Ser viejo en cuerpo joven
He cumplido 36 años. Para algunos eso es ser o estar viejo. Creo que es un error en todo sentido creer aquello por varias razones.
En primer lugar, considerando las expectativas de vida actuales, que bordean los 90 años, considerarse viejo a los 36 es claudicar anticipadamente ante la vida. Es ser finalmente un cobarde. Es simplemente dejar de pensar en el futuro.
En segundo lugar, la vejez es más un tema de actitud mental que una cuestión biológica. Si piensas como viejo, entonces tienes achaques de viejo y vives como si fueras viejo. De hecho, hay muchos jóvenes con mentalidades de viejo, que creen que la vida está planificada por etapas que debes ir cumpliendo y donde el calendario te toma el tiempo. Creen que si no cumples con ciertos estándares que se esperan, entonces has quedado fuera del juego. Esa es la lógica que se aplica cuando a las personas “viejas” se las despide o no se las contrata para trabajar por considerarlas simplemente “viejas”. Es la misma mentalidad que en estos días, de manera paradójica, surge cuando se cree que las personas de 60 años no pueden seguir trabajando porque son viejas. Como si hubieran perdido sus habilidades, inteligencia y capacidad. Pero vivir bajo esos preceptos no es vivir sino perseguirse constantemente por supuestas etapas.
La vida no es una carrera de etapas fijas y predeterminadas que tengamos que cumplir de manera estándar. La vida es entre muchas cosas, una incertidumbre enriquecedora que todos enfrentan de manera diversa. Cada uno tiene sus propios desafíos. La confusión con respecto a lo que es la vida, creyendo que es una especie de línea de producción en una fábrica o una especie de carrera por etapas, explica el miedo generalizado a envejecer, a tener arrugas, a tener canas o quedar pelado.
Aquellos que siendo jóvenes temen a envejecer, ya son viejos, están condenados. Ese es el miedo de Dorian Gray, que en realidad era un alma vieja, podrida, con cuerpo de joven. Bajo ese criterio, el aprender, que es el motor de la vida, estaría delimitado por la edad y por lo que el resto hace o considera “dentro de la edad”. La curiosidad entonces muere y con ello la creatividad, el asumir desafíos y riesgos. Dejas de vivir.
En tercer lugar, la juventud implica estar dispuestos al asombro, ese es de hecho el sentido de la existencia que se nos ofrece desde que cruzamos eso que llaman el canal de parto. Sentir que se es viejo a los 36 es creer que, o ya sabes mucho o que ya no te queda nada por aprender y peor aún, por vivir. Estar vivo no es auto compadecerse del como te vuelves viejo sino disfrutarlo en cada paso, en cada experiencia, sin pensar en aquello. De hecho, lamentarse del paso del tiempo en tu cuerpo y mente es una triste mentalidad de viejo antes de efectivamente serlo.