“Los deberes nos impiden ser felices” -Alumnos.

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Ha tardado lo suyo, pero el debate sobre si los niños deben hacer o no deberes en casa ya ha golpeado incluso en los despachos más aislados del Ministerio de Educación. Considero, que siendo estudiante de Bachillerato tengo derecho a aportar mi opinión sobre este tema, aunque al fin y al cabo, probablemente nadie la lea ni la valore.

Llevo más de 15 años siguiendo las pautas que dictaminan la leyes de educación (las distintas por las que he pasado), y puedo afirmar con hastío, que este planteamiento se podría haber hecho años atras. Resulta que para muchos adolescentes, su jornada escolar dura unas ocho horas, y cuando llegan a casa emplean otro amplio periodo de tiempo en hacer ejercicios, trabajos y estudiar. Ese periodo de tiempo aumenta con los años y provoca que los alumnos tengan renunciar a los que deberían ser sus verdaderos deberes.

Para explicarme respecto a esto último, he de explicar al lector algo a lo que yo llamo la Teoría de las Tres Vidas. Cada uno de nosotros, tiene tres vidas que debe disfrutar, construir y compaginar cada día: nuestra vida profesional –ya sea trabajo, colegio o universidad-, la vida personal –que incumbe los ratos libres dedicados al ocio y al descanso-, y finalmente la vida politicosocial –parte de nuestro tiempo que debemos dedicar a informarnos sobre el estado de nuestra sociedad y ser conscientes de los problemas y preocupaciones que presenta nuestro entorno para, a ser posible, hacer algo al respecto-. Desde que tenemos uso de razón, esas tres vidas deben comenzar a fraguarse simultáneamente, una con la ayuda de la otra.

La educación Española, en la actualidad, ha demostrado que es “experta” en una, pero que falla drásticamente en las otras dos. Como los controladores aéreos españoles o como nuestros ingenieros hay pocos en el mundo, luego el sistema permite (aunque sea el acceso) a una vida profesional plena a través de una buena formación. Pero nuestros alumnos cuando salen del colegio ni saben como funciona el país en el que viven, ni tienen algo ya olvidado que se conoce como curiosidad intelectual. Es decir, el sistema no permite que nos formemos como “personas” ni como “ciudadanos”.

El trabajo, cada cual en su ámbito, es una parte fundamental para sentirnos realizados por dentro. No obstante, si las otras “vidas” no se desarrollan junto con esta, raramente nos sentiremos realizados o felices con nosotros mismos.

Retomando el tema de los deberes, que es el aspecto que estamos tratando, en el caso de los estudiantes, las tardes DEBEN emplearse para leer, salir a hacer deporte, pasara un rato con la familia, descansar, ver las noticias y estar informado, realizar actividades de voluntariado… Porque esto, estimados defensores del sistema tradicional, también son DEBERES, que como personas debemos llevar al cabo junto con nuestras responsabilidades profesionales. Cumplir con estos otros deberes es imposible con jornadas de trabajo que superan las ocho horas.

La solución a la mayoría de los problemas que tiene nuestro país pasa por tener un pueblo formado, realizado y comprometido con la sociedad. Hoy en día, solo está formado –a través de un sistema basado en la repetición sistemática de procedimientos de asimilacion de contenidos que tendrán más valor o menos valor en función de si la Comunidad Autónoma a la que perteneces incluye dichos contenidos en un examen de hora y media-. Ese procedimiento obsoleto y sistemático, puede funcionar a la larga, pero anula por completo nuestra vida personal y politicosocial, lo que se traduce en una sociedad que no sabe desenvolverse en tiempos de cambios y marcados por las dificultades, es decir, crea una sociedad inútil en ámbitos que son de suma importancia.

Lo curioso, es que esta teoría inventada, puede evidenciarse con datos concretos. Debemos recordar que en España, la tasa de fracaso escolar ronda el 21%, luego el sistema es mejorable en muchos aspectos. Asimismo, encontramos un 22,7% de paro, provocado no solo por la situación económica sino también por la falta de cultura emprendedora. Estos datos son ya motivo suficiente para replantearse un cambio de la filosofía educativa hacia un plan definitivo.

Por tanto, como deberes que son las otras muchas actividades que he mencionado anteriormente, las tardes de los alumnos españoles deben emplearse para construir esas otras dos “vidas” de las que hemos estado hablando. Tener desarrollado a pleno rendimiento nuestra vida profesional, personal y politicosocial, nos configuraría como personas realizadas, satisfechos con nosotros mismos y algo más felices.