Lo que nos pasa

Los diagnósticos sobre lo que nos pasa ocupan el tiempo de muchos españoles y, como es de suponer, hay casi tantos remedios como doctores, es lo que tiene esto de las democracias de masas, y hay que soportarlo con el mejor gesto posible. Añadiré una pequeña reflexión, por si le sirve a alguien para afinar su diagnóstico, lo que será raro, de cualquier manera.

Hay quienes tiran del registro moral para explicarlo todo. Es un viejo recurso y es siempre correcto, porque hay problemas que serán eternos y la estupidez y la maldad no suelen cesar nunca. Lo que ocurre con el diagnóstico es que es equivocado si pretende ser original, y es un truismo si pretende ser profundo, ya que es, si acaso, un apunte de lo que siempre pasa, no de lo que pasa precisamente ahora, ni la razón precisa de que ahora nos pase, pero es claro que admito la opinión ajena, sólo que me parece brumosa y demasiado fácil.

Además, habría que distinguir los planos, y esa supuesta crisis moral es demasiado general para explicar los problemas específicos de los españoles, aunque haya que reconocer que compartimos algunos con muchas otras sociedades, lo que indica que habrá causas comunes, aunque dudo que sean predominantemente morales.

Nuestro fallo más palmario es un fallo de instituciones, en particular de las instituciones que deben sostener un sistema democrático, y eso se nota, más o menos confusamente, por todo el mundo, desde los votantes de UP hasta los liberales más laicos y más capaces de crueldades inimaginables para las almas bellas.

Falla la separación de poderes, que es casi inexistente, lo que impide el control y el equilibrio de ideas e intereses, fallan los partidos, que son incapaces de servir de cauce de participación de la sociedad y no funcionan con un mínimo de respeto al ordenamiento jurídico, al derecho que siempre es algo más y mejor que la legislación positiva, ni operan con un mínimo de transparencia. Falla la administración que está por entero al servicio de los intereses de los que la ocupan y la gobiernan, funcionarios y políticos en amalgama indiscernible. Fallan los medios de comunicación mucho más interesados en defender a los poderes que los sostienen que en defender la verdad de hecho, para lo que hay que trabajar por establecerla, y se preocupan más por promover la figura del periodista estrella de turno que por servir honestamente a los intereses públicos guardando celosamente su independencia. No sigo. Es evidente que tras todo eso hay un problema, o muchos, de carácter moral, pero esos problemas seguirían estando ahí aunque las instituciones funcionaran mejor, porque no hay otra moral que la personal y esa siempre está en juego, pero mientras las instituciones funcionen rematadamente mal habrá que preocuparse de arreglarlas porque eso sí tiene remedio, aunque no sea fácil, como es obvio.

Una pregunta más, ¿por qué las instituciones funcionan tan mal? En primer lugar porque todo tiende a deteriorarse si no existe una voluntad continuada de mantenerlo en tensión hacia el ideal, pero, sobre todo, porque los resultados de ese mal funcionamiento les parecen perfectamente asumibles a muchos, por ejemplo a los millones de votantes del PP, ta vez porque crean que las alternativas pueden ser peores, pero el hecho es que su voto sirve para bendecir todo lo que ocurre. Si además se quejan es porque les gusta, pero eso está muy cerca de un vicio al que los clásicos han llamado siempre hipocresía.

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