Historias de invierno

De nieve, hielo, árticas, antárticas, ficción o basadas en historias reales. ¡Todas!

Todavía recuerdo una de las primeras que pasaron por mis manos. La del capitán Hatteras, del visionario Verne, que se lanzó a la aventura de conquistar el Polo Norte. Una aventura apasionante, apta para adolescentes y que recomiendo leer de adultos, que narra las peripecias de este hombre y su tripulación, dividida al varar el Avante en el hielo. Una historia dura, en la que antepuso la ambición infinita a la supervivencia de los demás. Prefirió conquistar el polo, algo prácticamente imposible en aquellos años, que salvar a sus hombres.

Decía ‘del visionario Verne’. Y es que cincuenta años después, una historia real. El fracaso más glorioso y exitosos de todas las aventuras polares: el Endurance y su capitán de expedición, Ernest Shackleton. Para empezar un Emprendedor de los pies a la cabeza: consiguió financiar su costosísima aventura vendiendo los derechos de la historia y las fotos a la prensa británica y norteamericana.

Como Hatteras, Shackleton se encontró al Endurance varado por el hielo debido a que el invierno se adelantó. Fracasó y no pudo conquistar el Polo Sur con trineos tirados por perros. Tuvieron que comérselos. Parte de su tripulación vivió en el hielo, y la otra parte, con él al mando, trataron de realizar una misión de salvamento suicida, en la que demostró ser uno de los mejores líderes de la historia. Con las cuadernas del Endurance que el hielo iba rompiendo, lograron construir una pequeña embarcación de vela y así comunicar la situación de los marinos en aquella isla de hielo situada cerca de la Antártida y que así pudieran ser salvados… TODOS.

¿Queréis más nieve? La encontraréis en cantidades industriales en Doctor Zhivago, una gran novela, también por extensión, y una nada despreciable película. También, más cerca de nuestros días, la tenéis en Fargo, tanto la película como la serie de los hermanos Coen. Una historia de asesinatos alrededor de un secuestro… Y ya para los más pequeños, no puede faltar Frozen. Sus canciones pegadizas contagiarán a todos, y más de una las cantará por toda la casa protegiendo la melodía con sus ‘piniculares’.

En fin, ya veis, el frío se presta a la lectura, al cine y a la televisión. Sofá, mantita y la mejor de las compañías, por favor. El frío invita a que seamos durante unas semanas un poco más nórdicos de lo que solemos ser.

¡Feliz invierno… Siempre!