!Hablando claro, que es gerundio!

Fachada del Congreso de los Diputados

Sin duda, admiro el embellecimiento del lenguaje como pocas cosas en este mundo. Me parece fascinante el estudio de las diversas composiciones que los grandes de la literatura universal nos han ido dejando a lo largo de la historia en sus más célebres obras. Destacan muchos, cada uno con su estilo y peculiaridad. El cómo en una “simple” estrofa se pueden tratar gran infinidad de temas y decir tantas cosas de una forma u otra es sin duda digno de destacar. Y más aun cuando son pocos son los que poseen tal maestría del lenguaje.

Sin embargo, considero que hay momentos, situaciones y determinados ámbitos, en los que no se debe buscar ese embellecimiento del lenguaje, sobretodo si es con el objetivo de enmascarar una realidad que dista mucho de lo que aparentemente se aprecia. Me explico. Puede que sea por nuestro riquísimo idioma, pero sucede con frecuencia en el ámbito público, el hecho de NO nombrar las cosas por su nombre. Y es que precisamente, en la actualidad, los nuevos Quevedos, Góngoras y Lopes han pasado a ser los gabinetes de comunicación de las diferentes formaciones políticas.

No puedo abordar este tema desde el punto de vista de un diputado o un presidente, sencillamente porque no lo soy. Lo reconozco, tampoco puedo lanzar una crítica a todos los casos en los que se dan este tipo de situaciones, porque no sabemos hasta que punto puede ser difícil una situación y que grado de dificultad puede tener la explicación de determinados problemas y contratiempos. Pero sí bien es cierto, y en esto cito al famoso showman Andreu Buenafuente cuando en uno de sus programas dijo: “En España, para otra cosa no, pero para eufemismos políticos somos los cracks”.

Es curioso que nuestros representantes se refieran al decrecimiento de la economía como crecimiento negativo, o a la emigración por parte de los jóvenes desempleados como un impulso aventurero de la juventud. Pero aun es más curioso que al recargo que se hace a las recetas farmacéuticas lo llamen copago o más retórico si cabe ticket moderador sanitario. Y tampoco podemos olvidar la famosa desaceleración transitoria de Zapatero. La subida del IVA llegó incluso a definirse como un recargo de solidaridad y el rescate a la banca de cien mil millones de euros se consideró un préstamo ventajoso.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que me parece increíble que siendo, supuestamente, expertos en comunicación, a muchos de ellos ni siquiera se les entienda cuando salen a dar una explicación. O no saben o no quieren, en cualquier caso, no es así como debe ser. Por eso, de siempre me ha gustado hablar claro, o dicho de otro modo y para que ellos me entiendan, articular sonidos y palabras expresándome y comunicando de una forma exacta y ajustada.