El último hombre

Darren Aronofsky es de los pocos directores de los cuales puedo presumir haber visto todos sus largometrajes, y a la vez, aceptar que he disfrutado de cada uno de ellos y que los recomendaría en cualquier momento. Recuerdo haber observado Requiem For A Dream (2000) en el cine junto con dos amigos, sin ni si quiera haber cumplido 18 años, y quedar fuertemente impresionado por varios días. Tanto que fue el primer DVD que adquirí y el que inició esa pequeña colección en mi librero. Fuera de su particular estilo de edición, muy presente también desde Pi (1998), del cual me volví fanático automáticamente, el (terriblemente desgastado) OST de Clint Mansell y Kronos Quartet selló mi extremo gusto por ese filme.

Sin embargo, a pesar de que Requiem For A Dream es probablemente la producción más conocida de él, debo admitir que mi favorita es (y probablemente seguirá siendo) The Fountain (2006), dónde la banda sonora también corre por cuenta de los músicos antes mencionados (inclusive, con contribuciones de los excepcionales Mogwai), y el cual es un disco que he explotado sin merced cuando necesito de momentos de concentración. La trama principal, de un hombre tratando de curar a su esposa de cáncer, se desarrolla a través de 3 historias diferentes, las cuales se entrelazan poco a poco, pero no de la forma usual como lo hace, usando un muy burda comparación, Amores Perros (2000). En este caso, las historias están desfasadas por cientos de años y están unidas por elementos más simbólicos que reales, lo cual la vuelve también, hasta cierto punto, una película de ciencia ficción, pero sin llegar al extremo de Cloud Atlas (2004). Esto significa que, si se sobre-analiza y el contenido se toma de forma muy literal, pueden llegar a encontrarse agujeros en la trama y varias inconsistencias. Pero ciertamente, es una situación fácil de ignorar si uno se concentra en todos los demás componentes de la cinta. La omnipresente paleta de color amarillo, las (a veces no tan) sutiles metáforas que interpolan las historias, la destacada fotografía, el diseño de producción, los efectos especiales orgánicos que tardarán un rato en mostrar su obsolescencia; todo esto acompañado por un OST lleno de cuerdas, piano, y mucha pasión. A pesar de estas propiedades, y para mi gran pesar, es su película con peores críticas en RottenTomatoes y MetaCritic, lo cual me desconcierta en sobremanera.

Hace ya varios años, y en lo que probablemente fue mi último intento por amar a alguien, decidí mostrar está película para pretender canalizar ese sentimiento, el cuál estoy seguro, existe (idealizado) en el núcleo de la cinta, pero esta mimetizando entre varias capas de melancolía, tristeza y soledad. Esto me hace pensar que mi concepto de lo que es una película romántica, y probablemente de lo que representa el amor, se encuentra severamente distorsionado. No hay forma ortodoxa en la que algo cómo The Fountain pueda crear una sensación de bienestar o embelesamiento después de experimentarse, ya que la atmósfera general de la película no es particularmente alentadora. Describe una situación que se asemeja más a las repercusiones de un rompimiento, que al inicio o transcurso de una relación. Y sin embargo, estoy convencido que es el conjunto de los elementos del filme, lo que me hace sentir de esta extraña forma, cada vez que la recuerdo.

Hay una escena en particular, relacionada con la elaboración de un tatuaje, que me amarra la garganta cada que la veo, y la cual conecta definitivamente las 3 historias. Es un momento deprimente, tal vez rayando peligrosamente en el melodrama, pero cuando se muestra la conexión entre los relatos, se vuelve verdaderamente devastadora. Puede influir en mi percepción el hecho de que yo alguna vez, me realicé un tatuaje similar, aunque con locación y motivación distintas, pero a pesar de ello, no puedo evitar sentir empatía por la situación del protagonista. Así mismo, la canción de piano que acompaña los créditos finales (que son una fantástica alegoría al Big Bang), me ha perseguido constantemente desde que la escuché por primera vez.

Por lo tanto, he llegado a la conclusión de que, inconscientemente, mi intención era compartir algo muy personal, una película que saca uno de los lados más sensibles de mi, que atesoraba por no ser tan conocida cómo las demás películas de Aronofsky, que me había hecho sollozar, inclusive después de verla, simplemente al escuchar de nuevo el OST; y comunicarle sutilmente a esa persona: este soy yo, en mi estado más vulnerable, sincero y real, y es algo que muy pocas personas han visto en el transcurso de mi vida.

En retrospectiva, es curioso reparar en lo desorientada de mi acción, cuando realmente se necesitaba ser explicito, y describir con palabras lo que representaba para mi esta película, ese momento, ese ideal, justo como lo estoy haciendo ahora. Pero para este punto, ya es irrelevante, y ese cartucho se quema definitivamente, en el momento en el que plasmo todo esto fuera de mi mente. Y de repente, ya no tiene caso seguir guardándome lo mucho que me fascina esta película y el significado especial que siempre tendrá para mi.


All these years, all these memories, there was you. You pulled me through time.