Rulfo, cien años.

Es cierto, Dorotea. Me mataron los murmullos.

¿Por qué le vamos a hacer tanta fiesta a un tipo como él? Esa es una de las preguntas que más me he topado entre gente que lee, o que forma parte de grupos literarios o de personas que de plano conocen de su vida nomas de oídas. Y sí, uno puede preguntarse qué tiene de especial alguien que, siendo escritor, sólo publicó un libro de cuentos y un par de novelas (una de ellas ni siquiera lo parece y que fue publicada muy a regañadientes) en toda su vida. Ni siquiera él era un tipo digamos atractivo, y de hecho en las entrevistas que he visto suyas parece el tipo más antisocial, cerrado, tímido y callado del mundo.

Juzgue usted mismo. A pesar de que Soler Serrano es un gran entrevistador, se nota que le cuesta sangre sacar cada palabra de Rulfo.

Y sin embargo sí, merece que le hagamos toda la fiesta que podamos y más, ya que él es la joya de la corona de la literatura de este pobre país que lee más o menos 3 libros al año en promedio por persona.

Hace rato decía de sus cuentos y sus novelas. Quizá no debiéramos contar El gallo de oro (1980), ya que fue un libro que en realidad llevaba como 30 años enlatado y que originalmente sirvió de base para un guion cinematográfico (guion adaptado al cine por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, ahí nomás). Y aun así tiene la calidad suficiente para ser tomado en cuenta y que de hecho ya quisiera cualquier escritor haberlo escrito.

Con todo, la grandeza de este tipo nacido hace 100 años en un pueblo de Jalisco radica en dos obras solamente, El llano en llamas, publicado en 1953 y sobre todo Pedro Páramo, publicado en 1955.

Se puede encontrar en todos lados cómo Pedro Páramo influyó a muchos escritores desde los del famoso Boom de la literatura latinoamericana hasta nuestros días. Podemos leer como impactó a Gabriel García Márquez a tal grado que lo sacó del bloqueo de escritor en el que estaba (Cien años de soledad le debe muchísimo a Pedro Páramo). Cómo ha provocado leyendas a su alrededor, como el por qué diablos no escribió más cosas o de cómo Juan José Arreola se quiso subir a su fama afirmando que él ayudó no sólo a escribir Pedro Páramo, sino que fue su idea desordenar los capítulos del libro para darle su estructura final. Y de cómo causó admiración en personajes importantes de la literatura como Jorge Luis Borges o Susan Sontang.

Pedro Páramo no llamaba tanto mi atención al inicio. Quizá lo leí muy joven, o quizá no era el momento para hacerlo, pero puedo afirmar que se me fue metiendo lentamente hasta ser uno de mis libros favoritos. Y es que la forma con la que está escrito es tal que se te va clavando en la mente. Desde que uno lee “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo” uno queda atrapado e inmediatamente desea saber más. Leer más para darse cuenta que, como a Juan Preciado, el dichoso pueblo te va envolviendo y atrapando (y enloqueciendo) en un mundo mitad de vivos, mitad de muertos, en donde la secuencia de tiempo es lo último que importa. Donde las historias de Juan Preciado y Pedro Páramo se van fundiendo hasta formar una sola cosa. Donde el lenguaje y la forma de tejerlo es lo más importante de todo. Quizá no pudo haber escrito mucho, pero lo que escribió lo trabajó de tal manera que resulta prácticamente imposible encontrarle alguna falla.

El gallo de oro, primera edición de 1980. Uno de mis tesoros más preciados.

Un día como hoy, pero hace 100 años nació Juan Rulfo. Si hay escritor en México que todo mundo debería conocer es a él, y si hay persona en este país al que hay que celebrar es él, porque difícilmente alguien ha llegado más lejos en cuestión de escritura y su muy pequeño legado sigue causando admiración.

¿Por qué le hacen tanta fiesta a Juan Rulfo, con sus tres libros escritos? Porque Juan Rulfo es su padre.

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