Rajoy desinvistiendo, una exhibición deplorable

La intervención de Rajoy en el debate de investidura de esta mañana me ha parecido deplorable, y más, todavía, que haya tenido cierto éxito entre los incondicionales, lo que demuestra hasta qué punto están perdidos y/o son serviles.

El tono, el estilo y la intención estaban, absolutamente fuera de lugar. A estas alturas no es fácil explicar lo que Rajoy pretende, salvo admitir que sea un absoluto irresponsable. Ha dado una imagen de España y de los electores de su partido que no nos merecemos: no estamos para este tipo de broncas, a ver si se entera que sus desplantes y trémolos de orgullo herido no nos dicen nada, al menos nada bueno sobre él.

Rajoy ha conseguido el milagro de reunir en unidad de acto las miserias más absurdas del PP que ha presidido y destrozado, con la pasividad de tantos. En primer lugar, exhibir una absoluta falta de sensibilidad y de principios políticos, más allá de defender su derecho (¿?) a ser presidente. En segundo lugar, haber ejecutado una política que debiera ser la de un partido socialdemócrata relativamente moderado, y no demasiadamente al día, impropia apropiación que ha servido para socavar las bases políticas y electorales de la derecha, y hacerlo en nombre de la moderación ¡Dios mío!, y del centrismo, al tiempo que maltrataba todas y cada una de las instituciones que ha tocadoinútiles, . Por último, exhibir los peores modales posibles, aquello que hace que muchos españoles detesten a una derecha que confunden con las hornadas de señoritos chuletas que se jalean mutuamente sin pudor alguno: prepotentes, chulescos, insoportables. Rajoy ha llevado a cabo el contradictorio milagro de aunar las tres características, cosa que, innegablemente tiene su mérito, ese tipo de méritos que se reconocen a los que no llegan a más porque no se entrenan.

En fin, me da pena y vergüenza de esta derecha raptada por unos personajes inútiles, altivos y sin principios, y me da mucha pena de que España tenga que pagar los platos rotos de su completa incompetencia política.

En comparación con esta imagen detestable, Rivera me parece un titán, y Sánchez me resulta hasta simpático. Iglesias no, este sujeto responde con mucha facilidad al arquetipo contrario de esa derecha irresponsable y desnortada. Mientras unos dicen que saben hacer los deberes, los otros dicen que ser los buenos de la escena: la política reducida a su máscara más horrible y antipática.