Bitcoin, Terra Incognita. ¿Por qué?

¿Por qué se creó Bitcoin? ¿Por qué es importante?

“Todo el mundo sabe que Bitcoin se creó porque alguien quería hacerse rico rápidamente”. Opiniones similares, oídas a menudo, son resultado de la mala información que aparece en los medios, pues las noticias sobre vaivenes de la cotización dan titulares más jugosos y explosivos. Pero, aún siendo cierto que la especulación sobre el precio es responsable de gran parte del interés generado, la realidad del por qué de Bitcoin es totalmente diferente.


Una alternativa monetaria

En la primera línea del libro de registro de Bitcoin (si leíste ¿Cómo funciona Bitcoin? sabes que me refiero al primer bloque que se incorporó al Blockchain, conocido en inglés como Genesis Block), hay un texto codificado que dice: “The Times 03/Jan/2009 Chancellor on brink of second bailout for banks”. Es el titular publicado por el diario inglés The Times el 3 de enero de 2009.

Incluir ese texto en la fundación de Bitcoin es una prueba de fecha, tuvo que ser ese día o alguno posterior. Pero, además, el contenido está escogido muy a propósito: “al borde del segundo rescate financiero para los bancos” hace referencia a la crisis del sistema monetario/financiero que se desencadenó en 2008 afectando gravemente al mundo entero.

Muchos economistas, en línea con la teoría de la escuela austriaca sobre los ciclos económicos, establecen la causa de la crisis en la inyección artificial y excesiva de dinero en el mercado por parte de los gobiernos [NOTA 1]. En cualquier caso, aunque se prefiera señalar como causas a la avaricia o a la falta de regulación, no pueden negarse cuáles fueron las consecuencias de la crisis, o si se prefiere, cuáles fueron las medidas adoptadas por todos los gobiernos para combatirla: aumento del gasto público, aumento de impuestos y expansión de la oferta monetaria. Es decir, el fin de fiesta lo pagamos todos los ciudadanos en forma de deuda pública e inflación, y los políticos hablaron de planes de “rescate” de la banca, tratando de adornar el asunto con una connotación bienhechora.

Pero, ¿por qué esto tiene relación con Bitcoin? Precisamente porque Bitcoin trata de aportar una alternativa monetaria que ayude a prevenir las causas y evitar las consecuencias de crisis como la iniciada en 2008.

Bitcoin propone una forma de dinero cuya emisión de moneda está dictada por unas normas matemáticas fijas, conocidas de antemano por todos y no manipulables por nadie. Es una alternativa al sistema monetario actual, que no sólo otorga a la banca unos privilegios inconcebibles en otros sectores, sino que nos impone a todos un dinero emitido y controlado arbitrariamente por los estados.

Es opinión extendida que el sistema actual, controlado por el estado, es la única opción posible. Esta visión no es novedad, y pierde fuelle en cuanto pensamos cómo en el pasado se nos impusieron otras “únicas opciones posibles” (una única empresa estatal de aviones, una única empresa estatal de teléfonos, etc.) que hoy reconocemos como anacrónicas y risibles.

El control de la emisión de moneda es una herramienta compleja y poderosa. Dejarla en manos del gobierno de turno es mantenerse expuestos al capricho de sus necesidades políticas transitorias. La idea de que un pequeño grupo de estudiosos, alojados en los bancos centrales, puede ir resolviendo la pregunta de cuál es la cantidad de moneda que nos conviene a todos en todo momento, es una fantasía imposible de reconciliar con la realidad [NOTA 2]. Los episodios más recientes de hiperinflación creada por los gobiernos, en Argentina, Zimbabue o Venezuela, que pueden parecer anécdotas alejadas de nuestro día a día, son en realidad ejemplos de actualidad del tipo de catástrofes monetarias que el sistema vigente viene causando continuamente en el último siglo, también en países como Alemania, Rusia o China.

Algunos episodios de hiperinflación (extracto de tabla Hanke-Krus, fuente: Cato Institute)

Para resolver estos problemas, unos proponen aún más gobierno y más regulación. Otros proponen la vuelta al patrón oro, que requeriría convencer a los gobiernos de la conveniencia de ponerse a sí mismos un corsé disciplinado. Aún en el caso de que alguna de estas opciones fuera efectiva, sólo podrían aplicarse logrando un nuevo marco jurídico que sólo podría imponerse en el ámbito de alcance del poder de cada estado.

La alternativa de política monetaria que ofrece Bitcoin es de adopción totalmente voluntaria y está ya disponible en igualdad de condiciones para todas las personas del mundo que tengan acceso a internet.


Una afirmación moral

Los defensores de la planificación central monetaria actual suelen argumentar que una inflación moderada y controlada, como la que existe actualmente en muchos de los países más desarrollados, es beneficiosa. Esto podría bautizarse como teoría de “la puntita nada más”, y cabría preguntarse, beneficiosa ¿para quién? Desde luego no para una persona que decida ahorrar parte de sus ingresos.

Un sencillo cálculo permite ver que, aún en un contexto con una inflación fija de sólo el 3%, el valor (el poder adquisitivo) de nuestro dinero se reduce un 26% en 10 años, y un 45% en 20. Es decir, si una persona decide guardar 1000€ para el futuro de su hijo recién nacido, por ejemplo para ayudarle a ir a la universidad, el día que éste vaya a disfrutarlo, casi la mitad se habrá volatilizado.

Un dinero que se volatiliza con el tiempo no sólo es de mala calidad, sino que es una violación del “contrato” implícito de intercambio que supone el dinero [NOTA 3]. Este tipo de manipulación monetaria es, expresado finamente, un impuesto encubierto; dicho en modo políticamente incorrecto, el robo de dinero por el gobierno directamente del bolsillo del ciudadano. La manera de decirlo no cambia el fondo del asunto: la violación de un derecho fundamental como el derecho a la propiedad, imposible de desligar del derecho a la vida y la libertad [NOTA 4]. El asunto trasciende el terreno de lo que podía parecer meramente económico, para entrar de lleno en ámbitos morales y filosóficos.

En su obra Los enemigos del comercio, una historia moral de la propiedad, el jurista, filósofo y sociólogo Antonio Escohotado analiza numerosos ejemplos históricos, desde la antigua Grecia hasta nuestros días, de avances y retrocesos en el camino a la prosperidad y la civilización. Su investigación muestra cómo, invariablemente, independientemente de ideologías o religiones, aquellas sociedades que han permitido la iniciativa individual y el libre comercio, generalmente asociados al uso de dinero de calidad, han prosperado; aquellas sociedades que han adoptado formas más o menos encubiertas de esclavitud, han terminado produciendo miseria e indignidad [NOTA 5]. Escohotado concluye que la esclavitud, además de una inmoralidad abominable, es un muy mal negocio.

Hoy nos parece anacrónico y vergonzoso, pero la dura realidad es que la esclavitud fue legal en todos los países del mundo hasta bien entrado el siglo XIX. De forma análoga, en el fundamento de la propuesta de Bitcoin está una defensa radical de la libertad del individuo. Somos libres para vivir como queramos, respetando la libertad de los demás, somos libres para dedicarnos a lo que nos plazca, y tenemos derecho a usar la forma tecnológica de dinero que nos dé la gana para ser remunerados por ello. Si la forma de dinero que el estado nos obliga a usar actualmente permite una violación de nuestro derecho de propiedad sobre el fruto de nuestro trabajo, entonces es una violación de nuestra libertad. Y ante ella estamos legitimados a tomar la decisión, individual y voluntaria, no coactiva hacia los demás, de escoger otra forma de dinero que consideremos mejor.

Por añadidura, si esta nueva opción que ofrece Bitcoin se revela acertada, redundará en un beneficio para el conjunto de la sociedad, sin distinción de fronteras. El carácter abierto de Bitcoin, disponible universalmente para todos sin necesidad de pedir permiso, entronca con la premisa moral que dice: “no quiero nada para mí que no quiera también para los demás”. Se calcula que 1.000 millones de personas en el mundo no tienen acceso a un banco, son marginados del sistema financiero. Pero como sí tienen acceso a un teléfono móvil, pueden tener acceso a Bitcoin. De la misma forma que en lugares poco desarrollados se implantó directamente la moderna red de telefonía móvil, sin pasar por la telefonía fija, Bitcoin permite incorporar a esos 1.000 millones de marginados, facilitando mejores cauces para que el comercio libre genere creatividad y cooperación.

Bitcoin es disruptivo con el sistema actual, no sólo por su defensa de la libertad individual, sino también por su equidad moral, ya que permite a pobres y ricos de todos los países tener acceso directo a la misma moneda global descentralizada, justa y transparente, respaldada por una comunidad cooperativa y no por la fuerza coercitiva.

Para completar los argumentos de tipo filosófico y moral, y aunque su desarrollo excede el objetivo de este artículo (por lo que hablaremos de ello más detalladamente al responder a ¿Quién crea Bitcoin?), es preciso mencionar otro factor relevante al analizar los porqués de Bitcoin: el derecho a la privacidad como una forma particular de defensa de la libertad. La privacidad, que se define como el derecho a mostrar lo que yo quiera de mí mismo, choca con la tendencia actual a la vigilancia digital (recuérdese por ejemplo el reciente escándalo de venta de datos por parte de Facebook), que tiene uno de sus máximos exponentes en la progresiva eliminación del derecho a usar dinero en efectivo para nuestras compras: toda transacción es registrada por el sistema bancario actual y por lo tanto es potencialmente vigilada por el estado. Bitcoin reivindica la privacidad en nuestras transacciones económicas, aportando una línea de defensa en el ejercicio cotidiano de la libertad.

Resumen

La respuesta a por qué se crea Bitcoin termina inevitablemente fundiéndose con la respuesta a por qué es importante. Bitcoin se crea como una propuesta monetaria alternativa con notables ventajas, pero además supone una afirmación moral de defensa de la libertad, la privacidad y la igualdad de oportunidades.


[NOTA 1] Para una explicación detallada de la gran crisis desencadenada en 2008 recomiendo el documental “Fraude, por qué la gran recesión”. https://www.youtube.com/watch?v=etyhNBZ0D5M

[NOTA 2] La sociedad es un orden espontáneo del que participan millones de individuos, que intercambian enormes volúmenes de información, que además no es estática sino sujeta a cambio constante que la vuelve obsoleta rápidamente. Por ello el Teorema de Imposibilidad del Socialismo (entendido éste en modo laxo, como todo sistema organizado de agresión institucional contra la acción humana individual) postula que sustituir los numerosos planes individuales por un único plan general es inviable.

[NOTA 3] En último término el dinero no es más que un protocolo o contrato, que permite la reciprocidad diferida: yo entrego manzanas ahora, a cambio recibo un “vale” -el dinero- que me permitirá completar el trueque más tarde y conseguir, cuando salga del horno, el pan que quería a cambio de mis manzanas. Alterar el “vale” es violar el protocolo, romper las normas. Algo así como si un árbitro, tras el descanso de un partido, decidiera que los goles que se marquen en la segunda parte valen la mitad que los marcados en la primera.

[NOTA 4] Para intuir cómo derecho a la vida y derecho a la propiedad privada son indistinguibles, basta pensar que, si no puedo hacer mío al menos un poco de agua para beber cada día, moriré irremediablemente.

[NOTA 5] Los términos que utiliza Escohotado son Sociedad Comercial (el apogeo de la Atenas de Pericles, la Holanda del nacimiento de los burgos, la Inglaterra de la revolución industrial) versus sociedad Clerical-Militar (la sociedad cuartelera de Esparta, la Europa empobrecida de la edad media, la Rusia comunista).

Jesús Collado Andino

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Ingenier de Telecomunicaciones, Certified Bitcoin Professional, empresario, viajero, escritor, bailongo, filósofo escapado de la hoja excel.