2019: las Redes Sociales en mi bola de cristal

Como muchos de vosotros sabéis, cuando llegan estas fechas me da por desempolvar mi bola de cristal, enchufarla y ver cómo se presenta el futuro. El año pasado anticipaba en Forbes cómo veía 2018 en varios campos y hoy me atrevo a vaticinar el futuro de las Redes Sociales y el Social Media porque no, no volverán a ser cómo hasta ahora. Ya tenemos históricos de dónde sacar datos y salta a la vista la hiper adicción a los móviles que tienen los adolescentes y tenemos muchísima información de sus patrones de consumo de apps. Muchos de ellos son conscientes de su ‘enganche’ y tratan de ‘curarse’ y reducen el uso de plataformas más ‘antiguas’ como Facebook, Twitter, e incluso Instagram y utilizan otras basadas en la comunicación entre pares y el vídeo.

La confianza perdida: esa idea que tenían algunos de que la red social de turno sería el centro de nuestras vidas y ahí podríamos consultar incluso las noticias que los medios de comunicación publicarían directamente en ella se ha desvanecido por culpa de las fakes news y la gran facilidad para manipular y posicionar a los usuarios, lo que ha generado cierto miedo y desinterés, especialmente en Millenials, que empiezan a superar ese consumo digital sin sentido y la Generación Z que prioriza el consumo de contenido en vídeo. Sin duda una mala noticia para las plataformas basadas en alimentación algorítmica, en la que se agrupan las noticias personales, las noticias… y el spam, que pueden estar llegando a su fin.

Facebook, que acaba de tener otro problema de seguridad que ha comprometido otros 29 millones de cuentas, está buscando en el Blockchain la solución a sus problemas de confianza.

En términos de Marketing, según el informe bianual de CMO’s, el gasto en Social Media representa el 13,8% del presupuesto total de Marketing de las marcas, pero un tercio de éstas no puede demostrar el retorno de la inversión. La publicidad digital no logra la sintonía deseada con los consumidores y las experiencias digitales son anticuadas y poco o nada innovadoras. Siguiendo con esto, ojo a este dato: sólo el 24,7% de los profesionales de Marketing Digital sugiere que es capaz de demostrar su impacto cuantitativamente y casi un 40% no puede demostrarlo.

Los embudos de conversión efectivos en estos medios son realmente difíciles de realizar y marcas pequeñas, que sólo quieren una pequeña parte del pastel, tienen que lidiar con las no siempre claras normas de Facebook y Google que ponen complicado, muchas veces, el llegar a los clientes objetivos.

¿Qué nos espera entonces? Pues no lo tengo claro, pero espero que todo lo ocurrido nos traiga entornos más equilibrados, seguros y satisfactorios. La adicción a este tipo de plataformas y apps está en punto máximos históricos pese a, como decía, haberse generado bastante desencanto por parte de los usuarios. Por otro lado, las marcas están dispuestas a aumentar sus presupuestos en Redes Sociales, ya que tampoco hay mejores alternativas. Los anuncios han matado la experiencia del usuario en las plataformas y esto traerá un mundo digital ‘más retorcido’.

La falta de ética, la política rastrera, la desinformación y el abuso en la ‘recolección’ de datos de ciudadanos y usuarios están provocando un claro incumplimiento del contrato social, lo que a la larga incluso puede afectar al control y nivel de vida de los ciudadanos aumentando costes que traigan consigo reducciones de inversión y, por tanto, caída nuevamente de la innovación.

La disminución del uso de Facebook indica una internet insegura, manipulada y, por tanto, corrupta. Hemos pasado de compartir en exceso a consumir en exceso y ahora empezamos a pasar de todo. Hay caída de usuarios activos.

Quizás Snapchat resucite y le gane terreno a Instagram entre los adolescentes. Los Adblocks se están utilizando más que nunca, lo que provoca que muchos anunciantes le estén regalando el dinero a Google y Facebook. Sí, a cambio de unos anuncios que no verá nadie. La obsesión del ‘influencerismo’ hace que la gente ‘hackee’ algoritmos y haga todas las trampas posibles por conseguir su minuto de gloria y su fotito en tal o cual evento ‘cool’ con ese bolso que tanto mola. Y las marcas siguen el juego contactando con, incluso adolescentes, para que publiquen sus posts hablando de ellos creando lo que podríamos llamar un mercado negro de spam influyente.

O permitir el uso de bots para que nos quiten tiempo de dedicación a las redes a cambio de una comunidad absurda en la que bots hablan con bots, se ponen likes, hacen follow-unfollow y nosotros no nos enteramos de nada y las marcas no son capaces de llegar a su público pese a haber recibido un like de parte de éste porque según parece le ha gustado lo que ha publicado. Sí, una comunidad absurda.

Sí, algo falla y esto se muere. Las marcas están sobreestimando a sus comunidades e influencers apoyándose en métricas de vanidad de dudosa credibilidad. Y es que basar el éxito en crecimiento de usuarios únicamente está pasando factura ya que tiene poco de real y nada de cualitativo. Sí, ya véis. Algo falla. De hecho, según un estudio de eMarketer, la mayoría de los usuarios de internet de Estados Unidos, de entre 12 y 17 años, nunca utilizarán Facebook.

Pongamos orden, que impere la credibilidad, la naturalidad y la cordura y no permitamos que todo el potencial de estas plataformas se utilice para utilizarnos como mercancía, ensalzar nuestro ego con ‘likes’ y que nuestra existencia se vacíe de cuentos, historias, aventuras… y vida.