Sol y ética en el Deportivo
11-febrero-2016. DXT Campeón

Mes y medio después de su última victoria el Deportivo no deja de brillar y así se encargó de recordarlo Luis Rubiales durante una reciente visita a Abegondo. Los líderes sindicales no acostumbran a andarse con fruslerías, pero éste decidió compartir su felicidad porque, aunque tibio, calienta el solete y da gustillo cuando se viene de un duro invierno. Rubiales aludió a pasados sufrimientos y habló de una “situación idílica”. A veces tienen que venir de fuera para poner a uno en su sitio. Si se valora lo futbolístico no hay dudas: el Deportivo ahora no gana, pero jugó 23 partidos de liga y sólo dejó de competir en uno. Quizás ese sea el mejor termómetro para medir el futuro.
Nada es matemático en el fútbol, pero poco de lo que depara es casual. Luce el sol, tal y como recalca Rubiales, porque el club ha logrado estabilizarse y generar confianza entre todos los actores con los que tiene relación. Justo hoy se cumplen tres años de la llegada de Fernando Vázquez a un club enfocado entonces hacia un segundo descenso de categoría, en proceso concursal y con un vestuario lleno de jugadores de paso que sufrían impagos y con un entrenador a la fuga. Cuando ahora el presidente de la AFE alude a que aquí se encuentra poco menos que una arcadia hay que ponderar el escenario actual con la continuidad en Primera en la mano justo cuando estar entre los grandes significa sentarse a la mesa de un cuantioso reparto televisivo, con el pago de la deuda encarrilado tras llegar a acuerdos con los principales acreedores y una masa social de 26.000 abonados.
Y aún así es inevitable pedir más, seguramente porque la autoexigencia es la mayor y la mejor de las demandas que uno se puede hacer. Por eso duele tanto empate, porque sientes que el equipo es más que el Sporting, el Rayo o el Valencia. Porque se ha ido a más y donde antes jugaban Cuenca y Fariña ahora lo hacen Luis Alberto o Fayçal, en lugar de Canella está Navarro y en vez de Borja López o Diakité evoluciona Arribas. Porque, en definitiva, tu mediocentro desecha una oferta de un equipo que con lo que se gastó el último verano hubiera pagado la juerga que nos corrimos durante un cuarto de siglo. Luce el sol, pero queremos más y que el equipo mantenga su solidez defensiva sin que por ello dejen de brotar soluciones en ataque que no lo conviertan en previsible.
Es legítimo y hasta exigible buscar objetivos mayores, pero tres años después ni a Rubiales ni a quien efectúe una evaluación que no parta de interéses espurios se le oculta que se ha hecho un buen trabajo. Tiene que ver con bastantes futbolistas, con la heróica labor de Vázquez para extraer rendimiento de un colectivo que veinte días antes de empezar la campaña del ascenso estaba en huelga para poder cobrar su dinero, con el poco valorado esfuerzo de Víctor Fernández para mantener fuera del descenso a un plantel pleno de limitaciones y, obviamente, con la dedicación del actual staff técnico. En tres años la entidad se ha levantado de la mano de una afición madura que en su día ejerció libremente la fuerza del capitalismo popular para determinar un cambio necesario sin que implicase que el club se traspasara a postizos deportivistas.
En ese recuerdo de cómo se ha disipado la borrasca es justo también valorar algunas maniobras promovidas por Lendoiro, siempre en el alambre, para evitar un cierre que algunos que estuvieron cerca de él apuntaban como salida al embrollo. Rubiales las conoce bien. Por eso, en el balance de actuaciones de unos y otros, descorazona que se cometan errores en detalles evitables como el de mantener una inútil llama que enciende a gente sin dictado en el deportivismo movida por el afán de emborronar. O que el club, ejemplar en tantas cosas pero todavía novato en el manejo de algún resorte, se enrede en polémicas como la que le ha generado no haber exhibido bajo todo tipo de focos algo de lo que debería enorgullecerse: ser el primero en España en pautar un código ético y unos protocolos de comportamiento basados en la integridad y el rigor.
En su día el Deportivo convocó una rueda de prensa en la que pretendió algo tan surrealista como presentar algo que no quería mostrar, una invitación, como se ha revelado con el tiempo, a las malas interpretaciones en aspectos como los que tienen que ver con las relaciones de sus integrantes con los medios. Designar a unas personas responsables para que organicen todas las declaraciones públicas que emanan del club no solo es lo aconsejable sino que es lo que sucede, con mayor o menor tino, desde hace veinte años; vigilar y prohibir que desde la entidad emanen palabras que atenten al honor de terceros, sean vejatorias, intolerantes, falsas o que revelen contenidos estratégicos no tendría que ser ni materia de discusión. Evitar que tus fortalezas se conviertan en problemas debería ser obligatorio. O al menos aprender de ello cuando no lo consigues.
LA CAVERNA
Una historia por escribir
No hace mucho los clubs más poderosos decidieron que la publicidad y la fuerza de su influencia les otorgaban más beneficios que la información, sobre todo si no la controlaban de principio a fin. Blindaron entonces a los protagonistas y los alejaron de los medios de comunicación. Algunos como los audiovisuales encontraron sucedáneos y se percataron de que la tertulia no sólo es un recurso fácil y barato sino que suscita curiosidad y controversia, valores importantes para captar atención. El género llegó, por esas cosas del mimetismo, a provincias donde también por idéntico motivo vallas y lonas alejan cada vez más de la gente a los verdaderos protagonistas y se le da voz a la opinión de cualquiera. Incluso, como puede apreciar el lector, a los periodistas.
Todavía hay algunos que aportan un valor diferencial. Cada martes por la tarde se juntan Moncho Viña y Rubén Ventureira en Radio Marca. Me interesan sus opiniones sobre la actualidad del Deportivo, pero hasta podría prescindir de ellas. Lo que no puedo es apagar la radio cuando rebobinan, ejercitan su vasta memoria blanquiazul y ayudan a que quienes escuchamos también realicemos esa sana gimnasia. Pocos como Viña para nutrirnos de vivencias, pero hay una historia del Deportivo por escribir y solo la puede firmar Rubén Ventureira.