El atrevimiento

19 agosto


Juan L. Cudeiro

El triunfo requiere casi siempre mudar enviciadas rutinasy tomar un sendero desconocido e incómodo. Quique Setién, un radical, habló nada más llegar a Lugo con los zagueros del equipo. Les pidió que reclamaran la pelota al portero, la sacaran jugada y desterraran el desplazamiento en largo para dividir su disputa. Encontró miradas de incompresión. Curtidos en campos de Segunda B o Tercera, en canteras con técnicos amigos de atajos, del grito y del cuerpo a cuerpo, jamás les habían invitado a nada semejante. Superado el estupor, uno de ellos atinó a preguntar qué ocurriría cuando perdiera el balón en una zona sensible, el rival marcase y arreciasen los abucheos de la grada. “La culpa de ese gol, y de los que vengan así, me la apuntaré yo”, le replicó Quique. Han pasado el tiempo y los centrales. Al Lugo no le va mal, por más que su estilo esté ya tan marcado a fuego que en ocasiones le haga previsible y convierta algunos partidos, como el del sábado ante el Numancia, en un trasiego más horizontal que vertical. Y ahí Setién redobla su apuesta: pide lucidez y osadía. El éxito es para el descarado. “Fue lo suficientemente atrevido para creer que podía cambiar el mundo y lo suficientemente talentoso como para conseguirlo”, glosó Barack Obama en la muerte de Steve Jobs. Tipos como Setién apuestan por cambiar lo establecido, no estaría de más disfrutarlo.

Con otros matices, Fernando Vázquez va en esa línea. Pocos pueden presentar su currículo transgresor: partió de aulas de adolescentes y llegó a vestuarios de futbolistas profesionales. Quizás por eso no se recata en tender puentes entre ambos mundos. Pero Vázquez pone sus condiciones. Pide talento, pero sobre todo inteligencia y capacidad para conocer el precio que exige llegar a ser ganarse la vida con el fútbol. Ese coste tiene que ver con el sacrificio para sobrellevar sus extenuantes entrenamientos, con mejorar cada día lo hecho el anterior, pero sobre todo con un carácter intrépido. Lo identifica en el lesionado Lemos, que no duda en insistir y encarar, y desde luego en Bicho, que empieza a marcar el camino de la ilusión para tantos canteranos. O en Luis Fernández, que se fue a por la pelota en Las Palmas para ejecutar la primera opción a balón parado. Quería un grito de Insua, apocado y maduro, un golpe en la mesa que llegó con el gol en Gran Canaria. Antes de partir del Camp Nou le preguntaron a Guardiola qué distinguía a la cantera del Barcelona de otras. “Aquí nos atrevemos a ponerlos”, zanjó. Vázquez se atreve. Lo hizo desde que con el descenso de cuerpo presente pidió fortaleza a la gente para recorrer un duro camino. Esa ruta supone asumir errores y renuncias. Quizás por ahí, por reconocer que tipos como Bruno Gama no dejan el equipo por culpa del empedrado, puede comenzar el Deportivo a edificar un futuro sostenible. Pero hay que atreverse mucho.

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