Juventud, oficio y laterales

11 noviembre


Juan L. Cudeiro

Ni desde dentro terminan de verlo claro –“no pensábamos estar tan arriba”, confesó la semana pasada el meta Lux, uno de los líderes del vestuario-, pero ahí está el Deportivo trece jornadas después de empezar una Liga que a punto estuvo de no jugar: segundo, en puesto de ascenso y a tres puntos del Recreativo, el líder al que derrotó ayer en su feudo (0-1) y al que apenas consintió unas leves cosquillas. También a estas alturas cualquier debate sobre lo que ofrece la categoría y el propio Deportivo resulta accesorio. Hay lo que hay y se trata de exprimirlo y competir para lograr como premio el ascenso más perentorio de la historia del club. Emergen las carencias, pero también las bondades y queda claro que ni siquiera el equipo que hasta ahora semejaba dominador de la categoría es superior a un Deportivo que sigue en obras para encontrar fluidez en el juego de ataque, que experimenta hasta con cuatro laterales en el once, una solución que entronca con un recuerdo cada vez más añejo, el de la Eurocopa de 1984 cuando Miguel Muñoz agrupaba en un equipo a Urkiaga, Julio Alberto, Camacho y Gordillo. Entonces eran tres los zurdos. Ahora Vázquez juega con tres diestros, pero sobre todo refuerza una identidad forjada en la solidez y en el esfuerzo. También en el oficio que le confieren, dentro y fuera del campo, pilares como Marchena, Manuel Pablo o el propio Lux. Suficiente para haber caído tan sólo en uno de los últimos ocho encuentros, por más que el propio técnico reconozca y asuma que, aun en la victoria, le falta fútbol.

Con todo, el rendimiento en Huelva fue aceptable. El equipo jamás se rompió y fue a más hasta el punto de que obligó a que el rival, que busca el fútbol combinativo, acabara entregado al pelotazo. Conseguir mudar las señas de identidad de un oponente no es poca cosa. Y en Huelva la sensación de control y de dominio fue tal que por momentos pareció que había jugadores del equipo local que se dirigían a Marchena, que no dejaba de aconsejarles y reconvenirles, llamándole Don Carlos. A estas alturas dudar de los veteranos es tirarse a un río sin agua. Su rendimiento puede flaquear, nunca su carisma. Si los jóvenes acompañan disponen de la mejor guía. Y ayer los chicos que Vázquez y la ausencia de parné han promocionado al primer equipo dieron un buen paso adelante. Lo hizo una vez más Insua, autor de un nuevo gol en el segundo palo como si fuese un sosías de Colotto, pero lo hizo, sobre todo, el delantero Luis Fernández, infatigable como acostumbra y por fin acertado en su relación con la pelota. Tras el gol que logró en las postrimerías del partido anterior ante el Real Madrid Castilla declaró que llegó a sentir ansiedad por no ver puerta. Lo dijo un chico que hace medio año tenía por mayor cota deportiva la Tercera División y que apenas disfruta de una media de quince minutos por partido. Pero la exigencia es algo personal y debería ser también intransferible. Liberado de ese supuesto yugo, Luis aportó una estimable cuota a un equipo que precisaba un delantero con movilidad, alguien que cayera a las bandas o a mediocampo, que tocara y se fuera, que sacase al equipo de atrás. Poco de eso hizo Borja Bastón en los últimos partidos y Vázquez le ha dado un toque con una ración de banquillo que recuerda a propios y extraños que por paradójico que parezca el trabajo de un delantero no sólo consiste en empujar el balón a la red, y más cuando tampoco sale a gol por partido.

Bastón puede mirarse en Juan Carlos, al que la semana pasada Vázquez le dio el palo (lo dejó en la grada) y ayer la zanahoria (titular tras una dolencia cervical de última hora de Juan Domínguez). Su rendimiento no tuvo nada que ver con el del jugador ausente e irrelevante de sus últimas actuaciones. A la postre con poco basta, con tener un poco de presencia de medio campo para arriba le alcanza al Deportivo para imponerse y mirar a sus rivales desde puestos de ascenso. Inaccesible como es en la retaguardia le bastan los mismos goles (doce en trece partidos) que al penúltimo, el Hércules, para estar en sus antípodas. En ese solidez, ese oficio y en ese reprís ofensivo se encierra seguramente la clave del ascenso. También en tener una idea clara. El Deportivo sabe a que juega, también el Recre, el Numancia del solvente Anquela o el Lugo, que sin tanto potencial mantiene el paso y sólo flaquea cuando su libreto deriva hacia la horizontalidad. Ese peligro ya le condenó en anteriores pasajes de otras temporadas: en ocasiones la querencia por la posesión deriva en la ausencia de decisiones arriesgadas sobre el césped. Algo de eso le ocurrió contra el Murcia, que se pudo llevar los puntos del Ángel Carro si no llega a mediar una postrera aparición en el área de Carlos Pita, posiblemente el mejor centrocampista de la categoría durante el primer trimestre de competición.

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