Temas Reflexivos: Encuentros/Despedidas

Me parece increíblemente fascinante la rapidez y sencillez con la que alguien entra y sale de tu vida.

Hace 4 meses (!qué rápido pasa el tiempo!) realicé mi primer viaje de mochilazo. Primera vez que salía de mi país, primera vez que estaba tanto tiempo fuera de casa y primera vez que viajaba completamente sola. Mis únicos fieles acompañantes eran una mochila de 10 kilos y medio, mis inmensas ganas de ver el mundo y mi pésimo sentido de orientación.

Tengo que admitir que sufrí más de lo que disfruté. Fue un viaje muy difícil, física y emocionalmente hablando. Básicamente aprendí mucho de lo que no quiero en mi vida. Sin embargo, no cambiaría la experiencia por nada y sí, sí lo volvería a hacer y creo que eso es lo más importante.

En fin… si pudiera asignarle una palabra a ese viaje, seria reflexivo. Es por eso que a partir de este post, todos los recuerdos que llegue a plasmar acerca de ese viaje empezarán con el título Temas Reflexivos seguido del tema a recordar/analizar.

Así que empecemos a divagar…

Durante todo el mes y medio que duró mi aventura estaba en constante movimiento. Iba y venía de aeropuertos, aviones, hostales, transportes públicos, centros turísticos, ruinas arqueológicas, plazas, etc. y es obviamente lógico que en todos esos lugares tuve contacto con personas, a lo mejor ese contacto duraba unos cuantos minutos pero a veces duraba semanas o inclusive el mes y medio que estuve viajando; lo impresionante de todo esto es que sin importar cuánto tiempo haya durado nuestra convivencia, todas esas personas me enseñaron algo.

Cuando viajas pasa algo maravilloso, te conviertes en turista y al tú estar consciente de tal etiqueta empiezas a poner atención a los detalles, ya no solo ves, sino que observas y cada lugar que visitas, cada persona que conoces llega a tener un impacto en ti. Eso es algo que me costó mucho trabajo aceptar/superar en el viaje porque la mayoría de las veces, si no es que todas, yo no escogía la magnitud con la que las personas impactaban mi vida.

Es increíblemente loco la rapidez con la que te puedes llegar a acostumbrar a convivir con una persona y derrepente en un instante te tienes que despedir casi con la certeza de que jamás la volverás a ver. Jamás volverás a saber de su vida, cómo luce, escuchar su voz. Lo único que te va a quedar son los recuerdos guardados en tu memoria. Sí, vas a poder recordarlos y revivirlos en tu mente cada vez que quieras, pero con la triste sentencia de que cada vez que vuelvas a ese momento se te van a ir olvidando detalles, se va a ir perdiendo la claridad del recuerdo. La primera vez podrás recordar hasta la ropa que traía puesta, pero la segunda ya no podrás recordar el tono del color de sus ojos, en la tercera olvidarás cómo es que llegaron a tal lugar o cuál era su acento al hablar y así sucesivamente hasta llegar al punto en el que sustituirás ese recuerdo por uno mas reciente, quedándote con lo más simple de ese momento, lo conocí.

Llegué a esta conclusión durante el viaje, estaba en Villa Tunari-Bolivia. Me hospedaba en un hostal llamado El Mirador (¡súper recomendado! es el paraíso). Durante mi estancia llegué a conocer a una pareja de argentinos que se dedicaban a elaborar joyería y venderla para seguir viajando, su meta era Río de Janeiro-Brasil. Al día siguiente de haberlos conocido y haber charlado un poco con ellos me encuentro con la noticia que por la tarde tomarían un camión con destino a Santa Cruz-Bolivia. Al principio pensé “¡qué bien! seguirán con su aventura” pero cuando vi sus mochilas en recepción y ellos dando abrazos de despedida caí en cuenta que ya no los volvería a ver y no solo era cuestión de no verlos al día siguiente si no que lo más probable era que no los volvería a ver jamás.

Recuerdo haber escuchado a una chica chilena, al momento de despedirse de ellos, que les dijo que había sido un placer haberlos conocido y que ojalá en alguna otra parte del mundo volvieran a coincidir. Esa última palabra retumbó en mi mente.

Eso es lo que hacemos toda nuestra vida, coincidir.

A veces, o más bien la mayoría del tiempo, olvidamos el significado que tiene cada vez que vemos a alguien. Parece algo tan sencillo pero cuando analizas todo el trasfondo, todos los acontecimientos que tuvieron que ocurrir para que justamente en ese mismo momento, en el mismo tiempo y espacio coincidieras con esa persona, te das cuenta que ese instante no es algo tan simple y que puede pasar todos los días. El encuentro pasa de ser algo común a algo único y especial porque empiezas a ser consciente que con la misma facilidad con la que llegó se puede ir y no solo por un determinado lapso de tiempo, sino que se puede ir para siempre.

Así que los invito a que reflexionen acerca de eso cada vez que ven a una persona en la calle o cuando conocen a alguien nuevo. No lo vean como “alguien más”, imaginen todo el trasfondo que tuvo que pasar para que llegaran los dos a ese momento, a encontrarse entre las billones de personas existentes. Un segundo mas, un segundo menos y quizá no estuvieras aquí leyendo estas palabras escritas a la 1:06 de la mañana.

Qué loco ¿no?

PD. Es un placer coincidir en esta vida contigo.

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