Del Duelo y todos sus demonios… los míos
Demonio 1 : La Noticia.
En la actualidad estoy atravesando un duelo, en lo personal uno de los más difíciles que a mi corta edad he experimentado.
Hace 6 meses y un día, me encontraba yo en la academia de danza a la cual asistía, era sábado. Mi teléfono vibró, mire la pantalla y era mi hermana, por un momento pensé no contestar, ella suele llamar para las cosas más insignificantes y aunque divertidas yo me encontraba trabajando. Sin embargo contesté. Todo el mundo se pauso en el instante en que escuché su voz, sabía que había algo mal, peor , sabía que estaba todo mal. Y entonces lo dijo “atropellaron a papi”. Pero el esta bien? Ya llego la ambulancia? Están seguras que es él ? , preguntaba yo en algún punto de mi esperanza… “Jimena, papi se murió”. Fue la primera vez que oí esto sin embargo no lo escuche. Sin controlar mi cuerpo empecé a escuchar gritos de desesperación, al momento me percaté que era yo quien gritaba, en el piso rodeada de quienes entonces se convirtieron en ángeles. Recuerdo bien que nunca había pedido al cielo algo con tantas fuerzas, nunca me había aferrado tanto a un deseo como al de que él se quedará aquí!
En mi camino a la escena, pasé por mi hermano, quien sentado en un caño se encogía cada vez más buscando refugio en quien se habría convertido en su angel: su novia. Es impresionante ver a un hombre tan alto y musculoso como el, tan encogido y recogido como una flor marchita. Subió al carro, cambio de regazo al mío, mientras yo sin llorar y con voz firme le afirmaba que todo estaba bien y que su papá, mi papá no había muerto.

Al acercarnos al lugar, mi hermano y yo nos tomamos la mano con fuerza, como por instinto. Al llegar, recuerdo que nunca había querido correr más rápido y nunca me habían fallado tanto las piernas. Era la primera , de muchas veces, que mis piernas no respondían a lo que necesitaba.
Entonces lo vi, un auto de policía, un oficial que repetía a mi necedad de querer verlo que ya había muerto,un forense, una cinta amarilla, mi tía en el piso gritando y al otro lado de la calle gente mirando, mi madre descompuesta, mi sobrina de 4 años (gran amor de su vida) en un carro confundida, toda la familia ahí. Cabe decir que mi familia es muy unida, es una familia maravillosa. A propósito, este día todos iban para una fiesta.
Mientras el mundo seguía en pausa, yo empecé a funcionar. “Muy bien, llamen a Daniela para que se lleve a la niña, aquí no hay nada que hacer vamonos donde tita, usted usted y usted se vienen conmigo, mami te vas con tío, y los demás se dividen en los carros.” Manejé, sin quebrarme un sólo minuto, hasta donde mi abuela. Al fin entendí lo que en tantas clases de psicología escuché: todos reaccionan diferente al momento de la noticia, sorprendentemente muchos toman un rol muy eficaz, se encargan de todo. “Yo jamás profe, si eso me pasa a mi de fijo soy la de la crisis.”
Llegamos donde mi abuela, nos hicimos cargo de todo, entre saludos y “lo sientos”, abrazos y llantos que interrumpian la labor de organizar un funeral. Finalmente avisan que el cuerpo está casi listo. El cuerpo… como si no estuvieran hablando de mi papá. En fin, decido que después de horas ya es momento de ir a mi casa a bañarme y ponerme ropa adecuada. Mi novio, ángel constante en mi vida, me acompañaba. Entré a mi cuarto, vi mi cara roja del sol que había recibido en la escena del accidente, abrí el armario y de repente lo vi… lo entendí, estaba escogiendo ropa para la vela de mi papá, de aquella hermosa constante de mi vida. Y me deshice, partes de mi que no sabia que existían se quebraron.