autora.
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