Photo by Julián — Buenos Aires — Argentina

Se gana

Hay gente que se gana el odio por su sola existencia.

Gente capaz de engendrar el halago del mal y la dicha de la melancolía.

Gente que inocula esa melancolía, un sentimiento que desarrolla un estado de desierto, destierro, preocupación y falta de respeto e interés. Falta de respeto e interés por uno mismo, que termina siendo una cuestión atroz para el ser humano, que es justamente, «no sentirse digno».

Gente que ha desarrollado una lengua voraz capaz de engullir en un solo movimiento, todas aquellas palabras, diccionarios y enciclopedias que han llevado años y se han llevado regueros de sangre joven, en las luchas por la libertad. Años de iluminación, ilustración, romanticismo, revolución e ideales plasmados en la obra artística de pintores que se han jugado sus acuarelas.


Y todo tiene un fin. Un final que se genera desde y por el hastío. Una repugnancia que termina en el vómito de la sinrazón y en las arcadas de la sordera deliberada.

Siempre llegará el día preciso en que se diga basta. Un instante vibrante en el que la mesa retumbe ante el golpe certero del puño cerrado que otrora llevaba el laurel de la República y la paz. Desoye así la gran reflexión de Gandhi cuando dijo que no existe manera de dar un buen apretón de manos con los puños cerrados.

Pero ya no entiende razones y se lanza en un alud de esperanza, de conquista y recuperación.
La recuperación que «se gana»…