… Pasa a mi despacho!

José Luis Casal

¡Año nuevo!

Sí, los que me conocéis ya sabéis que para mi el nuevo año comienza con el nuevo curso, que casa más con la ‘vuelta al cole’ y arranque postvacacional que con unos turrones y una docena de uvas.

La gente abandona bermudas, tirantes, bañadores y bikinis y toca volver a la corbata, la bermuda se convierte en pantalón, la pluma vuelve a sangrar tinta, y las camisas con bolsillo (qué mal) de algunos se llenan de bolígrafos (qué mal del todo).

… Y el chiringuito se transforma en despacho. Ya nada de tumbonas y hamacas, toca arrellanarse en el sillón de respaldo, en el mejor de los casos reclinable, poner las manos sobre la mesa y esperar a que aparezca el primer expediente o suene la primera llamada de la temporada. ¿Horrible? Pues mira, a lo mejor no… cuando a uno le apasiona lo que hace…

Y es que hay despachos de todo y para todos: frío, funcional, confortable, ultramoderno, cálido o, también, un desastre. Puede tener incluso plantas, más o menos secas, y… una colección de fotos de la familia que, bueno, lo dejo para otro día. Puede ser en lo alto de un rascacielos, todo acristalado, y desde el que divisar toda la ciudad. Eso sí, cuenta con que tendrás a un hombrecillo colgado desde el tejado limpiando los cristales.

Hay despachos de diseño, con muebles angulosos de madera clara y acero, que si el ocupante tiene un poco de nivel, guardarán una joya en forma de mueble de caoba de extrema belleza o alguna pequeña escultura o pintura de algún artista consagrado.

No faltarán los cubículos que ocupan toda una planta. Separados por mamparas de media altura, por encima de las cuales podemos ver al que trabaja, al que whatsappea como un loco o al que busca Pokemons en la oficina.

Pero siento deciros que todos lo que he descrito hasta ahora no son despachos. Ni siquiera la enorme pecera en la que pasa horas y horas el jefe supremo.

No, lo siento. Así como ‘un plato es un plato y un vaso es un vaso’, un despacho… es un despacho.

He tenido varios a lo largo de mi vida: internos, externos, con buenas vistas y con ‘mejor no tener vistas’… para mi solito, compartido… en algún caso, el cambio incluyó gratuítamente un curso de humildad, comparando de dónde venía y hacia dónde iba, pero todo sea por progresar y avanzar como persona.

Y hay despachos que te marcan. En el podium situaría sin dudarlo:

· El Oval de la Casa Blanca.

· El del Elíseo de la época de Mitterrand.

· El mío.

Sí, quizás habría que incluir los enormes y poco funcionales despachos del Kremlin o el del Papa, poco sobrio, por cierto, pero no quería incluirlos en un ranking y situarles después del mío.

Del Oval poco hay que decir, todos sabemos como es. Banderas, mesa del Presidente, rosas a la espalda, la puerta a la izquierda para que puedan acceder secretarias y colaboradores más cercanos, dos sofás donde reunirse de forma más informal… Sí, lo hemos visto infinidad de veces en televisión, desde informativos de lo más serios a dibujos animados. Y todos sabemos que la persona que se sienta detrás de esa mesa es la persona más poderosa del mundo. ¿Cambios? Yo no tocaría nada. Seguramente Trump, se muere de ganar por colocar una foto de su torre de Manhattan encima de la chimenea y tres chicas rubias en minifalda, posiblemente serbias, que serían las encargadas de custodiar las puertas de acceso al despacho. La foto oficial, permitidme que se me vaya un poco más la ‘pinza’ la imagino con él subido a lomos de una bomba atómica como Dr. Strangelove. En fin… no sé.

El mío es sencillo. Mesa de bambú, rodeada por una biblioteca que no deja de crecer. Sano vicio confesable. Mi colección de libretas, lápices con goma y Lamys; las Moleskine de mi vida que tanto saben sobre mí… También alguna foto de quien tengo lejos, muy lejos y Quiero. Quiero tener presente y Quiero con locura. También algún premio, regalo, trofeo, o como lo queráis llamar… Alguna joya en forma de icono del diseño de los de verdad. Detrás un sofá para relajarme y leer. Un equipo de música de los buenos y alguna cosa que está por venir.

¿Qué queréis que os diga? Sin duda es el que más me gusta de todos. Paso en él horas sin cansarme. No hay nada repujado. Nada de lujos. Nada de ostentosidades. Es un escondite de cariño, Pasión, Ilusiones… y de mi. Sin duda, mi despacho, es un despacho.

Feliz vuelta al cole y recordad que el genio comienza las grandes obras, pero sólo el trabajo las acaba… Siempre!!!

José Luis Casal

Written by

Designing Better Business for a Better World. Advisor OpenExO, Bookker & Taalentfy. #CMO #CIO #Marketing #Estrategia #Innovación #ExO. Eterno Aprendedor

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