Carrera 7 arriba

Andar en Bogotá es una actividad de cierto riesgo. Aparte de las busetas que echan un humo negro que se te acaba metiendo por los poros, está el hecho de que los vehículos ocupan físicamente toda la calzada, y si pones el pie fuera de la acera un solo momento te arriesgas a que el Transmilenio te lo deje chafado. Tampoco hay pasos de cebra en las calles laterales. O sea, mira a todos sitios, vuelve a mirar, y cruza sólo cuando veas que alguien con aspecto 100% rolo está cruzando.

Y aparte, las distancias. Las carreras atraviesan Bogotá de norte a sur, y la carrera 7, que es la que nos ocupa, puede tener decenas de kilómetros. Pero recorrerla un viernes por la noche puede merecer la pena. Hasta ahora había ido siempre en vehículo y había vislumbrado los graffiti, y la vida, que ahí se respiraba. Así que decidí recorrerla este viernes por la noche, apenas hace una hora.

“¿Dónde vas, loco?” puedes pensar. Colombia es muy diferente de la imagen que tenemos de ella. No sé si hay sensación de inseguridad o no. En cada esquina hay un guardia de seguridad, algunos con perro. Y cada dos o tres un coche de policía. Eso crea sentimientos encontrados. Por un lado, qué guay, cómo protegen y eso. Pero por otro lado, si no hubiera nada que proteger, ¿qué diablos hacen ahí de plantón toda la noche? Que usen alambradas tipo concertina encima de las vallas de muchas casas tampoco es que ayude mucho. Eso sí, uno querría estar dentro de una de ellas si hay finalmente un apocalipsis zombie.

Las tres gracias en un mural. Y gente paseando a su aire.

Pero, de hecho, se ve mucha gente paseando sola, gente con su perro, gente haciendo botellón en medio del parque y colocados de tal forma que parecía que estaban haciendo taichi o en un mitin o algo, y gente en todo tipo de locales donde la insonorización o es muy deficiente o simplemente no preocupa. Hay todo tipo de locales y unas tres o cuatro universidades en el tramo de la carrera 7, desde la 35 hasta la 65, que he recorrido.

Restaurantes, creperías, y un local dedicado exclusivamente a los patacones.

Si quieres saber más sobre hábitos alimentarios del santafereño, échale un vistazo a mi historia anterior sobre comer en Colombia.

También locales de candidatos al senado, el concejo y la cámara. Porque hay elecciones en breve y la mejor forma de llegar a la calle es estar en la calle. Hay locales en los centros comerciales, de tantos partidos que es difícil averiguar de un cartel al siguiente de qué partido se trata. Colores y logos se reparten de forma extensa.

Mural con candidatos al senado.

Pero en algunos casos, además, combinan la política con el arte urbano, creando ejemplares como el que tenemos arriba.

No es el único graffiti que hay por allí.

Más sobre graffiti en el artículo sobre graffiti en-Bogotá que publiqué hace unos días.

Casi en cada manzana hay alguno y en algunos casos bastante notables. Me quedo con el maestro DJLU que nos ofrece esta pieza a la altura de la 50 o así.

Nadie gana, por DJLU

DJLU combina un imaginario de personas reales con un mensaje político en contra de las armas, representadas a veces por insectos, como la violencia que no puede ser erradicada. Uno de los más prolíficos y una de las razones por la que hay que visitar Bogotá, o volver a ella.

Y no he mencionado los otros dos artículos de la serie, Bogotá en una cáscara de nuez y Por amor al comercio, a los que les puedes echar un vistazo si quieres.

Mañana me despido de Bogotá. Al menos hasta la próxima. No prometo artículo, pero tampoco digo que no vaya a haber.

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