Del duelo y todos sus demonios… los míos

Demonio 2 : Rituales religiosos

Mi papá era ciclista… según los noticieros y el periódico. Pero mi papá era tanto más, era todo más, es todo más.

Así que por la noche, lo llevaron, llevaron el cuerpo a la funeraria (nunca se como decirlo). Y era el momento de verlo, por primera vez después de nuestra despedida a medias en la mañana, cuando yo estaba medio dormida y el entusiasta salía con su bicicleta. Es extraño como un cuerpo con solo horas de muerto puede ya oler a proceso de descomposición, rapidito sin perder el tiempo. Imagínense si fuera así de rápido y fácil nacer. Y esta es la cuestión de una muerte, de un duelo, de repente cualquier detalle es una oportunidad para cuestionarse cosas, para convertirse en observador.

De vuelta a la funeraria, el impacto de no ver a mi papá al ver su cuerpo es algo que no puedo mover de mi alma. Y por esto nunca se como decir esta parte de la historia “lo llevaron a la funeraria”. Claramente eso de ahí, en esa caja, ya no era él. Lo que comprendí tiempo después, no crean que fue una cuestión del momento, sin embargo alguna parte de mi si lo supo, cuando esa cara golpeada ya no representaba ni un cuarto de la persona que habría sido papi. Y uno llega a comprenderlo, hasta cierto punto, aún no termino de entender y dudo que lo haga algún día.

Lo siguiente era un sin fin de saludos, abrazos, rostros conocidos, olvidados, desconocidos , cercanos, desfilando frente a aquel sillón donde se encontraba el cuerpo de mi mamá( quien tampoco era ella, ni estaba ahí). Y comenzó el discurso que nos cargaba a cada uno de mis hermanos y a mi con diferentes responsabilidades que nunca habíamos conocido. Mi hermano escuchó en 3 días, al menos unas 50 veces que el era el hombre de la casa y ahora debía proteger. Mi hermana mayor por su condición de primera hija se debía encargar de nosotros y cuidar a mi mamá. Y yo por mi decisión de carrera (psicóloga) de seguro que entendía mucho mejor lo que sucedía y debía ser la fuerte, la que supiera llevar esto.

Y es que la gente no sabe como reaccionar ante un duelo ajeno, les incómoda tanto, y entonces utilizan estos discursos/escudos para acercarse a las personas de “la perdida” sin contagiarse de dolor, si no de lástima. Aaaaaggg! No hay nada peor que la mirada de lástima, el acariciado en el pelo y las palmaditas en la espalda. Y como “dolientes” pensamos que la gente está siendo tan considerada por el simple hecho de acompañarnos que debemos agradecer con respeto. En serio???

Entonces comprendí que no! No es cierto. Que estos constructos sociales al rededor de la vela y el funeral y de cómo debo sentirme y actuar ante el fallecimiento de mi padre, no eran más que malas herencias culturales. Y no estoy obligada a permitir que invadan mi espacio físico personal, que determinen mi rol , que toquen mi alma vulnerable, y tampoco a quedarme hablando con alguien solo por cortesía cuando lo más que necesitaba era llorar, gritar y no ser fuerte. Ni para mi, ni para mis hermanos, ni para mi mamá. Claro que no es fácil ponerlo en práctica, pero mi cuerpo que bien me conoce, me dio un empujón. Mientras más fuerte quería ser más fácil me fallaban las piernas, recuerdo que en al menos 3 ocasiones caí al piso sin fuerza.

Podría escribir miles de cosas que pasaron en esos dos días de vela, y en el funeral. Pero ya ven que en algún momento eso que parece tan imposible de vivir, a ese momento al cual le tenía tanto miedo, se reduce a un recuerdo de un trago amargo, lleno de hermosos gestos. Porque por otro lado teníamos también los saludos genuinos, la comprensión real y en contraste con las miradas de lastima, las miradas de amor. Las caricias al alma son siempre bienvenidas, un gran grupo de ciclistas llegó a darnos el pésame y pude percibir en la mirada de mis hermanos, de mi madre y en mi propio sentir que este era uno de los gestos más hermosos que habríamos podido conocer a través de una de las peores situaciones que habríamos vivido.

Y es que ahora la bicicleta se habría convertido en un símbolo de lucha.

Contra todo pronóstico personal, el funeral fue un dador de paz, lejos de lo que religiosamente pueda significar, pues no es exactamente a lo que me apego. Nunca había visto a tanta gente de tantas creencias distintas, de tantas edades, de tantos gustos , reunidas en honor a uno solo, bueno al menos no en la “vida real”, en la tele tal vez. Y esto me envolvió, la compañía, la presencia física me envolvió, y sin darme cuenta tuve miedo, pues sabía que a medida que pasarán los días ese calor físico iba a ir desvaneciéndose. Y aquí reconocí los rituales religiosos como uno de mis demonios.