Las dos Aes de Aznar
Aznar ha tenido siempre un papel difícil en relación con las políticas de su sucesor, especialmente desde el momento en que advirtió que Rajoy se estaba desviando gravemente del papel lógico que debiera desempeñar el PP. Es normal que haya sido extremadamente prudente en la crítica, aunque siempre claro, porque, al fin y al cabo, fue Aznar quien designó a Rajoy para estar al frente del PP, y ya se sabe que quien se pone al frente de un partido en España suele tener una posición casi inexpugnable, haga lo que haga.
Pero, en esta etapa, Aznar ha sabido poner siempre por delante de los intereses particulares y coyunturales los intereses generales, y no ha dudado en advertir sobre los riesgos de la política de Rajoy, intentando minimizar, seguramente lo que ha sido el último, pero no el menor, de sus errores, no aprovechar la coyuntura favorable con la que se encontraba en la segunda legislatura para abrir el PP a procedimientos democráticos internos, para consolidar un gran partido de masas verdaderamente útil a sus electores, a todos los españoles. Al preferir a Rajoy por conservadurismo y falta de visión, no supo ver las oportunidades que se le podían abrir al PP y los riesgos que traería consigo el no abrirlo a la sociedad, no modernizarlo.
Ahora trata de alertar y alentar, como acaba de decir, pero es seguramente demasiado tarde, aunque, sin duda, cumple con su deber con todos los que algún día le votamos, y no se esconde en la vida puramente privada para eludir las responsabilidades que le caerán encima si, como sucederá de una manera u otra, el PP de Rajoy no consigue formar gobierno y entra en la crisis inaplazable y profunda por la que tendrá que pasar.