Rain Am Lech — Germany | Photo by Julián

Escucha…

Tú corazón puede ser aún más que un simple latir… aún mejor…

Siéntate. Relaja tú respiración. Crece en la armonía que rodea ese sube y baja. Aquella pregunta que tanto ha estado volando a tú alrededor tendrá su respuesta.


Quizá en este preciso momento, en este estado de situación que amarga al más dulce roce de dos almas, no lo puedas entender.

Estabas convencido que el amor podía encontrarse sin importar el lugar y el tiempo. Que incluso escapaba de esas dos variables porque su nacimiento no depende de una concepción, sino de una devoción de dar.

«Dar» se presenta espontáneamente al que lo desea y al que lo necesita

Algo no está bien. Puedes sentir el daño, el mal se ha vuelto adulto y reina ante tanta inocencia indefensa que confió en crecer, y que ahora le han robado su niñez. Las miradas se han vuelto mayores en años, escuálidas en sabiduría, escrupulosas y por 30 denarios han silenciado su corazón y adormecido los sentimientos.

El dolor es insoportable, y aún así, no renuncias a «dar». Tú mirada insufla perdón, y algunos asentirán y otros consentirán.

Elevas tú cabeza desafiando espinas, lágrimas y sangre. Lo que necesitas está allí adelante, en dónde tú mirada a la vez se pierde y encuentra todo, y aunque tú destino hacia la cruz tiene un trayecto más efímero, sabes que la eternidad del horizonte conoce tú nombre.

Los clavos caen, te encuentras a Su derecha y bajo la cobija de su Amor, te dirá que a pesar de la pecaminosa gula del mal, hay algo que nunca podrá engullir:

que todos necesitarán ser perdonados…

Hijo mío… Siéntate. Relaja tú respiración. Crece en la armonía que rodea ese sube y baja. Aquella pregunta que tanto ha estado volando a tú alrededor tendrá su respuesta…

Llegó el día en que tú amor servirá para aquellos que escuchan, y así puedan creer y crecer en esa maravillosa palabra…
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