Libertad y necesidad (II)

“Algunas posturas feministas pro-derechos de las prostitutas, al presentar la prostitución como mera “prestación de servicios sexuales a cambio de un precio”, se han negado de plano a un análisis crítico de la prostitución como institución patriarcal, asociada claramente en la actualidad a la mercantilización capitalista 3. Pero debido a un efecto de figura-fondo, al contrastarla con la GS, es ahora cuando se perciben mejor los problemas que implica esa concepción de la prostitución como mero “trabajo sexual”.

Defender los derechos de las prostitutas por parte de quienes no lo somos, no tiene por qué suponer necesariamente defender también sus intereses en tanto que tales. En alguna manifestación pro-derechos hemos oído a prostitutas corear “No te hagas pajas, que somos muy majas”. Ya sé que un eslogan de manifestación no es una ponencia, pero creo que éste es muy significativo y pone de manifiesto cómo pueden chocar las necesidades prácticas de las prostitutas con los intereses estratégicos del feminismo. Chocan porque el feminismo defiende una determinada concepción de la sexualidad contraria a la dominante. Y cualquier concepción feminista de la sexualidad incluye el autoerotismo y la masturbación como prácticas no ya legítimas, sino convenientes. Por desgracia, no parece ciencia ficción que en un futuro cercano, algunas mujeres o sus empresas explotadoras publiciten los servicios de gestación subrogada con un “líbrate de los engorros de un embarazo” (en línea con un terrible chiste publicado recientemente por El Roto sobre este tema).

Creo que no vale con repetir como un mantra que prostitución y GS “no son lo mismo” (y creo que es cierto que no lo son). Pero en contextos de feminización galopante de la pobreza global, es previsible que muchas mujeres necesitadas de medios para sostenerse a ellas mismas o a sus familias se plantearán el dilema de si ejercer la prostitución o alquilar su vientre. También es previsible que aparezca la figura de quien, teniendo un útero, prefiera alquilarlo a hacer otros trabajos remunerados aunque no sea en una situación de necesidad perentoria; al fin y al cabo, se trata de su cuerpo. Sabiendo que no todas las feministas diremos lo mismo (pues buenas somos) deberíamos esforzarnos por esbozar un discurso coherente. Eso permitirá un debate medianamente centrado entre nosotras. Aprovechemos esta ocasión para tenerlo, y no repitamos los errores del debate feminista sobre prostitución. O mejor: intentemos de nuevo ese debate, pero en condiciones, renunciando a la intransigencia del “conmigo o contra mí”. Somos muchas las que estamos hartas. Y además, creemos que hay que hacer política feminista.”

Teresa Maldonado, “Gestación subrogada, prostitución y coherencia discursiva” en Píkara Magazine, julio de 2017

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