¡¡¡Espantosísimo y terribilísimo suceso acaecido en la antigua calle de los Parados, hoy calle Rep. de Paraguay!!! mujer bonita, valiente escritor y simpático profesor buscaban ser espantados por fantasmas y la realidad terminó siendo más temible. ¡¡¡Sensacional noticia!!!

Nuestros queridos lectores capitalinos sabrán que andar por los barrios de ésta amada ciudad es catalogado por propios y extraños como deporte extremo; existen desde concursos de carreras atrás de un malandrín que te ha robado la cartera hasta la cooperación voluntaria a personas en situación de desgracia. Todo habitante de la ciudad que se respete, sabe que es de buen cristiano desprenderse de una moneda ya que si no cooperas muy probablemente al que dejarán en desgracia será a ti. No es nada extraño que seres de otro mundo habiten en los más recónditos e inhóspitos lugares.
Lo que les vamos a referir ocurrió el martes de este mes y año en curso en el antiguo Barrio del Reloj, hoy la actual calle de República de Paraguay; justo en la zona de la Lagunilla. Un profesor que aseguraba ser muy docto en situaciones del otro mundo, propuso una caminata por estos lugares de ultratumba a un valiente escritor interesado en todo lo que refiere a la ciudad y a su brillante colega historiadora experta en museos y arte. Ellos se encontraban muy ávidos de estos conocimientos para compartirlos a la ciudadanía por medio de aquel invento que funciona por rayos de electricidad y que tuvo a bien el germano Paul Nipkow llamarle Televisor.
La tarde en que se dió la cita, brindaba el ambiente propicio para hablar de temas lúgubres, estaba muy nublada y la intensa lluvia hizo que las calles se encontraran, al poco tiempo de comenzar su deambular, vacías. El aire frío golpeaba a los tres valientes caminantes que aún empapados iniciaron su travesía junto con un grupo de acompañantes y mirones que al escuchar de qué iba la plática mostraron interés.
Durante la caminata platicaron historias de muertos que regresaron a la vida para que se les diera confesión y de curas que hablaron con difuntos. Visitaron casas destruídas donde se dieron los encuentros de ultratumba. Los tres cada vez más interesados en espectros no tenían idea de lo que el destino les deparaba.

Al llegar a la antigua casa de Doña Ana, aquella que trajo de un ala a un comandante del ejercito de los dragones y a un rico hacendado, ubicada en la calle de los Parados, comenzaron a escucharse lastimeros sollozos y ruidos inquietantes. De inmediato, nuestro valiente escritor buscó alarmado cual era la fuente de aquel sonido, mientras el profesor sentenció que aquello era obra de espíritus chocarreros y que faltaba poco para que empezaran a arrojarles piedras para que se marcharan de ahí ¡Bueno hubiera sido!
Nuestros tres valientes chilangos habían olvidado por completo, sumergidos en la charla de ultratumba, que al lado de esta casa existe una Cueva de Malandrines valentones que, al verlos y obviamente movidos por sus asuntos, con Mauser en mano, los invitaron de manera poco amable a retirarse de la zona. Los encargados de llevar el artefacto de los hermanos Lumiere que lleva por nombre cámara y que iban junto a nuestros caminantes inmediatamente obedecieron la advertencia y ligeros de pies regresaron por donde venían.
Nuestra historiadora junto con un colega y buen amigo del profesor de nombre Juan, dieron aviso de inmediato al honorable cuerpo de gendarmería para remediar la situación, pero ellos muy amablemente y sin perder la calma en ningún momento, les indicaron que con gusto los ayudarían si no estuviera tan peligroso y que valoraban más su vida que su trabajo. Pero no todo estaba perdido ya que aseguraron por su madrecita santa que mañana en la mañana despuesito (sic) de desayunar con gusto se daban una vuelta. Descansados “dijo uno sobándose la barriga” se actúa mejor.
No quedó de otra y nuestros valientes caminantes se marcharon junto a su comitiva, con las ganas de encontrar algún fantasma aunque, y que de esto no quede duda alguna, el espanto si se lo habían llevado y bien.
Lo más espantoso de este espantoso suceso es que sabiendo donde espantan no se haga nada para que dejen de espantar.
Nuestros valientes buscadores de fantasmas se encuentran en el Mercado de Sonora haciéndose una limpia porque no creen en brujas pero de que vuelan ¡vuelan!
En una noche de esas lluviosas
de terrible oscuridad
buscaban en la ciudad
almas de muertos y otras cosas
puras cosas espantosas
esperaban vislumbrar
y como en el pedir está el dar
un buen susto si les dieron
no fue alma en pena lo que vieron
si no una pistola brillaral mirar tremendo pistolón
¡Patitas pa’ que la quiero!
no te arrugues viejo cuero
que nos mandan al panteón
uno que otro pisotón
los valientes recibieron
al gendarme le dijeron
vaya por dios a auxiliar
¡No me vayan a matar!
mejor acá los espero¡No se vaya a fatigar!
Tú no me ayudes compadre
¡Que la cosa está que arde!
y nos quieren balacear
¿Usted no debe ayudar?
al azul se lo dijeron
debo si pero no quiero
mi vida aprecio en verdad
¿Espantos querían en la ciudad?
pues muy cerca ya los vieron
