Aquellos veranos…

José Luis Casal
Aug 26, 2018 · 4 min read

Me estoy haciendo mayor. Tengo la impresión de que han ido pasando los años y con ellos la consistencia de los veranos.

Antes, cuando mis padres eran niños, el tiempo estival era como un paréntesis real, todo quedaba suspendido en el tiempo y tenía vida y reglas propias. Los padres se quedaban en la ciudad trabajando, ejerciendo de ‘Rodríguez’ y las madres, ejercían su cargo con pulso firme en las casas de veraneo junto al mar ataviadas con esos vestidos de algodón abotonados por el frente.

Los niños tenían un objetivo. Uno solo. Hacer el vago, siempre y cuando hubiesen sorteado su principal amenaza: los deberes del verano.

Eso sí, antes de partir al destino escogido, el rito: tapar con sábanas blancas los muebles del salón, el comedor… ¡qué de polvo había en aquellos tiempos!

Se iba a la playa a jugar al fútbol. La obligada siesta y nada de bañarse antes de que pasasen las dos horas de rigor después de la comida. Y por la noche, paseo al fresco y en caso de proyección, ‘cine na rúa’ y pipas.

Ha llovido mucho desde entonces y nuestras vidas han cambiado, quizás a peor. Yes, very well: campamentos de verano en Inglaterra para aprender inglés, en los que la variedad de nacionalidades hacía que volvieses sabiendo decir tacos en todos los idiomas y poca conversation en inglés.

Según vas cumpliendo años, te vas buscando la vida en vacaciones. Como esas escapadas en el coche del padre del primero en cumplir 18 y tener carné, o con el que tenía título de Patrón, en el barco del pariente de turno. Eso sí, ejerciendo de mayores, que no se notase nuestra inexperiencia y falta de conocimientos y recursos. Aventuras, desventuras, risas, ligues y amoríos, batallitas, sustos… y todo a ritmo pausado y sosegado. Sin móviles, sin geolocalizarse cada cinco minutos. Disfrutando de lo que nos rodeaba, de quienes nos acompañaban y de lo que nos ocurría. ¿Fotos? Alguna, muchas, desenfocadas. ¿Y qué? ¿Qué mejor que #sinfiltros?

Especial mención las fiestas de los pueblos, con sus romerías, comidas y largas sobremesas, verbenas. En mi caso, Caneiros, o Globo… la Banda, mi Banda; y antes Feira Franca Medieval… Momentos únicos de reencuentro entre los que se quedaron en el pueblo y los que se fueron y vuelven por vacaciones. ¿Qué más se puede pedir? ¡Qué risas!

Y todo esto ha ido desapareciendo. El concepto de veraneo como descanso ha dado paso a un cambio del estrés del trabajo por un estrés ‘distinto’. Campamento de tenis, otro de pádel, clases de vela, safaris… todo con horarios programados, ¡no te despistes! Un no parar, con un único fin: tener ocupados a los más pequeños, que para eso están en casa algo más de dos meses y muchos no saben qué hacer con ellos (lo sé, el modelo actual tampoco ayuda), y si ya son un poquito mayores, sus escapadas se eligen en función del mejor o peor impacto en Instagram de lo que allí vivan. Estamos locos.

El caso es que yo soy más de escapadas puntuales, sin regirme por fechas concretas, aunque entiendo que toque adaptarse, buscando lo que nos apetezca ver, conocer, en cada momento. He tenido la suerte de viajar y conocer mucho, pero por pedir que no quede. Así como caprichos, no estaría nada mal…

Cruzar el Atlántico desde Southampton a Nueva York en el Queen Elizabeth o el Andrea Doria tomando el sol en cubierta tapado con una manta de esas bordadas que pone Cunard Lines y luego disfrutar de una cena en la mesa del capitán con el correspondiente esmoquin. Pena que ambos trasatlánticos yacen en el fondo del mar.

Tampoco estaría mal perderse por Alaska o por el norte de Noruega con un trineo y sus perros. Alejado de la civilización buscando reencontrarse a uno mismo sin más compañía que una Moleskine y una Leica. Ah! y un buen teléfono vía satélite por aquello de avisar a la avioneta que ha de recogerte y algún que otro experto cazador para que mantenga a buena distancia a los osos, lobos...

¿Y qué me decís de subirse al Transiberiano en Moscú y pasadas varias semanas, después de parar en varios lugares de Siberia, Kazajastán, Mongolia… bajarse en Vladivostok?

Y sí, firmaría ahora mismo por un viaje turístico por el espacio en el Virgin Galactic de mi admirado Richard Branson.

Ya veis, todo maravilloso, pero a cambio de un suculento premio de la Lotería. ¡Qué cosas! Esa a la que no juego.

José Luis Casal

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Designing Better Business for a Better World. Advisor OpenExO, Bookker & Taalentfy. #CMO #CIO #Marketing #Estrategia #Innovación #ExO. Eterno Aprendedor

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