A la vanguardia de la democracia ilustrada
Porque no es necesaria una nueva transición.
Este domingo, los españoles estamos llamados a unas nuevas elecciones, que aunque para algunos pueda resultar una novedad, esto es algo a lo que nuestra historia está más que acostumbrada. Pero si bien es cierto, que estas elecciones son una clara oportunidad para que los ciudadanos demuestren lo que son y propicien un verdadero cambio en nuestro país.
Hasta aquí, el lector habrá comprobado, que ese párrafo (o parte del mismo) está configurado por palabras que repiten una y otra vez los representantes de TODOS los partidos que concurren en estas elecciones. Y es que todos ellos tienen razón, España necesita cambios, y entre ellos el cambio de representantes. España ha demostrado en numerosas ocasiones que su política no está a la altura ni de sus empresas, ni de sus profesionales, y en definitiva, tampoco a la altura de sus ciudadanos.
Los medios de comunicación, uno de los principales componentes de algo que muchos economistas y expertos denominan “jungla”, centran su atención en mayor medida en la “política”, es decir, quien sube o baja en las encuestas o quién gana o pierde el poder, más que centrase en lo verdaderamente importante como son las “políticas”, aquello que se va a poner en marcha con el objetivo de mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos. Pero, ¿están nuestros representantes a la altura de la situación como para comenzar a hacer política con mayúsculas? En parte, el hecho de que los medios de comunicación no desarrollen en mayor profundidad esas “medidas” es porque ni siquiera nuestros políticos lo hacen.
A esta falta de interés también hay que sumarle que tampoco existen procedimientos lo suficientemente efectivos en nuestras instituciones que permitan desarrollar políticas casi perfectas aún disponiendo del conocimiento necesario para llevarlas al cabo. Estas deben realizarse en profundidad: analizando el problema en cuestión, llevando al cabo consultas con expertos, realizando informes de cómo otros países han solucionado problemas similares, buscando métodos de seguimiento y evaluación de dichas políticas… Se recuerda en este caso, como leyes de gran importancia como la reforma del Código Penal (Ley Orgánica 1/2015) aprobada el 30 de marzo se despachó en tan solo cinco horas de trabajo. Y que decir de la reforma fiscal (Ley 26/2014) aprobada el 27 de noviembre, que se “apañó” en menos de cuatro horas en el Parlamento.
¿Qué está ocurriendo? Pues que nuestro país ha mejorado bastante en las últimas décadas, pero a la hora de llevar al cabo una comparación con otros países más avanzados, seguimos todavía teniendo mucho que mejorar en gran parte de los ámbitos. Estas nuevas elecciones no solo sirven para cambiar a los políticos, sirven para cambiar el desarrollo y la puesta en marcha de las distintas políticas.
Seamos sinceros, ¿existe en España algún partido político que haya aportado un programa que permita evaluar si sus políticas son mejores o peores que las de otro? No, los debates se centran en el uso de eslóganes, vídeos promocionales, acusando a los viejos partidos de robar y a los nuevos de no tener experiencia, así es la política española. Un ciudadano formal, preferiría que los representantes de las distintas tendencias políticas, tratasen de convencerle a través de la exposición y argumentación de medidas que a la larga contribuyesen en la mejora de su día a día. Esto es lo que muchas veces nos lleva a preguntarnos, cuál es la concepción que los partidos políticos tienen de los ciudadanos, y más grave aún, qué grado de intelecto piensan que tenemos.
España quizás no necesite una nueva transición, necesita un nuevo periodo de ilustración, en el que el conocimiento se lleve a la práctica a través de nuevos procedimientos destinados a la elaboración de leyes y medidas fortaleciendo nuestro sistema democrático. Esta es la base de todo, ¿por qué a veces se toman desde nuestras instituciones las decisiones menos sensatas? Estamos basando nuestra actividad política en un mero romanticismo, en el que personajes, aparentemente ilustres y heroicos, dominados por las pasiones se alzan a llevar al cabo una carrera política para llegar a lo más alto, pero a la larga, sus actuaciones terminan de un modo funesto. Se ha demostrado que las pasiones y los sentimientos tienen incluso más poder que la razón, somos humanos, pero las leyes hay que aprobarlas desde una perspectiva ilustrada. Por ello el sistema democrático español debe avanzar en esa dirección.
Esta postura, no hace daño a nadie, al contrario beneficia a los partidos políticos. Ya que a través de estos nuevos procedimientos que busquen la elaboración de leyes más especializadas y medidas más efectivas, van a contribuir de forma directa a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, que es en definitiva por lo que los partidos políticos existen. Cabe recordar al lector que aquellos momentos en los que el país ha experimentado un mayor desarrollo, han sido periodos en los que España abría sus puertas al exterior implementando procesos (en este caso impuestos) por organismos internacionales como fue el Plan de Estabilización, los tratados del GATT, los de asociación del mercado común… Pero desgraciadamente o afortunadamente, hay otras políticas no dependen del exterior para elaborarlas, como las leyes de educación, la planificación de las infraestructuras o la regularización de las instituciones laborales. Políticas que deben hacer a aquellos que según dicen o bien nos roban o bien no tienen experiencia.
En deuda intelectualmente con don Miguel Ángel Ordóñez, ex-gobernador del Banco de España.