DIEZ COSAS QUE HE HECHO MAL EN EL TRABAJO.

El personaje mira unas fórmulas matemáticas en el cristal. El espectador se siente inteligente aunque no entiende nada de lo que pone ahí. El objetivo de esas fórmulas no es hacerse entender; es hacer que el espectador piense que está entendiendo algo.

Los españoles afirmamos que trabajamos de más. Sabemos que estamos demasiado tiempo en la oficina haciendo nada. También somos los que cenan más tarde y los que más cocaína consumen (esto último generalmente se dice con un orgullo impropio de alguien mayor de 20 años). Hablamos muy mal inglés y peor español y en otras lenguas ni nos apañamos. Sin embargo todos decimos tener un amigo con dos carreras, tres idiomas y cinco masters que no encuentra trabajo. El nombre del amigo nunca se menta. Todos decimos tener a un jefe incompetente que está ahí por pelota. Nosotros nunca somos el incompetente. Todos tenemos la idea perfecta para hacerlo todo bien y en particular para arreglar la Selección Española (ahora llamada La Roja). No tenemos tiempo ni para cagar, pero nos quejamos cuando hay puente y hay huelga porque pese a no tener dinero para todo tenemos dinero para viajar.

No, no te exculpes. No vengo a hablar de tus culpas. Vengo a hablar de las mías. Estas son las cosas que, con el corazón en la mano, se que he hecho mal desde que empecé a trabajar. No lo he adornado. Es lo que pienso. A mi me da bastante igual. Creo que podría haber sido una persona muy valiosa. Pero no ha podido ser. La crisis me pilló a los 27 años y salí de ella tocada. Pero por lo menos no me llegó con 40.

Creo que más o menos conozco los mecanismos para que te vaya bien en la vida. Pero es una bonanza que, para mi, es como si me ofrecen ser millonaria a cambio de vestir siempre como los habitantes de la casa de Gran Hermano VIP: es que prefiero ser pobre. Si el triunfo es estrenar una película tipo la que estoy pensando ahora mismo prefiero no triunfar. Si que te vaya bien es sacarse una foto con ya sabes quién y pensar que es genial, prefiero que no me vaya bien. Pero he aquí mi conclusión, mucho antes del final, para los que no quieran leer: El sistema más habitual para destacar en el mundo laboral es apagar el brillo de otros.

Esto ya lo he dicho. Ahora viene el acto de contricción. No he me guardado nada. Estos son los 16 errores que he cometido durante mi vida laboral.

  1. Llegar tarde . La más evidente y molesta para los demás es también la que más cara me ha salido. Hasta el 2017 evitaba hacer cuentas de lo que me gastaba en taxis. Es terrorífico. Los taxis, cuando vas tarde, sólo son una penitencia por algo que has hecho mal. La gente que llega tarde siempre sufre un imprevisto: es porque cuando todo va tan justo cualquier alteración del orden ideal de las cosas (que no del orden normal) es un caos. La gente que llega tarde calcula mal el tiempo. El tiempo mal calculado se acumula y se suma. 10€ se convierten en 35€. La mejor de las intenciones se va por el sumidero cada vez que pienso que me dará tiempo a hacer esto o lo otro antes de salir de casa. No, no me ha dado tiempo nunca. A veces, no siempre, ha sido por decir que sí a todo. A mi quedar a las 4 me supone comer a la 1 y dejarlo todo a las 12:30. Pero he dicho que si a llegar a las 4. Creo que me tocó el día que le dije a un periodista que vale, que quedábamos a las 5 en el bar de debajo de su portal. Obviamente llegué tarde y en taxi (20€ de retraso) y él se mostró molesto. Yo vivía en Alameda de Osuna. Él, en San Bernardo. Habíamos quedado a la hora que a él le venía bien, y debajo de su casa. Pero yo no había dicho nada. Sólo dije que sí, que a las 5 en el bar de debajo de su casa.
gámbito de dama

2. No hablar de dinero. Hablar de dinero es de mala educación. No se habla de dinero. He tardado tiempo en saber lo que cobraban los demás haciendo el mismo trabajo que yo. Una pista: siempre ha sido bastante más. Lo de hablar de dinero me lo dijo Ángeles González- Sinde. La cito en particular porque he leído bastantes cosas negativas sobre ella. Yo en mi experiencia personal sólo puedo decir que ha sido un persona buena de corazón y que siempre ha actuado sin buscar ningún beneficio propio. Ella me dijo “Si no hablas de dinero no sabes cuánto cuesta tu trabajo”. Y así es. He asistido a muchas reuniones en las que se hablaba de mi trabajo, de mi compromiso, de mis obligaciones… y me he ido de casi todas sin saber cuánto iba a percibir por todo aquello. Y cuando he hecho cuentas me ha dado vergüenza decir que no. La última: seis meses de revisión de guión con horarios demenciales por 500€. Fueron seis meses porque me cansé. La cosa acabó mal. He perdido una amistad y seis meses de mi vida. A cambio he ganado 500€.

3. No guardar las buenas ideas para el momento adecuado. El entusiasmo siempre ha sido uno de mis peores enemigos. Siempre que he tenido una buena idea la he soltado según me venía, sin calibrar el quién, el cuándo, y el dónde. Muchas de estas ideas se las ha apropiado otra persona. Otras veces las han tirado por tierra y las han retomado ya sin mi. Ninguna buena acción (ni intención) queda sin castigo. Lo puedo asegurar.

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4. Ver las encerronas demasiado tarde. La última vez que me ha pasado ha sido hace una semana y dos días. He notado un ambiente raro. En pocas horas ha sido rarísimo. Un día después de notarlo estaba fuera de la cuestión. Cuando entra la gente por la puerta tengo una primerísima impresión. Cuando es negativa trato de contenerla y ahogarla. Son cosas tuyas, me digo. Son cosas tuyas, tienes que darle una oportunidad, eres una malpensada, venga, no ha sido para tanto. Ni una sola vez en toda mi vida esa primera impresión ha resultado ser equivocada.

5. Carecer de estrategia. Igual que jugando al ajedrez. Siempre fui de empezar la partida, mover las fichas según iba avanzando el juego, y adelantar mentalmente dos movimientos como mucho. Normalmente se me quedaba fuera una posibilidad, aún teníendola delante. Algunos rivales me han dicho “oye: el caballo” y he cambiado el movimiento. Tarde o temprano (más bien lo segundo) me he visto con el rey y alguna pieza más. En el mejor de los casos tablas. En la vida ha sido todo exactamente igual. Las peores personas que he conocido tienen todas una estrategia. Por cierto, estas personas son también las que mejor viven y mejor duermen.

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6. Llamar la atención. Mi aspecto. Nunca llevaré tatuajes ni perforaciones. Intento no llamar la atención sobre mi misma pero tampoco oculto mis gustos. Incluso cuando creo que voy normal alguien me dice que tengo un aspecto original. Yo no me veo estrafalaria. Me veo normal. No se qué hay en mi que resulta extraño. No tengo la más mínima idea. Pero la etiqueta de “rara” me ha perseguido toda la vida. Y no me enorgullezco de ello en absoluto ; es más, detesto a la gente que siempre quiere explicar lo especial y diferente que es. Sin embargo llamar la atención siempre ha jugado en mi contra. El tercer día siempre es a mi a quien se le hacen las bromas sobre “tomar la medicación” o “volver a tu planeta”. Por no mencionar que esto facilita que cualquier intervención tuya sea tomada a risa. Especialmente si es una buena intervención. “Es que ella es así. jaja. No la escuchéis”. Jajaj. A veces quiero morirme. En serio. A veces quiero morirme.

7. Expresar mis opiniones. La peor gente de este mundo es la que logra crear un clima distendido para que te relajes y digas lo que piensas. Ahí toman nota y luego lo usan contra ti. Pista: nunca te llevarán la contraria. Con cada opinión le das a la serpiente de turno (en todos los trabajos hay dos: la líder y la secuaz) la oportunidad de estrangularte. La usarán contra ti cuando no estés mirando. No es conspiración: es estrategia. A veces considero que expresar mi opinión es necesario si eso atañe a la ética elemental. Nunca digo si soy de izquierdas o de derechas o si como animales o si soy vegana. Pero si algo es importante lo expreso de la manera menos ofensiva posible. Sin embargo quienes me han dado la razón en petit comité pocas veces han defendido esas mismas causas cuando ha hecho falta. Por cierto, dos personas sí lo hicieron en situaciones injustas. Es lo que más puede ayudar en algo así. Que alguien te diga “no puedo ayudarte pero sé que esto es injusto”. Es todo lo que hace falta. Todos necesitamos un trabajo, pero una mano sobre tu mano nunca sobra.

semieslava

8. Pensar que quien me da trabajo me hace un favor. Esto puede ser cultural o familiar. Siempre he pensado que qué buenos han sido por sacarme del fango. He agradecido hasta los trabajos más humildes (puertas de discoteca y repartidora de flyers) quizás en exceso. Siempre que he ido a quejarme me he sentido mal: encima que me da trabajo a mi. El que te da trabajo no sólo no te hace un favor, sino que no te mata para comerte porque hoy por hoy no le hace falta.

9. Pedir perdón por querer cobrar. Retrasos de meses, excusas peregrinas, y sonrisas de medio lado. Las disculpas siempre me las han dado los intermediarios. La última vez que esto pasó: me despiden de un trabajo un 31 de diciembre. El día 2 empiezo otro (tras seis meses de largas) y me obligan a darme de alta como autónoma. Accedo. El suelo se queda, sin tener en cuenta la retención, en unos 400€. Pero pienso “ya saldrá algo”. El contrato dice que nos pagarán en 60 días (íbamos a estar contratados pero al final que no, que no se puede). Pasan los meses y no cobra nadie. Yo sigo pagando autónomos y ya no tengo el segundo sueldo. Pago autónomos, luz, agua, teléfono, transporte, comida… No es que sea una genio de las finanzas, así que calculo que tendré un mes más hasta quedarme a 0. Mando mails, hago llamadas y reenvío facturas. Siempre con una disculpa por delante. Llega un punto crítico en el que no tengo dinero para transporte, en el que me cortan el teléfono y el internet, y en el que como arroz hervido todos los días. Los amigos me han ido ayudando. No pago alquiler. Pero el agujero ya es muy grande. Un euro por semana: cartón de leche o una coca-cola cada siete días. Eso es leche para desayunar cinco días en semana. Sigo pidiendo perdón. La persona responsable está de vacaciones aunque me ha dicho “joder qué putada. Mañana te cuento”. Nunca me llega a contar nada. De hecho esto fue en mayo de 2017 y no le he vuelto a ver (aunque sigo trabajando allí). Finalmente nos pagan. Pero mes a mes. Cuando ya es irreversible. Yo he pedido perdón todas y cada una de las veces. A mi nadie me ha pedido disculpas. Bueno, sí. La pobre chica que gestiona las facturas. Ella no tenía culpa de nada.

Merano

10. No haberme preocupado por la economía elemental. Se deduce de lo anterior. Siempre hay que ahorrar un 20% de lo que se ingresa. No se gasta nada antes de cobrar. No se pide prestado. Se apuntan todos los gastos. No consideramos punto crítico la bancarrota, sino el empezar a tocar el ahorro. La compra se ajusta al presupuesto y no al revés. Se pide factura de todo (aunque de vergüenza). Se repasan las cuentas dos, tres veces si hace falta. Nunca se paga por otra persona. No se adelanta dinero. Lo más importante es aprender a hacer facturas. Esto es lo más importante del mundo. Las facturas. Quien diga que el dinero no es importantes bien porque le sobra, bien porque te lo debe.

11. Explotar cuando ya es demasido tarde. Aguantar chistes, desplantes, tiranías, comentarios fuera de lugar, faltas al respeto, ausencia de profesionalidad, trabajo de más, horarios locos. Todo esto deja de ser importante cuando tú estallas. Entonces eres una loca. ¿Por qué te has puesto así? Chica, podíamos haberlo hablado. Ya estás temblando y no articulas bien la voz. Esa persona sabe perfectamente lo que ha hecho. Lo sabe desde el principio y es más, lo ha hecho todo deliberadamente así. Pero tú has explotado. Tranquila que nadie dirá que tu reclamación es lícita. Es que tú has explotado. Game over. Tú has explotado. Lo que pase cuando salgas por la puerta, eso sólo lo vas a sufrir tú, porque has explotado.

Botwinnik-Junge

12. Pensar que cualquier exigencia es lícita. Si yo le entiendo, tiene mucha responsabilidad. Bueno, mañana es viernes y yo tengo una cena, pero no te preocupes que la anulo. Ah, sí. Mañana el artículo a las 9, perfecto, no te preocupes. ¿Treinta páginas más? Bueno, es Navidad, pero venga va, lo intento. Podría funcionar para hacer la pelota, pero lo importante de hacer la pelota es que no te obligue a hacer ningún esfuerzo. Esto es otra cosa. Es un servilismo que sólo tiene quien ha crecido pensando que el empleador le hace un favor. No, esto no está bien. Hay mucha gente esperando una oportunidad como la tuya. Los comienzos son duros. Bueno, poco a poco. Todos lo hemos pasado mal al principio. Llevo “al principio” desde que empecé. Tengo ya 37 años. Pero me siguen diciendo que todo es difícil “al principio”.

13. No explicar los problemas e intentar taparlos. Esto es casi una variante de lo anterior. Mira, si yo te hago este texto para las 9 lo voy a tener que hacer de noche. No me va a dar tiempo a revisarlo y va a quedar mal. No lo puedo hacer. No. Siempre se puede. Todos para adelante. Venga que yo puedo. No es para tanto.

Defensa báltica

14. Tener en cuenta las necesidades y circunstancias de todo el mundo a excepción de las mías. Creo que 13,12, 9, y 8 entran dentro de esto. Cuando ha pasado todo esto y he colapsado no ha habido nadie que me comprenda. Sólo han visto el problema que ha sido para ellos. Hablo de colapsos con visitas a Urgencias. Con desmayos, con crisis de ansiedad, trastornos del sueño, depresiones mayores. Hablo de colapsar de verdad. A nadie le ha importado. Yo necesito descansar. Yo necesito dormir. Yo necesito tiempo libre. Yo necesito sentirme realizada en el trabajo. Me cuesta mucho decir todo esto. Pero yo necesito ser tratada como un ser vivo exactamente igual que los demás. Cuando postpones una y otra vez una visita al médico, unas vacaciones, etc. no te dan las gracias. Es tu deber y punto. Pero cuando haya beneficios no los compartirán contigo.

15. Postponer las tareas que odio. Igual que postponer el médico. Oh. Toca hacer esto pero es terrible. No puedo ponerme a leer. Eso estaría mal. Pero no puedo hacer esto tan aburrido. Así que haré esto otro. Vaya, es la una de la tarde. Si empiezo ahora habré terminado a las seis. Pero tal vez sea buen momento para adelantar esta otra cosa. Son las cuatro; si empiezo ahora tal vez haya terminado para la hora de la cena. Es la una de la noche. Hoy no podré dormir. Estoy cansada. Ha sido culpa mía. No lo tenía que haber postpuesto. Siempre igual. ¿Por qué no hago nada bien?

Variante Carlsbad

16. Aceptar sueldos demasiado bajos. Sólo puede negociar quien no tiene necesidades apremiantes. Si te quedas a 0 estás obligado a aceptar las migajas que te ofrezcan. Y mientras luchas para sobrevivir se te escapa la posibilidad de vivir como querrías. Cuando ya eres en esencia un pariah ya nadie te respetará nunca. Eh, tú hacías esto por 50€ ¿no? ¿Por qué no me escribes una serie? Venga, si es divertido. La serie está genial. Pues no. Ganar 50€ no me puede costar 120€. He llegado a escribir artículos por 20€. La peor decisión de mi vida. Llevaba en paro dos años y medio. Sintiéndome un parásito, sin encontrar trabajo en nada mientras respondía a una media de diez anuncios de trabajo al día. 20€ un artículo de unas dos mil palabras. Eso es escribir dos mil palabras. Documentarse antes. Buscar la fotos (sí, la tenía que buscar yo, y que fuera CC). Revisar. Eh, que el artículo esté bien. Moverlo. Si sobrepasa una cantidad de visitas te pagamos 15€ más. Si logro hacer 30 al mes ganaré 600€. Si le restas la retención es un poco menos, pero es peor sentirse un parásito. Eso sí, si pago autónomos ya no puedo. También puedo darme de alta y de baja, pero eso ya es más problemático.

Rey ahogado

Se acaba el dinero. No puedes seguir pidiendo perdón. De todo lo que has dado no has recibido nada de vuelta. Esta soy yo: tengo mentalidad de empleado. Incluso de esclavo. Intento dejar de ser así. Lo intento cada día. He leído libros sobre la asertividad, pero la verdad es que me sería más fácil cortarme un dedo. Cuanto más amable seas más te van a pisar. Si das ciento te pedirán trescientos. Si un día logras una hazaña tendrás que hacer lo mismo el resto de días. Porque lo de amar al prójimo sólo funciona si todos amamos al prójimo; de lo contrario al amante enloquecido le sorben la vida como las arañas drenan a las moscas.

He puesto casos de un montón de trabajos. ¿Sabéis lo que tienen en común todos ellos? Que la gente que he conocido en ellos jamás me ha llamado para hacer ningún trabajo bueno. Especialmente aquellos trabajos que podía haber hecho bien.

La mentalidad de empleado sólo me ha llevado a estar en la mierda. Estos son los errores que he cometido en el trabajo. Intento no volver a cometerlos pero me cuesta mucho. Es difícil cambiar la forma de pensar, sobre todo cuando está tan arraigada. No he querido escribir una artículo con excusas. Eso ya lo puedo hacer yo en mi cabeza. Mis circunstancias personales tampoco pueden serle de ayuda a nadie. Y sobre los aciertos quizás reflexione en otro momento. Tengo muy claro el principal: haber conseguido buenos amigos. Mis amigos son lo mejor que hay en mi vida. Me han querido en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Hay gente en portadas de revistas que no tiene un solo amigo en el mundo y eso, aunque hagas bien todo lo demás, es la peor condena en vida.

Pero si me estás leyendo y empiezas a trabajar, por favor lee esto una y otra vez. Es todo aquello en lo que yo te puedo ayudar. Ya se eso de que “La advertencia es una forma de nostalgia. Y darla es una forma de separar el pasado de lo inútil, quitarlo de enmedio, retocar las partes feas y reciclarlas por más de lo que valen”. Pero de verdad, ojalá alguien me hubiera dicho todo esto de golpe explicándome que cada pequeña cesión es una derrota. Porque todo en esta vida es como en el ajedrez. Qué pena que pese a gustarme tanto jugar siempre se me haya dado tan mal.

jaque mate