¿Por qué somos liberales?

Somos liberales, no porque defendamos granjerías y privilegios de grupos o sujetos específicos. Tampoco porque defendamos un sistema económico determinado ni porque creamos ser dueños de una moral superior o poseedores de un conocimiento objetivo que nos hace dueños de la verdad.
Somos liberales porque proclamamos la autonomía de la persona, su libre albedrío, su libertad individual, personal, económica, moral y política, como base ética de la vida en sociedad, y como base fundante del progreso humano. Proclamamos que los comunes sean libres del tutelaje que siempre pretende instalarse desde el poder, ya sea bajo fundamentos clasistas, conservadores, colectivistas o moralista de derechas o izquierdas, que consideran a las personas como incapaces, como sujetos que deben ser guiados o sometidos en base a los criterios de los iluminados de turno devenidos en gobernantes.

Nuestro credo es la libertad máxima de la persona humana. Nuestra causa es la promoción de los máximos espacios de libertad, de los libres acuerdos, los libres contratos, la máxima creatividad. Nuestro credo se funda en el respeto que cada individuo merece en cuanto dueño de sí mismo, de su persona, su cuerpo y su voluntad. Por tanto consideramos que debe estar libre de agresión y coacción (salvo que inicie la agresión contra otro). Esa es nuestra ética, que es la única ética de la Libertad.

La ética de la libertad juzga como ilegítima cualquier coacción contra otro, a nombre de principios o fines, que vayan más allá de la legítima defensa. Eso distingue la ética del liberal de la de cualquier otro individuo en el ecléctico espectro ideológico político. Y eso también lo aísla de tal espectro.

El liberalismo no plantea el objetivo de cambiar la dual y problemática naturaleza humana, sino el que la libertad debe ser respetada, pero no dice cómo debe ser vivida, lo que significa que cada cual debe elegir sus fines, sus valores y su moral. Salvo que agreda a otro o su propiedad.