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Black Friday: un origen incierto

Los últimos años este término ha empezado a popularizarse en varias partes del mundo. La sola idea de tener un día de descuentos espectaculares a tan pocas semanas de navidad, simplemente es irresistible para cualquier comprador.

Ofertas, ofertas, ofertas y más ofertas se leen en todos los locales, pero, de dónde surgió esta idea. A quién se da las gracias por permitir comprar más regalos con menos dinero. Es una pregunta con múltiples respuestas, unas no tan verosímiles como otras, aunque no por ello menos interesantes.

El Black Friday nació en Estados Unidos y se desarrolla tras el Día de Acción de Gracias. Es decir al día siguiente del cuarto jueves de noviembre. La web Por Todos los Medios narra una historia, que sí no es cierta, por lo menos está cargada de detalles interesante.

Filadelfia, situada en la Costa Este de ese país, alberga desde 1890 el juego de fútbol americano entre las academias de la escuela Naval y de la Armada. Más conocido como el Army-Navy Game. Es un clásico que paraliza prácticamente a toda la nación y puede mirarse a través de la televisión nacional. Hasta aquí parece no tener relación con la inquietud, excepto que se juega el sábado tras el Día de Acción de Gracia (Thanksgiving).

Y fue particularmente en los años 40 cuando las calles de la ciudad se llenaban de gente buscando alojamiento, comida, alcohol y más, esperando llegue la hora del partido. Como hasta hoy tal aglomeración de personas acarreaba peleas, accidentes e incluso crímenes. Quién debía enfrentar todo esto, los policías, fueron ellos quienes empezaron a catalogarlo de viernes negro (black friday).

Lo que era malo para las autoridades, era el paraíso para otros. Los comerciantes de Filadelfia no estaban para mostrar su solidaridad y sacaron el mayor provecho a la situación. La lluvia de ofertas tratando de captar las masas no se hicieron esperar. Producto de eso, la mercadería desaparecía de las perchas como por arte de magia. Con los años la iniciativa de las tiendas de esa ciudad se ‘contagió’ a lo largo y ancho de Estados Unidos. Y como no podía ser de otra manera, el nombre del fenómeno también: Black Friday.

En la misma línea de caos hay otra teoría, tal vez, no tan atractiva y un tanto aburrida. Un 19 de noviembre de 1975, The New York Times usó el término negro para describir el tráfico perturbador que vivió la Gran Manzana durante el día de descuentos, posterior al de Acción de Gracias.

El sitio 20minutos.es da cuenta de otra presunción. Desde 1924, Nueva York es testigo de un gran desfile por el Thanksgiving, patrocinado por la reconocida firma Macy’s. Fred Lazarus Jr., representante de la tienda en aquellas épocas, aprovechó el evento para impulsar las primeras rebajas. Incluso, se dice, que convenció al presidente Franklin Delano Roosevelt de adelantar una semana la celebración de Acción de Gracias. La idea era disponer de más tiempo para la venta de productos y regalos navideños.

La versión más fatalista asegura que, cuando la esclavitud era permitida había una costumbre un tanto cruel: la venta de esclavos negros se la dejaba para el día posterior al del Thanksgiving. No obstante, el relato no tiene un soporte creíble y menos un registro histórico que la respalde. Como no podía ser de otra manera, otros relatos apuntan a la caída de la bolsa, durante la Gran Depresión (1929), hecho que ha dado origen a tantos otros sucesos. Más antigua aún es la idea que el nombre surge de una crisis financiera de 1869. Año en el que el mercado del oro se desplomó.

Más parecido a una leyenda urbana es la creencia que reza lo siguiente, las tiendas operan con números rojos -a pérdida- los primeros 11 meses del año.

Y al fin cuando llega el tan ansiado día (Black Friday), las incontables ventas les permiten estabilizar su contabilidad o da lo mismo decir que sus números vuelven a ser negros. Imaginar a los CEO de grandes marcas como Apple, Wall-Mart, Samsung, Zara y muchos más haciendo cuentas para redondear ingresos y, por lo menos, pagar los sueldos de miles de empleados. No hay duda: es ridículo.