promesas al señor Jesus

Jeremías Madrazo
Nov 5 · 3 min read

De adolescente pensaba que la droga le había traído más beneficios que desgracias a este mundo.

La imaginación, la expansión de la conciencia, arte sideral.

Me había olvidado que ese era un pensamiento recurrente mío entre los 16 y los 18 o 19 años.

Hace un mes me mudé a Buenos Aires. Vivo en un edificio de 14 pisos sobre Avenida Cabildo.

Hoy a la noche, después de cenar, baje a la calle a fumar. Había un chico al costado de la entrada fumando un porro. Me preguntó si quería. Le contesté que si y empezamos a charlar. Resultó ser un pibe que vive acá en este mismo edificio, en el 1º C me dijo.

Se llama Matias y le falta un diente. Tiene rasgos tanos. Un poco narigón, de ojos castaños y piel muy pálida.

Me contó que salió de la cárcel hace dos semanas. Empezó a tomar gilada a los trece años y nunca pudo parar. Se hizo amigo de un chico que aún vive en el sexto piso y que era medio transa. Vendían y tomaban.

Los negocios se complicaron pero la adicción fue exitosa.

Un fin de semana largo sus papás se fueron a Claroméco y les vendió todos los electrodomésticos de la casa para poder comprar.

Tiempo después vendió una computadora y sus zapatillas.

Entro a rehabilitación y conoció al señor Jesús, esas fueron las palabras que utilizó. Sonrió y me dijo -para el no hay una sola enfermedad que no se pueda curar, yo sigo fumando tabaco y faso pero bueno hago lo que puedo. Le prometí al barba que iba a dejarlo pero todavía no me sale.

Se lo prometí hace seis meses, cuando estuve cinco días sin dormir y terminé fajando a mi novia y a mi papá. A ella la deje mal. Sangraba mucho. Vino la yuta y me llevo.

Los primeros días adentro fueron duros. Apenas entré me dieron una faca y un poncho. Me dijeron que si no me animaba a pelear me iban a garchar entre todos.

Yo peleé y por suerte medio que tan zarpado no me fui. Solamente me cortaron acá, mirá, y me mostró una cicatriz en su brazo derecho.

Por buena conducta salí antes.

El sábado volvía de laburar y me encontré con Pablo el del sexto y terminamos tomando en su casa. Cinco horas después estaba en los bosques de Palermo vendiendo mi celular para comprar algunas bolsas.

Yo te juro que quiero dejar la droga loco, te juro. Ocho meses llegué a estar limpio. Ocho meses.

Terminó de decir eso y me pregunto si mañana iba a bajar a fumar a la misma hora. Que le gustaría tener alguien con quien hablar porque se siente solo y no sabe que hacer con su tiempo libre.

Luego se fue a dormir porque se tenía que levantar temprano a arreglar ascensores con su papá.

Yo prendi mi pucho y se largo a llover.

    Jeremías Madrazo

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    procrastino

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