Don Erre que Erre, Rajoy sin enmienda

Rajoy acaba de demostrar, un vez más, su coherencia, y eso debiera bastar para convencer a todo el mundo de que no es ni capaz ni digno de presidir otro gobierno en España. Si escucháramos en serio a Rajoy tendríamos que concluir dos cosas: que la democracia es un lío innecesario, puesto que la supuesta necesidad es la que le lleva a justificar todas sus demandas, y que la corrupción del PP le es completamente ajena, aparte de haber quedado ya todo resuelto. Lo tremendo de nuestra situación es que con esos bagajes se pueda conseguir una investidura. No ha hablado ni por un momento la más ligera alusión a responsabilidades, errores u omisiones, aparte de que sigue hablando como si sus dos “victorias” hubieran servido para recuperar el voto del PP en toda su dimensión, lo que es otra mentira estúpida.

No sé lo que pasará, no sé si cuenta con algún voto oculto, pero me parece que no tiene derecho a identificar su no investidura con la inevitable convocatoria de terceras elecciones, entre otras cosas porque bastaría con que, patriótica y desinteresadamente, diese un paso al lado, para evitarlo, pero eso, según él sin egoísmo alguno, no parece entrar en sus cálculos y, lamentablemente, tampoco parece contar para ninguno de sus secuaces en el Congreso, aunque ya veremos. El caso es que intenta una investidura para la que no parece tener votos suficientes, pese a la ligereza incomprensible e imperdonable de Ciudadanos al avalar su continuidad a cambio de cuatro titulares de la prensa servil, y que pretende que el sistema entero colapse si él no consigue lo suyo. Pero el hecho es que a partir del fracaso de Rajoy se abrirán dos meses en que sí caben otras soluciones, y hay que esperar que se puedan poner en marcha, que Don Erre que Erre no sea capaz de evitarlo dando la sensación de que la culpa es de otros.

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