Manos sucias

La detención de líder del autodenominado sindicato Manos Limpias, y del presidente de una asociación supuestamente destinada a defendernos de la Banca, que, al parecer, era su jefe en el entramado de extorsión que se les atribuye pone de manifiesto dos cosas. Una que me reconforta, y es la comprobación de algo que siempre he sospechado, que los verdaderos sinvergüenzas no suelen agruparse en sindicatos con ese nombre sino introducirse en instituciones y ambientes de suma respetabilidad, no son tontos. En el caso de ese sindicato, siempre me pareció de un oportunismo demagógico y venal, pero es que soy mal pensado. La otra cosa que se pone de manifiesto, me entristece mucho: que unos individuos hayan podido extorsionar durante años a cientos de personas, empresas e instituciones, sin que nadie haya hecho nada por acabar con ello, pone de manifiesto que la hipocresía es nuestro verdadero vicio, más aún que la envidia, con la que tanto comparte. Naturalmente que todo esto no sería posible sin la clase de Justicia que tenemos, sin que la proporción de sinvergüenzas entre los jueces sea seguramente mayor que la media, en atención al primer principio enunciado. Con este tipo de cosas, no es fácil entender que nos quejemos de los políticos, son casi unos santos.

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