¿Los libros son para el verano?

Y llega el verano, esa época en la que todo el mundo dice leer mucho y se hacen fotos en el borde de la piscina con un libro entreabierto sobre su regazo al sol. Es como si en verano fuese obligatorio leer. En tal caso, creo que en invierno también debería ser obligatorio. Y en otoño, y en primavera… ¿no? Pero bueno, se ve que nadie dice nada de la conveniencia de la lectura cuando se tienen otras obligaciones. Aunque todos deberíais saber que acudir a vuestros trabajos sin haber leído es como ir cojos, algo ciegos y con las ‘entendederas’ a bajo rendimiento.

La verdad es que no leo mucho’ equivale a un no leo nada de nada. Quizás se evada de la realidad enchufado a la televisión enganchado a una serie de culto en Netflix o HBO. No quiero parecer pedante si afirmo que leer es una obligación intelectual, y además, tildarlo de obligatorio, pasaría mi comentario de obvio a castigo. Así que, cuando no tengáis nada mejor que hacer… leed.

Ver noticias en las que se dice que cada vez se venden menos libros hace que me eche a temblar. Me entra incluso cierto miedo por ver hacia donde nos dirigimos. Me queda el consuelo de que durante el invierno leemos muchos más tuits y en verano todos llevamos algunos libros en la maleta para ponernos al día. ¿Cuántos vais a leer? ¿dos? ¿tres? ¿diez? Quizás ninguno, porque si nos echamos a la mar en una tabla de surf, la cosa se complicará. Que sí, que hay tiempo para todo, o no, porque ¿cuántos días de vacaciones tendréis? ¿Y qué velocidad de lectura tenéis?

A unos días de irme de vacaciones, me imagino una maleta solo para mis libros, aunque quizás tire en parte de Kindle para evitar que me miren mal.

¿Y qué leer en verano? Podría decir que tirar de novelas estaría fenomenal, pero mi gusto se ha ido desviando inevitablemente hacia lo necesario. Aún así me atrevo a diseñar el que sería un ‘escenario ideal’ para mi.

Las relecturas. Y es que hay libros que a todos nos han marcado, que nos han maravillado, que han aportado a nuestro sentido crítico, a nuestro gusto… y a nuestra personalidad. No debemos perderlos de vista y echar mano de alguno de ellos en verano.

Miguel Strogoff es uno de los que forman parte de mi vida. Una fantástica obra de Julio Verne que me introdujo en las novelas históricas y en la locura de las lealtades. El Principito, de Exupèry, con nuevos aprendizajes cada nueva lectura que hago de él. Momo, la historia de Ende, y que hace unos días mi compañero Luis encendía de nuevo en mi mente, que habla de una niña que sabe escuchar a los demás y les ayuda a humanizar sus vidas.

Como la cabra tira al monte, me dejaré atrapar de nuevo por Los Alquimistas de Neil Irwin, para tener bien presente lo que ocurrió y detectar las señales de alarma y evitar que suceda de nuevo y, ya que estamos, vuelve a mi maleta una fantástica biografía, llena de aprendizajes, lecciones… y sorpresas: Open, de Andre Agassi. Para completar la selección de ‘relecturas’, HumanOffOn de Andy Stalman, un must para entender quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

Escogeré dos, sobre la marcha, y los leeré de principio a fin, terminándolos por puro placer y con el premio de poder leer dos o tres libros a la vez.

¿Novedades? Pues me llevo Scenes of my life, de John Le Carré. Una interesante colección de historias que son fuente e inspiración de muchas de sus novelas. También me llevo una, dicen que muy divertida, Pequeña Historia de la Religión, de Richard Holloway y una pequeña perla que he encontrado de segunda mano: ¡Gracias! de cómo la gratitud puede hacerte feliz, de R.A. Emmons. Ya os contaré qué tal.

Sí, quizás parezca de locos, pero se hará lo que se pueda. Intentaré elegir los momentos más amables y relajados del día. Quizás cuando empieza a caer el sol, en algún rincón fresco del jardín y, ya puestos, donde se vea el mar. Después de comer ni me lo planteo, demasiado calor… y modorra. Una buena hora para retomar es al acostarme.

Y un aviso y consejo para navegantes, cuando lleguéis a la cala elegida, una vez fondeados, y cuando vuestros acompañantes salten al agua, sacad ese libro del bolsón de playa y disfrutad de su lectura en secreto.

El placer de la lectura es lo que tiene, convertirse en el mejor remedio para curarse de la vida… siempre!!!