Voy rumbo a mi nueva y mejorada vida

Mi cruz de navajas

Después de varios años de matrimonio y trabajo duro, las cosas no estaban saliendo bien en términos económicos; lejos de ahorrar y acumular riqueza, me había acostumbrado a tomar malas decisiones financieras, adquirir deudas y gastar más de lo que ganaba. Mi matrimonio se empezó a ver afectado, por pasar crisis tras crisis, esperando ansiosamente el fin de mes, para hacer algunos pagos, comprar alimentos y darnos uno que otro gusto. Mi esposa desesperada añoraba los primeros años de noviazgo y de casados, donde salíamos a pasear los fines de semana y a cenar a restaurantes. Tampoco sentía tener libertad para manejar su propio dinero, ya que no trabajaba y se dedicaba por entero al cuidado de nuestros tres hijos. Llegamos a un punto tan bajo que yo no podía darle una cantidad fija de gasto mensual, sino que le daba cantidades variables cada día, dependiendo de cuanto tuviéramos o pudiera yo conseguir. Nuestros familiares cercanos se cansaron de prestarnos y las instituciones bancarias en las que teníamos deudas nos perseguían constantemente reclamando sus pagos.

La crisis también llego a nuestra habitación, dejo de haber atracción y deseo entre nosotros, pasando a tener relaciones eventualmente y sin que ambos estuviéramos del todo satisfechos. La comunicación estaba fracturada desde antes, con verdades a medias y falta de confianza. Pero aun en esa situación, yo consideraba que estábamos unidos por nuestro amor de pareja y el amor a nuestros hijos. Mis esfuerzos y esperanzas estaban en conseguir un mejor empleo, montar un negocio exitoso y pagar las deudas, ahorrar para cumplir nuestros sueños de tener una mejor casa, un automóvil, viajar y poder vacacionar con mi esposa y mis hijos. Pero todo salía mal, el trabajo mejor nunca llegaba, los negocios fracasaban y las deudas aumentaban.

Hasta que mi esposa se quebró definitivamente, no soportó más la situación y empezó a buscar escapes, nuevas experiencias. Se inscribió en un equipo de fútbol los días sábados. Empezó a frecuentar nuevas amistades, decidió salir a bailar y divertirse por su cuenta, se volvió adicta a las redes sociales y finalmente sucedió que empezó a interesarse en otro hombre. Alguien más joven, con dinero y tiempo para dedicarle a ella. Empezó como una amistad pero en pocos días fue escalando hasta que ella me pidió que nos separaramos.

Creí que era una pelea más y que podríamos resolverla, pero en poco tiempo me di cuenta que estábamos en la mayor de nuestras crisis. Reaccioné, me acerque a ella, utilicé mis recursos, pero lejos de ceder ella fue reafirmándose en su postura, paralelamente iba acercándose mas a el tipo que había conocido y que estaba haciendo todo lo que ella quería para conquistarla. Yo me enteré hasta que ella ya no pudo ocultar mas la situación y me lo confesó indicando que no era una relación seria, pero que le gustaba alguien más.

Sin embargo me dijo que estaba confundida y no sabía por quién decidirse. Yo guardé aun esperanzas y traté de luchar por su amor. Eso hizo que cuando descubrí varios de sus mensajes en el teléfono donde se hacia obvio que la relación ya estaba avanzada, mi mundo se derrumbara. No le dije nada de los mensajes que pude ver, pero tomé la decisión de alejarme y dejarle el camino libre. En menos de dos días, ella dio a conocer su nuevo romance a su familia ya amigos, dedicando a partir de ese momento su energía y amor totalmente a su nueva pareja.

Los siguientes fueron días de dolor, insomnio, presión arterial elevada y llanto para mi. Sentí mucho odio, rencor, nostalgia, tristeza y rabia. Pensé en matarme o matarlos a ellos. Pero gracias a Dios, solo fueron pensamientos fugaces. No está en mi naturaleza ni en mi identidad hacerle daño a los que me han hecho daño. Duele perder no solo a la mujer que compartió casi diez años de mi vida y estar separado de mis adorados hijos. Duele profundamente.

Ahora, mi energía esta enfocada en recuperarme, en superar estos problemas económicos que siguen. Busco rehacer mi vida y decidir el rumbo que va a tener. Varios amigos me han consolado y apoyado, ese cariño es invaluable.

Cada día avanzo un poco. Vivo el momento y me preparo para el futuro brillante que me espera.

Escrito por: Javier España

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