Golear desde la defensa

2 septiembre


Juan L. Cudeiro

No es recomendable ir a la guerra de la Segunda División armado con una cuchara. Se trata de una categoría en la que en dos de las tres últimas temporadas cayeron al descenso equipos que aterrizaban desde el escalón superior como Tenerife y Racing; de una batalla, como la actual, en la que Zaragoza, Mallorca y Las Palmas no han conseguido ganar después de tres jornadas. Es un entorno que no admite dudas, que premia al colectivo, a los equipos engrasados porque, al margen de lo que sucedió con el Deportivo hace dos años, no proliferan los combos con individualidades que marquen sustanciales diferencias. Por eso los equipos bien trabajados suelen caminar con ventaja. “La solidez es una premisa”, sentencia Fernando Vázquez.

Superada una pretemporada en la que el calificativo “atípica” suena hasta generoso, las primeras evidencias apuntan a que en el Deportivo a pie de césped se ha trabajado en la dirección correcta a pie de césped. Vale el dato de que en tres partidos tan sólo ha encajado un gol, pero sobre todo el de que apenas ha concedido ocasiones a los rivales para marcarlos. Ayer en Sabadell, donde venció 0-3, con dos tantos de Borja Bastón y uno de Arizmendi, el equipo creció con el partido para convertirse en dominador, anotó nada más regresar del descanso y mientras edificaba una balsámica goleada, aderezada con dos disparos al palo, firmó una colosal actuación defensiva: el Sabadell ni siquiera disparó a gol en toda la segunda parte.

Defender bien no siempre tiene que ver tanto con la solvencia de los zagueros como con el esfuerzo grupal. Hace veinte años Paco Liaño ganó sobrado un Trofeo Zamora en un campeonato en el que apenas le chutaron. Hay detalles en Vázquez que remiten a Arsenio, uno de ellos esa querencia por los entramados bien definidos. Todo empieza de atrás hacia adelante y esa idea pocos la defienden en el fútbol español como el Lugo. En el escalafón de equipos acoplados está entre los primeros. Tantos años acostumbrado a renovar la caseta al margen de que los resultados precedentes fueran mejorables o excepcionales, Carlos Mouriz y Quique Setién han agregado piezas a una idea y debe sobrarles para someter a equipos del fondo de la tabla, como demostraron ante el Jaén, al que superaron por 4-2, con dos goles de Rennella, uno de Seoane y otro de Pablo Sánchez. No es sencillo subir escalones cuando no sobran cheques que firmar ni se acepta como admisible invertir recursos que no existen, pero el Lugo tiene pinta de haber dado un paso más. Hace una semana en Barcelona no había merecido caer ante un filial al que le resultó más sencillo someter esta última jornada al Zaragoza.

Sentadas las bases puede llamarse al talento. Tampoco hace falta nada excepcional porque subyace la impresión de que no sobra en la categoría. Por eso el Lugo golea y se gusta con un puñado de futbolistas a los que no hace mucho tiempo atrás les dijeron que no valían para Segunda División. Por eso si al esfuerzo se le agrega talento es sencillo dominar como lo hicieron ayer en Sabadell Juan Domínguez, Culio o Rudy. O Borja Bastón, hijo de aquel bigotón portero ochentero, nacido en Marín, que acabó haciendo carrera en el Burgos. Su perfil encaja en el del meritorio que con apenas 21 años busca redención tras apuntar a la cima (fue Bota de Oro en el Mundial sub 17, por delante de talentos como el realista Haris Seferovic o el mismísimo Mario Götze, y campeón de Europa sub-19) y caer a la sima con una grave lesión de rodilla que frenó su progresión en el Atlético. Su primer gol como deportivista remitió con su autopase y su colocado remate abajo, lamiendo el palo, al mejor Diego Tristán. A veces el futbolero es esclavo del recuerdo, pero también amo del presente.

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