El buen mafioso

Como muy bien ha explicado Jesús Cacho, escandalizarse porque el Estado emplee todos los medios a su alcance para impedir el éxito de quienes atentan contra la unidad y las reglas del juego, es perfectamente hipócrita. Lo que no es razonable es que esas tareas se le encomienden a una especie de mafioso benéfico y un poco incompetente como está resultando ser Jorge Fernández, un tipo que pasó por Barcelona hace cuarenta años y decidió quedarse a ver qué pasaba, y no pasó mucho hasta que hicieron presidente a un amiguete que le compró las males artes, por supuesto para buenos fines. Le piden la dimisión por intrigar, pero por lo que debería irse de España es por ser tan incompetente como para que le hagan una grabación ilegal en su despacho y no se entere. ¡Qué perla de ministro!, recuerda a aquel legendario responsable de marina que pretendía que los barcos no estuvieran en el agua para no estropearse, un verdadero incompetente, seguramente lleno de buenas intenciones, pero esa mezcla es tan explosiva que nunca debiera intentarse, ni siquiera con un amiguete.

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