Y esa es la realidad

22 diciembre


Juan L. Cudeiro

Cuando algo le altera y precisa recalcar alguna idea, Augusto César Lendoiro suele recurrir a una muletilla con la que pretende, al tiempo, aclarar y zanjar. “Y esa es la realidad”, sentencia. Si la ocasión lo merece, apostilla y enfatiza: “¡La auténtica realidad!”. La realidad del Deportivo semeja irreal. Una mayoría accionarial acaba de rechazar las cuentas presentadas por su Consejo de Administración, ha reprobado su gestión y negado el presupuesto de la temporada en curso en una junta de la que los administradores concursales de la sociedad se ausentaron por considerar que estaba “viciada de nulidad” debido a que las cuentas del club no se habían presentaron en tiempo y forma. En todo caso los auditores, nombrados por un juez, alertaban en ellas que no expresaban “la imagen fiel” del patrimonio y la situación financiera de la entidad. Y apuntaban algo aún más inquietante: el Deportivo incurría a día 30 de junio en causa de disolución.

Inmerso en su realidad, Lendoiro sufrió un varapalo en la asamblea anual de accionistas porque el aspirante con mayores apoyos para sucederle, Constantino Fernández, le superó de manera nítida en el número de acciones delegadas para una reunión histórica porque jamás la atomizada propiedad del Deportivo, con más de 20.000 posedores de títulos, estuvo tan representado (más del 44%). Tras casi dos meses intentando añadir al orden del día la posibilidad de ejercer el derecho, reconocido por la Ley de Sociedades de Capital, a confirmar o separar del poder a Lendoiro, Fernández se presentó el pasado viernes con la fuerza de un tercio de los accionistas para plantear esa opción, contemplada en el artículo 223 de esa misma ley. El asesor jurídico del club y, a la postre, el propio Lendoiro, al comando de la Junta, evitaron el trance argumentando que ya estaba prevista otra convocatoria el día 21 de enero (jamás en los últimos años se habían disociado) para elegir un nuevo Consejo, así que será ahora un juez quien determine si fue una decisión adecuada a derecho. Mientras tanto, se acerca el 10 de enero, la fecha prevista para rubricar el convenio de acreedores de una entidad que debe más de 160 millones de euros y para la que Lendoiro promueve una quita que no supera el 33% y evita, justo con ese porcentaje límite, la apertura por parte de un juzgado mercantil de una pieza de calificación sobre su gestión que pudiera acarrear incluso consecuencias penales o económicas, detalle que no es baladí si se considera que Vicenç Grande y Javier Martí, ex consejeros delegados del Mallorca, acaban de ser condenados a devolver 6 millones de euros al considerar la Justicia que realizaron una gestión gravosa para la sociedad anónima deportiva que dirigían.

Camino de los 69 años de edad y tras 53 al frente de entidades deportivas (25 de ellos en el estandarte del fútbol coruñés), pocas dudas caben sobre Augusto César Lendoiro: su obra se antoja irrepetible. Cuando en 1988 llegó a la presidencia del Deportivo, el club apenas había pasado 21 temporadas en Primera. Hoy suma 42. Por el camino ha acumulado seis titulos y, sobre todo, ha pasado de burgués a noble tras ganar una Liga y convertirse en el noveno equipo en conseguir ese hito. Jugó y ganó en los más granados escenarios del continente y llevó el nombre de A Coruña por el mundo como ni la más costosa y continuada campaña publicitaria imaginable lo hubiera conseguido. La epopeya del Deportivo y de Lendoiro al frente benefició a mucha gente de su entorno, a numerosos sectores profesionales, incluido el periodístico. Se hablaba de fútbol y no de gestión, fluía el crédito y muchos lo disfrutaron. Lo hicieron incluso fuera de Galicia, donde se despertó una nutrida corriente de simpatía hacia ese David que desafiaba todas las convenciones. Ahora Lendoiro se debate entre explicaciones que desafían tanto a la lógica como a la hemeroteca. Apunta que los impagos se dispararon al salir el equipo de Europa, primero, y bajar de categoría liguera después, pero hace cinco años reconocía que la deuda era un peaje por ganar y escuchar el himno de la Champions en Riazor. Así, llegó a confesar que en 2002, poco después del Centenariazo del Bernabéu, ascendía de 178 millones de euros. Y en pleno cénit del equipo, dias antes de la semifinal contra el Oporto presentó una, a la postre fallida, ampliación de capital de 60 millones de euros bajo el lema “Los milagros los tenemos que hacer entre todos”. Entonces pocos se privaban de disfrutar de la fiesta que había montado Lendoiro. Sobran los dedos de una mano para señalar a quienes se ocuparon de enmendarle que embarcara al club en aventuras empresariales que poco tenían que ver con la pelota o porque diera trabajo a amigos y familiares. Todo se validó hasta que la deuda dejó de ser una cifra y, sobre todo, mientras no llegaron los embargos. Todos brindaron en aquellos días, también quienes aspiran a sucederle. Tino Fernández es uno de los principales accionistas del club (apenas supera el 1% de títulos) y dio su soporte hasta este ejercicio a la labor del veterano dirigente; el abogado Germán Rodríguez Conchado, otro candidato, fue asesor jurídico e incluso consejero de Lendoiro.

El mismo presidente al que en su día sus hagiógrafos llamaron “gran gestor” juega la baza de la historia, pero lo que dilucida ahora el centenario Deportivo es un futuro del que los acreedores tienen la llave. Con el principal (la Agencia Tributaria) Lendoiro ha sido incapaz de llegar a un acuerdo desde que al entrar en preconcurso en noviembre de 2012 anunció que era imperativo lograrlo. Nadie en Riazor se lo ha reprochado, no hay ni pancartas, ni gritos, ni silbidos. Sin escándalos ni extemporáneos reproches esos deportivistas que gozaron con un sueño inimaginable hablan ahora delegando acciones con su firma. Quizás lo más honesto sea respetarla.

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