Lo que se ha perdido… lo que podemos salvar.

Jerka Guerrero
Sep 3, 2018 · 2 min read

El Museo Nacional de Historia Natural fue fundado en 1818. Este año cumplió dos siglos, siendo una de las instituciones científicas más antiguas de Brasil. Guardaba una importante colección de bienes paleontológicos, arqueológicos, históricos y etnográficos. Albergando, por ejemplo, el fósil más antiguo de Homo Sapiens en América, la Luzia; así como la más importante colección de bienes egipcios y de arte clásico en América Latina.

El fuego se reportó pasadas las 7 pm. Los cuatro miembros de seguridad están ilesos. Sí, cuatro para tan grande museo. Algunos de los medios locales indican que este desastre es el resultado de una política pública que, en los últimos años, desatendió lo cultural, y que no comprende la dimensión que tiene la Cultura en el desarrollo del país.

La irremediable perdida que hoy vemos en el Museo es una tragedia que no solo golpea a Brasil sino también a nuestro continente y al mundo entero. Al fin y al cabo, lo perdido es parte componente de la historia del mundo en su conjunto. Pensar que algo semejante pudiera ocurrir en nuestro país es francamente aterrador y más aun con el importante y numerosísimo patrimonio cultural que tenemos.

Justamente hoy llegan noticias de Argentina, donde se planea convertir el Ministerio de Cultura en una Secretaría con todo lo que ello conlleva. No es un tema lejano a nuestra realidad, ya que, si hacemos memoria, durante las últimas elecciones generales, un candidato proponía la desaparición de nuestro Ministerio o su fusión con el de Turismo.

Duele ver el fuego consumiendo, en pocas horas, testimonios de millones de hombres, trabajo de miles de especialistas, recuerdos de cada uno de los visitantes.

Que lo que sucedido en Brasil nos sirva de aprendizaje de lo sensible que es nuestro patrimonio. Si no hay políticas claras que aseguren su preservación en condiciones óptimas, si no hay presupuesto que valore su importancia, ni especialistas verdaderamente capacitados, el fuego, las lluvias y los sismos serán nuestros peores enemigos y, una vez más, no bastará con simples medidas de prevención. Invirtamos en nuestra memoria.