Los mimbres del Deportivo

La Liga deportivista avanza hacia la taquicardia entre el desplome del equipo e incluso del estadio, al menos de su techumbre. Quedamos a la espera de que unos y otros sustancien análisis, informes, contrainformes, de que sea el momento o de que “lle dean unha volta”. Así que mientras los que manejan toda la información se deciden a exponerla habrá que escribir de fútbol, que además es algo sobre lo que cualquier opinador puede dar el pego. Con 37 puntos, nueve sobre el descenso, un partido ganado durante los últimos cuatro meses y la sensación de que el pequeño paso que resta para asegurar la salvación es como correr una maratón, cabe preguntarse si el Deportivo dispone de mimbres para ofrecer unas mejores prestaciones que las actuales o tanto sufrimiento es inevitable.
El fútbol a lo largo de diez meses por fuerza plantea problemas. La capacidad para responder ante ellos ayuda a minimizarlos y tanto los recursos económicos como el talento son buenas herramientas. El primer palo en la rueda blanquiazul se puso cuando Fabricio se dañó una rodilla en pretemporada. El diagnóstico medico generó una duda durante varios días justo al cierre de mercado, un momento crítico. En un tiempo no tan lejano la solución hubiera sido sencilla, que para eso un tipo como como Kouba podía ser tercer portero del Deportivo. Pero ahora el tope salarial exige contención, Fabricio debe seguir cobrando su salario y el remanente no es ilimitado para atender casos excepcionales. Manu y Pletikosa lo son. El croata, el futbolista con mejor currículum de la plantilla, llegó cuando el técnico solicitó que en el mercado invernal se reforzase ese puesto. En la dirección deportiva de los bares y las redes sociales el abanico de opciones es ilimitado, pero en el de los despachos el catálogo de porteros disponibles en ese tramo de la temporada es limitado, que debe afrontar la resolución del campeonato con el tercer y el cuarto portero de su escalafón.
Una mirada al resto de refuerzos llegados al club en verano indica que el trabajo estival estuvo mejor resuelto que un año atrás. Influye en esa captación la sensación entre futbolistas y representantes de que A Coruña ya no debía ser una opción final porque las posibilidades de sufrir impagos eran elevadas. Esa sospecha, también el hecho de que hubiese líneas cerradas con bastantes agentes que tuvieron que volverse a abrir, castigó al Deportivo en su último regreso a Primera División. Pero el pasado verano y, aún con el segundo tope más bajo de la categoría, donde estaba Wilk llegó Mosquera, Fariña dejó paso a Luis Alberto, Canella a Navarro y llegó Arribas para dar tiempo a que Insua creciese con la primera cesión productiva del club en mucho tiempo. Once futbolistas de la actual plantilla no estaban en ella hace un año, detalle que ayuda a maximizar las opciones de error. A estas alturas ya se puede apuntar que de futbolistas como Jonás, Cani o Jonathan se esperaba más, que la participación de Oriol Riera no ha pasado de testimonial y la de Fede Cartabia de irregular. Todos son futbolistas de ataque. El planteamiento de aprovechar la ventana de fichajes de mitad de temporada para mejorar esa faceta era adecuado. Ya se hizo en el pasado con Manteca, Abreu, Javito o Pepe Sand. El club apuntó a Lucas Vázquez incluso con idea de futuro, no con un planteamiento de refuerzo puntual, pero justo entonces se le abrió un espacio en el Real Madrid que parecía cerrado.
Parece complicado rebatir que un buen número de futbolistas de cariz ofensivo han rendido por debajo de las expectativas, pero el equipo vio portería en 25 de 32 partidos que ha disputado y suma 41 goles, más de los que llevan nueve equipos del campeonato. Lucas Pérez ha marcado 16 y a ellos agrega siete pases de gol, lo que revela que puestos a gastar lo poco que se tiene y más allá de la paradoja de tener que pagar un traspaso a un club griego por un jugador coruñés que pasó de largo durante años ante el radar del club, el millón y medio de euros que se abonó por él está más que amortizado. Al Deportivo le funciona el rematador, pero en esa eclosión no ha encontrado la manera de integrar a sus otros delanteros puros, por más que el 4–4–2 con Jonathan al lado de Lucas haya dejado buenas impresiones cuando se expuso, también en los instantes finales el lunes pasado contra Las Palmas. Pocas dudas caben con la aportación de Luis Alberto, un foco de luz futbolística en un equipo tantas veces plano.
El mediocampo ha ido a menos y con su deriva se ha caído el equipo, no solo en la fase ofensiva. Mosquera y Fayçal ejemplifican ese bajón, pero quizás sea ahí donde se evidencian, cuando deja de interpretarse bien o el rival lo contrarresta, las limitaciones de un estilo en el que la medular aporta más en la segunda jugada que en la primera, detalle que lastra a talentos como el de Juan Domínguez, que precisa circulación para lucir. Borges es referencia en ese rol, siempre pendiente la duda de que su aportación al equipo crecería aún más si el balón pasara más por sus pies. Y es irreprochable el papel en todos los sentidos de Álex Bergantiños, que sumó cuando no era titular, cumplió con creces cuando debió jugar en una posición que no se adapta del todo a sus características, por delante de Mosquera, y no ha dicho una palabra más alta que otra de regreso al banquillo. Demuestra que desde el silencio también se pueda dar ejemplo. Pero incluso, con bastante más estruendo, pocos han mejorado el rendimiento de Luisinho como interior izquierdo.
Los dos centrales titulares son magníficos, titulares indiscutibles han ido de más a menos y la contundencia de un delantero excepcional dio vuelo a una idea futbolística que se basa en reducir espacios, recuperar y buscar la espalda del rival. La estrategia ha dañado más en contra que lo que dio a favor. La gestión inicial de la plantilla ayudó a dosificar esfuerzos y repartir ilusiones. El Deportivo obtuvo su mejor rendimiento cuando pudo ser directo, cuando tras recuperación no se vio abocado a elaborar, cuando fue más de respuesta que de propuesta, entregado a su pegada y que a no permitir opciones al rival gracias a un magnífico esfuerzo colectivo de ayudas. Si resultaba un equipo feo de ver es cuestión de gustos. Al fútbol se puede jugar y ganar de maneras que pueden ser antagónicas. Y disfrutar de todas ellas desde la grada. Cuando el equipo supo interpretar el frenesí que le proponía su técnico y tuvo piernas frescas obtuvo rendimiento y resultado, cuando bajó el punto físico se convirtió en abordable atrás e irrelevante hasta el pestiño en el ataque posicional. Semeja que hay mimbres para jugar a algo más, a un fútbol más combinativo y con más hombres en campo contrario, pero no se ha conseguido evolucionar hacia ahí. Ahora ya solo es tiempo de resolver.
