Del duelo y todos sus demonios… los míos
No todos dolemos igual.
Resulta que socialmente yo debo enojarme con el “borracho hijo de puta” que mató a mi papá, además debo llorarle cada segundo, si no me siento triste los siguientes 10 años de mi vida no amé tanto a mi papá como digo. Y además debo comprender que mi dolor no es comparable (en cuanto a intensidad) en el dolor de mi mamá, por lo que debo ser fuerte para sostenerla a ella.
Por otro lado luchando por alejarme de esto me encuentro yo. Quien fui criada con mucho amor, sonrisas, bromas y regaños fuertes ante las estupideces que hacía. Mi papá fue un ejemplo de vida, de importancia a la familia, de amor a la bondad, de paseos de aventuras, de niño interno , adulto responsable, bromas pesadas , etc. En un gran contraste con mi mamá, desempeñándose como ama de casa, luego trabajando en una oficina, gran apoyo, sincera, realista, bondad, torpe para las bromas, confidente.
Soy una persona con un sin fin de herramientas personales, gran resiliencia, padres incondicionales y una familia como verbo. Pueden imaginarse lo que es recibir todos estos “deberia” existentes al rededor del duelo?
Sin embargo y aunque parece difícil de creer, el primer reto fue con mi familia de origen. En mi casa, las primeras dos semanas después del accidente mis hermanos, nuestras respectivas parejas, mi mamá, mi sobrina y yo vivimos en mi casa ( mi hermana esta casada y ya no vive ahí, mi novio y mi cuñada nunca se habían quedado tantos días seguidos). Entonces comenzó el que sería uno de los mayores retos. Creo que no hubo lugar de la casa que no escuchara llantos o reclamos y sin embargo la casa estaba más en silencio que nunca. Dormimos de todas las maneras posibles, turnandonos para dormir con mi mamá. .. bueno dormir es un término muy cuestionable en este caso. Pero cerrabamos los ojos. La cocina se llenó de tés de tilo, tranquite, dormite, 7 azahares, todos los calmantes naturales posibles. Mientras mi mamá tomaba unas gotas de clonazepam administradas por mi.
Cuando nos quedábamos conversando hasta tarde con alguna copa de vino mi mamá se sentía ofendida, cuando alguien se reía de más otro alguien se sentía ofendido, cuando la gente hacia ciertos comentarios yo me sentía ofendida y así fuimos recorriendo un campo minado, donde cada cosa que hacíamos podía hacer explotar al otro.
Con los días y aún hoy he ido descubriendo que puedo disfrutar de muchas cosas sin sentirme culpable, aunque es muy difícil no sentirse culpable cuando lo que se espera socialmente es un zombie que no tiene voluntad de vivir por “la perdida”. Y esto va para todas las personas que han vivido un duelo o están pasando uno : esta bien no pensar 24/7 en la persona, esta bien no llorar todos los días, esta bien disfrutar las cosas, esta bien emocionarse con un nuevo trabajo (mi caso). No está bien que los demás definan el camino de nuestro duelo, ya es demasiado difícil enfrentarse a tanto dolor y todo lo que trae como para cumplir con las expectativas de dolor de los otros. Ahora bien, si de verdad pensáramos 24/7 en eso creo que estaríamos rayando con límites psíquicos a los que no queremos llegar, al menos conscientemente, sería preocupante.
Y si estos argumentos no son suficientes, aceptemoslo, para estar deprimido hay que ser millonario. Y aunque entiendo perfecto la falta de deseo, y el querer dejar de ser funcional, el mundo sigue girando y fue justo, al finalizar la tercera semana después del accidente, que me llamaron para volver al trabajo que comprendí que el mundo había dejado de estar en pausa y yo debía dejar de estarlo también.