Una foto, una empresa; un país (y un ejercicio imaginario)

Foto: Pdvsa

Es difícil tratar de disimular tantas cosas que están mal. Tanta incapacidad. Es difícil hacer creer que todo está bien cuando todo se derrumba a tu alrededor.

En la foto de este texto vemos nada menos que a la directiva de la principal empresa del país, medular para las finanzas de la nación, los encargados de Petróleos de Venezuela S.A.(Pdvsa), la compañía bandera de esa industria que fue, es y ¿será? capaz de generar tantas cosas para el país, incluidos los espejismos y las mentiras sobre la gran riqueza nacional; el sector petrolero, el ámbito de esa sustancia viscosa, negra, pesada, dilemática y cruda, profunda y oscura.

La imagen corresponde a una nota de prensa de la empresa, publicada en la noche del pasado viernes 11 de agosto, cuando Pdvsa presentó su balance financiero -en rojo y no precisamente por el color que le impuso la desmesura y la falacia que gobiernan- luego de meses de retrasos. Tal vez sin querer la imagen es un retrato perfecto, nítido, claro, de lo que sucede en la compañía.

Por más disimulo, por más simulacros, por más apariencias, es difícil esconder tanto sin sentido y al mismo tiempo tanto desconcierto.

La foto, aunque no lo parezca, es dramática en sí misma. Por eso no pude evitar imaginar por un momento qué habrían dicho, qué habrían pensado, quienes vemos sentados en esa larga mesa; qué pasaría por la cabeza de tres de los personajes que ahí vemos, frente a esas computadoras en esa sala de juntas de la estatal petrolera. quienes son los responsables de dirigir una empresa que se desploma y con ella todo un país.

Imagino, en primer lugar, al ministro de Petróleo, Nelson Martínez, a quien vemos con un gesto que denota preocupación (la verdad es que todos los que están en la foto no pueden ocultarla); ¿qué pasaría por su mente en ese momento? ahí, frente a esa laptop, con las manos en su mentón, de espaldas a la cámara, como tratando de encontrar algo bueno en un sitio arrasado, devastado; con más interrogantes que certezas.

“Coño, ¿cómo podemos seguir con esto, en qué me metí cuando acepté ser ministro de Petróleo en este país bendito?”, es lo que pienso que pudo haber pasado por la cabeza de Martínez ahí sentado, como una pregunta para sí mismo.

Imagino también, cómo no, al presidente de la propia Pdvsa, Eulogio Del Pino, a quien vemos a la derecha de Martínez, con un gesto más neutral, claramente un poco más habituado al día a día del colapso.

“Estos números no nos ayudan, pero aún queda espacio para tratar maquillar esto y seguir con este simulacro”, fue lo que tal vez pensó Del Pino ahí, con sus anteojos puestos para ver mejor y de manera fija la pantalla de su computadora.

Me atrevo a imaginar, también, lo que pasaría por la cabeza de Ricardo Menéndez, vicepresidente de Planificación del Ejecutivo, y responsable de las relaciones económicas con China, un país al que Venezuela le paga con petróleo y con el que mantiene una deuda multimillonaria. Pero los chinos son pragmáticos y deben saber que las cosas en Pdvsa no andan bien desde hace bastante tiempo.

“A ver, ¿cómo sacamos algo bueno de aquí para presentarle a los chinos y al Presidente? Está realmente difícil”, quizá pensó Menéndez en ese momento; ahí, con el mouse en su mano derecha, recostado en su asiento.

En la foto pareciera que todos quieren encontrar algo bueno. Buscan, leen, vuelven a leer. Fijan sus miradas en los monitores de sus computadoras. Pero no. No hay números buenos.

Los imagino preguntándose cómo hicieron para dirigir tan mal, de nuevo y por otro año consecutivo, la principal empresa petrolera del país con las mayores reservas de crudo probadas del mundo. Preguntándose cómo hicieron para sumir a la empresa en la mayor crisis de los últimos 25 años, con una deuda de 41 mil 976 mil millones de dólares y con una caída de la producción a la tercera parte de su capacidad.

Al final es muy difícil tratar de hacer creer que todo está bien cuando en realidad todo está mal.

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