Vamos demasiado rápido y no sabemos hacia dónde

José Luis Casal
Nov 18, 2018 · 3 min read

El otro día, fruto de la calma y la tranquilidad en Around, uno de los pocos ‘oasis’ que permiten un paréntesis en la locura de la gran ciudad, publicaba en mi Instagram una ‘storie’ en la que decía que ‘hemos desaprendido a vivir. El país de la siesta y la cordialidad es ahora un infierno de gritos exaltados de nerviosismo permanente, de ira a flor de piel y, sobre todo, de aceleración máxima’. Y es que vivimos como si el mundo estuviera a punto de acabarse, y no quisiéramos utilizar sus últimos momentos para celebrar la vida, sino para agudizar las tensiones, las prisas con las que hemos malvivido. Y no sé puede que esta desazón dependa del hundimiento de una parte importante de nuestra cartera de valores por los problemas de la banca, la subida exacerbada del precio de la electricidad, la idea de que nuestro coche ha de ser más veloz que seguro, más aparatoso que funcional.

Desdeñamos lo que antes considerábamos virtudes. No queremos templanza sino virulencia. Alguien tiene que pagar. ¿El qué? No lo sabemos, pero alguien tiene que pagar. El mundo está en deuda con cada uno de nosotros. Como en los tiempos feroces de los actos de fe, cuando la turba se reunía en torno al fuego donde quemaban públicamente a la bruja, nos amontonamos en las puertas de las comisarías y los juzgados para aullar como bestias heridas cuando pasan esposadas personas que no han sido siquiera condenadas. ¡A por ellos! Como en el circo romano, preferimos los espectáculos en los que la turba juzga y decide sobre aquel que se haya atrevido a ser diferente.

Mirad a vuestro alrededor. Nos cuesta sonreír. A lo sumo podemos reír a carcajadas, no de una gracia, sino de una desgracia ajena. La envidia vuelve a ser la reina de nuestras mentes. Todo es urgente. El móvil nos recuerda a cada instante, con sus ridículos sonidos pseudosimpáticos, que acaba de sonar una alerta a la que no podemos dejar para luego. Cualquier bobada que lance alguien por las redes sociales nos reclama con la misma premura que si nos anunciará algún cataclismo. No podemos resistirnos a su llamada de atención. Vivimos así, de sobresalto en sobresalto, Todo es importante, trascendental, necesario. Ahora mismo. Al instante. Y lo primero que por el camino de las prisas hemos perdido es ni más ni menos que el momento presente. El ahora. Ese instante que es lo único que tenemos y, al mismo tiempo, el único fragmento del tiempo en el que no hemos conseguido vivir desde hace… ¿cuantísimo tiempo? En ‘modo turbo’, ¿cómo podríamos dedicarle un momento al presente? Imposible.

Hay que calcular el futuro, preverlo. Hay que darle vueltas al pasado, resolver ese nudo gordo en el que se ha convertido nuestra vida. Estamos atascados. Hay que seguir. Adelante, adelante. Deprisa, deprisa. El otro problema es que nos hemos convertido en seres multitarea, capaces de hacer alrededor de veinte cosas al mismo tiempo… pero ninguna bien.

Y somos incapaces de no hacer nada, pero lo que se dice absolutamente nada. De estar parados sin pensar siquiera, abtraídos o distraídos. Dejando que la mirada se pierda sin fijarse en ninguna cosa en particular, mientras el espíritu divaga o ni siquiera eso. Estamos haciendo algo, pero nuestra cabeza está adelantándose a los acontecimientos como un jugador de ajedrez que siempre tiene que andar calculando lo que ocurrirá dentro de ocho jugadas.

Y no me pregunto a dónde vamos a parar porque nadie va a poder parar todo esto. Me parece que no. Ni hay un dónde ni un cuando para parar. Eso de parar no va a ocurrir. No entra de nuestras previsiones. Tenemos mucho que hacer. Piticling hace nuestro móvil de nuevo. Qué bonitas suenan las melodías. Qué detalle activar el vibrador para no molestar. Vaya, ha bajado la bolsa otra vez. Ufff, el petróleo de nuevo por las nubes. Terremotos no sé dónde. Alquileres por las nubes. Súper fichaje de tal o cual equipo… Importante, importante… En fin, sigamos… Piticling La mujer de Roberto ha tenido un niño. ¿Quién es Roberto? ‘Na’, un contacto de Facebook, ponle un like, ¿Pero quién es Roberto? En fin, vuelvo a mirar la carretera. Acelero que no llego.

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Designing Better Business for a Better World. Advisor OpenExO, Bookker & Taalentfy. #CMO #CIO #Marketing #Estrategia #Innovación #ExO. Eterno Aprendedor

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