El lado oscuro de la lista más votada

Con el cronómetro ya llegando a su límite de tiempo para formar un gobierno, aun sigue habiendo en los escaños de nuestro Parlamento representantes que defienden con uñas y dientes que lo más democrático es que gobierne la lista más votada. Añaden, que no nos podemos permitir mantener un gobierno en funciones ya que esta situación perjudica gravemente al desarrollo económico y social de nuestro país, y que por tanto, se debe permitir que gobierne el que ha sido el partido ganador de las elecciones.

Ya adelanto desde un primer momento que no pienso entrar en un debate de datos económicos sobre cuánto y cómo perjudica la inestabilidad política al crecimiento económico de la nación, pues al final, esos datos, estudios y encuestas dicen lo que cada cual quiere oír. Pero sin duda, y esto es algo que no puedo dejar pasar por alto, es que estos días de negociaciones están siendo decisivos para el futuro de nuestro sistema político. Y aunque algunos piensan que lo que están negociando es el próximo gobierno, la realidad es bien distinta, y es que está en juego el progreso o retroceso que España pueda experimentar durante las próximas décadas.

La dificil situación social y económica que provocó la crisis y las medidas austeras que implantó el gobierno ganador de las elecciones en 2011, han favorecido el afloramiento de nuevos partidos que han dado lugar a la verdadera imagen que se espera de una estructura como la que sigue nuestro sistema político, un sistema representacional en el que están permitidos los pactos. Aunque esto parezca algo fuera de lugar para muchos españoles, debemos recordar que el sistema político español persigue desde sus inicios la instauración (mediante el voto directo de los ciudadanos) de gobiernos que sean lo más representativos posibles entre todas las facciones políticas. Pues estimado lector, esa máxima que presenta de serie nuestro sistema político es la que debemos mantener por una serie de razones y no dejar que gobierne la lista más votada.

En primer lugar, como bien adelantó en su día el jurista y político francés Maurice Duverger, el sistema de elección influye de forma directa en los electores y en los partidos. Es decir, si los españoles hubiésemos sabido, que tras las elecciones del 20D iba a gobernar la lista más votada, quizás no hubiesemos votado lo que hemos votado. Quien propone la lista más votada como solución a la incertidumbre política en realidad propone sustituir el actual sistema representacional por uno mayoritario.

No seamos ingenuos, dejar que gobierne la lista más votada tenderá a que los partidos políticos cambien sus estrategias con un único fin, ser el partido más votado, lo que implicaría fusiones de siglas para aumentar las posibilidades de ganar unas elecciones. Esto desembocaría en el conocido sistema o estructura bipartidista, que ignora algo tan fundamental en política como es el pluralismo razonable. En este caso me remito al filósofo Rawls quien en La justicia como equidad señalaba que: “el hecho de que la diversidad de doctrinas comprehensivas razonables es un rasgo permanente de la sociedad democrática”.

Asimismo, esta afirmación se maniefiesta en que el sistema bipartidista trae consigo uno de los mayores males de la democracia de nuestro país: la alternancia de rodillos. Quienes piensan que el hecho de que gobierne la lista más votada (entendiéndose que a esta lista se le debería de otorgar una mayoría parlamentaria para que puediese ejercer como gobierno) es más ventajoso a la larga, puesto que la maquinaria de estado es más eficiente en terminos de aprobación de leyes y puesta en marcha de proyectos, se olvida de que toda esa amalgama de medidas relacionadas con temas tan fundamentales como son la sanidad, el empleo o la educación serán suspendidas y paralizadas en el momento en el que el otro bando tome de nuevo el poder con la máxima de que “debe gobernar la lista más votada”. Si tan efectivo es el sistema bipartidista ¿cómo es que aun en España no tenemos un pacto por la educación? Pues sencillamente porque las leyes no son fruto de un consenso o acuerdo y se van anulando o suspendiendo según quien esté en el gobierno. En definitiva, a la larga, salimos ganando como ciudadanos con un sistema representacional en el que se dialoga y se llevan al cabo acuerdos.

Otro aspecto importante es que olvidamos lo que ocurre más allá de los Pirineos, donde en efecto, la mayoría de los países de la Unión Europea presentan y se rigen por gobiernos de coalición. En concreto, 24 de los 28 países de la UE están actualmente gobernados por coaliciones. Además, como es el caso de Alemania o Italia, esas coaliciones están formadas por partidos con distintas tendencias ideológicas.

¿Qué debemos extrapolar de esto? Pues que en Europa, y en los paises que nos dicen a los españoles lo que tenemos que hacer, el sistema representacional se lleva a la práctica y funciona, y por ello, debemos entender que la cultura de pactos y acuerdos debe implantarse progresivamente en España, ya no solo para formar gobierno, sino para hacer ver que cuando se trata de gobernar y velar por los ciudadanos de nuestro país, nuestros representantes están conformes con dejar a un lado las diferencias (o incluso sus berrinches infantiles) y llegar a pactos y acuerdos por el bien de la nación. Esto último seguro que les suena, porque es precisamente el espíritu de nuestra transición, aquella que tanto recordamos pero que nadie aplica. No confundamos inestabilidad política con el hecho de que se esté intentando llegar a acuerdos, dialogando, escuchando a las minorías… eso es precisamente hacer poítica. Lo que me lleva a concluir que si confundimos esa situación con la pasividad y arrogancia de algunos representantes por no sentarse ni siquiera a escuchar, es precisamente porque llevamos muchos años sin hacer política con mayúsculas. Quizás por eso, nos ha tocado vivir y luego padecer las consecuancias de lo ocurrido estos años atrás.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.