A luchar por los sueños…
Recientemente leí “Se vale estar triste a veces, estar rotos de vez en cuando. Se vale no siempre ser la persona alegre que todos quieren. Se vale no querer hablar con nadie. Se vale dejar que el corazón llore hasta secarse. Se vale ser humano”
El valor no es algo que resida en nuestra mente, su hogar es nuestro corazón. Todos tenemos el suficiente para poder cambiar nuestra vida y ayudar a crear un mundo diferente, en el que la lucha sea colectiva y el permitirnos sentir a los otros como una parte de nosotros mismos. Si acabáramos con el individualismo, el desafío de sobrevivir no sería un problema y las personas podrían dedicar gran parte de su creatividad a realizar sus sueños.
Para vivir debemos desarrollar las creencias más amplias de nuestra mente y liberar el valor que reside en nuestro corazón. Muchos “piensan” que no poseen ese valor, pero no es cierto. Son nuestras creencias limitantes las que nos llevan a pensar eso. Tratar de reconocerlas y luego ampliar sus límites o simplemente dejar de habitarlas, sería un primer paso imprescindible. Una vez hayamos dejado el suficiente espacio en nuestra mente para que las excusas no cieguen nuestro corazón, éste empezará a liberar el valor que necesitamos para cambiar nuestra vida.
Este valor, incluso limitado por nuestras creencias, es capaz de abrirse camino en momentos de muy fuertes emociones; todos conocemos casos de personas que llevan vidas muy “normales” y que de repente, en unas circunstancias que les arrancan de la cotidianidad, se convierten en auténticos héroes. Su valor no nace en ese momento, estaba dentro de ellas esperando ser liberado. Las fuertes emociones quitaron el control a las creencias limitantes, permitiendo que las fuerzas de sus corazones tomasen el mando: el héroe interior que habita en todos nosotros se hizo presente
No hay cobardes, sólo el obstáculo de nuestras creencias limitantes impidiendo expresar nuestro valor. Si lo deseamos, de corazón, podemos iniciar una travesía — como Santiago en la búsqueda de su tesoro en El Alquimista — que nos conduzca a superar los obstáculos que nos separan de nuestro propio poder.
Bien lo dice Coelho: El guerrero sabe que los adversarios están allí para poner a prueba su valentía, su persistencia, su capacidad de tomar decisiones. Son una bendición, porque ellos lo obligan a luchar por sus sueños¡