26 de Septiembre, Cavernícola

Contar chistes es una magia que he perdido, recuerdo como de pequeño las personas me decían que al contar chistes me emocionaba bastante y los actuaba de una manera muy extraña, especial. Que bonito era contar un chiste y sacarle una risa a las personas y más chingón aún tener la oportunidad de reír con ellas. No se, me agrada la gente que encuentra la risa de manera natural y sencilla, es gente sin estrés mental, sin compromisos que le hacen sufrir, gente que se puede desconectar y concentrarse únicamente en poner atención a una historia sobre temas tan simples que al final, con suerte, te van a iluminar la cara y te harán sentir una liberación de energía positiva muy divertida. Los chistes deberían de ser contados más seguido y con más ánimo. Tal vez, debería de ser una enseñanza básica de convivencia social. “Aprender a contar un chiste y aprender a reírte al final”, no cabe duda que los chistes son una joya que sirve como bomba de alegría. Cuenten todos los chistes que se sepan y si nadie ríe, entonces ayúdenles a despejar la mente. Un gran servicio social.

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